viernes, 6 de enero de 2012

"DRIVE": una obra maestra orgullosa de sus raíces

En una época en la que en televisión no se arriesgaba, un tipo puso toda la carne en el asador para cambiar, radicalmente, el concepto que de las series policíacas existía. Su nombre era Michael Mann. Eran los 80, y la serie, la ya mítica "Corrupción en Miami". Lo que no sabía Mann es que, aparte de insuflar aire fresco a la parrilla televisiva, estaba creando un nuevo estilo, en lo visual y en lo narrativo, cuya modernidad y calado llega hasta hoy. Un modo de hacer que terminó de madurar ya en su faceta como director de cine, convirtiéndose, con filmes maestros como "Heat", en uno de los definitivos referentes del género negro contemporáneo. La escuela creada por el director de "Collateral" es seguida hoy por fortuna por algunos epígonos. Nicolas Winding Refn ha resultado ser uno de los más listos de la clase, y su última cinta, "Drive" lo demuestra. 



Y es que Mann y la década que forjó sus modos de hacer como cineasta, los ochenta, están presentes en "Drive" ya desde esos créditos iniciales en definitorio rosa neón. Y lo están en la conducción nocturna del protagonista por la ciudad, y en la música electrónica de Cliff Martínez, con referentes al experimental Brian Eno, gurú de los sonidos ambient y favorito de Mann. Y en los temas musicales, que bien pudieran haber acompañado a Sonny Crockett en sus escarceos policiales, como lo hicieran canciones mito del tipo "In the Air Tonight" de Phil Collins. 

                                                  Clip con la BSO e imágenes del filme

Pero el autor de "Ladrón" está innegablemente palpable más allá de envoltorios, en la esencia misma de la narración. En esta historia de criminal con código, de principios inalterables que te hacen sobrevivir. En decisiones que se saben malas pero se toman. En este filme de redenciones por un instante, de malas partidas, de azares, de errores sin enmienda. 


Pero "Drive" es más y va más allá del universo Mann. Es un cuento clásico, una fábula urbana, con paladines y princesas que rescatar. Con un caballero con el blasón del escorpión en esa chaqueta que es remedo de armadura y escudo; y que es imagen metafórica de un tipo animal, silencioso, extremadamente hábil, certero y violento, que mata y muere matando. 


Y es un western, en una historia con un extraño, un matrimonio y un niño, como los de "Raíces profundas". Un tipo como el Clint Eastwood de "El jinete pálido". Y también es puro filme noir, con soledades inhabitadas como las de Alain Delon en "El silencio de un hombre". E incluso, más trivialmente hablando, es claro y a la postre una de acción, una suerte de versión cinéfila de los "Transporter" de Jason Stratham. Y es un filme de amor triangular, con un romanticismo supino, heredero de la mismísima "Casablanca", con escenas de una poética tan arrebatadora como el beso único (en todos los sentidos) existente en el filme. 


Y es la historia clásica de un espartano, de un hombre intencionadamente sin nombre (en la cinta solo es el chico, el conductor, el vecino...) Un tipo que huye del pasado, y que no piensa en el futuro. Un individuo que ha hecho del límite un lugar cómodo en el que vivir mientras le viene a buscar la muerte. Y es una historia de violencia, como no podía ser de otro modo, viniendo del realizador de la aún por descubrir "Bronson". Una violencia salvaje, brutal, atávica, emparentada en momentos con Walter Hill o el Tony Scott todavía ochentero de "Revenge" o de la tarantinesca y no menos romántica "Amor a quemarropa". Una violencia hermana de la que otro devoto de Mann, el coreano Na Hong-jin, cultiva expeditiva en "The Yellow Sea", que puede verse además estos días también en nuestras carteleras. 

El realizador holandés dirigiendo a Gosling

Pero todo ello es referencial, no insulso ni insultante plagio. Es homenaje a lo grande, orquestado con la personalidad y el criterio de quien ama una clase de cine, el de géneros con mayúsculas. Tributo puesto en prendedoras imágenes con aliados imprescindibles como la maestra fotografía de Newton Thomas Sigel, autor de trabajos como los de "Sospechosos habituales", "El Secreto de los Hermanos Grimm" o la mas reciente "La Conspiración". Una fotografía a la que el realizador del filme deja ser creativa, reposarse, agarrar en planos largos a los actores y en secuencias modélicas la acción, con unos movimientos a ralentí que harían salivar a mismísimo Sam Peckinpah. 


En tiempos de revivals en el peor de los sentidos. De búsquedas de apuestas a lo seguro, de productos artificiosos que garanticen la taquilla, "Drive" es una mirada atrás, si, pero a contracorriente, por su ausencia de concesiones de su creador que cuenta lo quiere y como quiere, guste o no. Un filme de autor para paladares cinéfilos que hará que Michael Mann sonría de medio lado, asintiendo socarronamente, cuando al final se enciendan las luces. 

By Harry Callahan 

NOTA: 10/10 


ESCUCHA ESTA CRÍTICA CON EXTRAS EN PODCAST CON EXTRAS: https://dl.dropboxusercontent.com/u/224337446/drivecritica.mp3


TÍTULO ORIGINAL: Drive 




TEMA DE RIZ ORTOLANI QUE SUENA EN EL FILME: http://www.youtube.com/watch?v=tg0jOpr1Uhk

SOBRE LA MÚSICA DEL PODCAST: http://www.jamendo.com/es/track/809546
TRAILER Y MATERIAL DE AUDIO DE DRIVE CORTESÍA DE: The Walt Disney Company. Todos los derechos reservados. 

domingo, 1 de enero de 2012

"BREAKING BAD (SERIE TV)": Un cocinero maestro llamado Heisenberg

"El simple aleteo de una mariposa puede cambiar el mundo". Esto es lo que se conoce, precisamente, como efecto mariposa, que dentro de la teoría del caos, hace referencia a que en un determinado sistema caótico, una pequeña perturbación, puede generar un efecto considerablemente grande a mediano o corto plazo. 

Esta es la premisa básica de la que parte “Breaking Bad”, al contarnos el accidentado descenso a los infiernos de Walter White, un profesor de instituto de mediana edad, cuya existencia no pasa precisamente por el mejor de los momentos. Las acuciantes deudas le obligan a denigrarse lavando coches. Y ello pese a que es todo un genio de la química que, desde hace años, podría nadar en dólares de no ser por la pasada que le jugaron una pareja de supuestos “buenos amigos”. 


No obstante, como sin piedad adjudica la certera “Ley de Murphy”, si algo es susceptible de empeorar, ten por seguro que bien lo hará. Y ello es axioma en el sistema caótico vital de Mr. White, que, además de tener un hijo adolescente con parálisis cerebral, y de quedar su mujer nueva y accidentalmente embarazada, para colmo de azares, es diagnosticado de cáncer de pulmón lo que, definitivamente, hará que se replantee su vida y tome una insólita decisión que será la perturbación que cambiará radicalmente la existencia de todos cuantos tienen algo que ver, si quiera remotamente, con el amigo Walter. 


Y es que, concretamente, nuestro protagonista, con el objetivo de proveer a su familia un futuro imprescindiblemente mejor para cuando no esté, decide apostar por la más radical de las decisiones posibles, la única que le permite hacer pasta tan rápido como necesita: dedicar el poco tiempo que le queda a aprovechar sus proverbiales conocimientos químicos para “cocinar”, en secreto, cristal de meta-anfetamina, una popular droga para cuya elaboración solo hace falta ir de compras a la ferretería de la esquina. Ello le convertirá, a velocidad speedica, en los ambientes narcos, en el misterioso Heisenberg, toda una leyenda del tráfico de estupefacientes en el fronterizo Nuevo México, sobre el que se compondrán y cantarán los más míticos corridos. 

Narcocorrido de Heisenberg

Y si el planteamiento de la serie, así contado, resulta obviamente tan radical como sorpresivo, el modo en que el argumento toma cuerpo en cada episodio es igualmente todo menos ordinario u obvio. Así, si bien algunos se han precipitado a citar su emparentado con otros productos previos como puedan ser “Los Soprano” o “Weeds”, en mi opinión, la serie creada por Vince Gilligan va mucho más allá, constituyéndose por derecho propio en una de las más sorprendentes, corrosivas y maestras de cuantas pueblan la abultada parrilla de televisión yanqui. 
Por comenzar a desgranar virtudes, la primera quizás sea el perfecto balance conseguido entre drama, género negro y relato mafioso contemporáneo. Y el modo de narrar la historia, con un libreto brillante, diferente en sus modos a mucho de cuanto se ha visto en televisión hasta la fecha, con acertados apoyos descompresivos en un oscurísimo sentido del humor basado en el malsano hábito humano de disfrutar y hasta gozar con la desgracia del prójimo, y más si es ese perro flaco al que todo se le vuelven pulgas. 

Promo de la cuarta temporada subtitulado (spoilers)

Además, esta historia de puntos de no retorno, de planes que se salen de control, esta actualización implícita del mito de Jeckyl y Hyde, este serial de hampones domésticos, es puesto en imágenes empleando una fotografía fronteriza, vívida, imaginativa en sus puntos de vista, propia del cine indie más afortunado, a la que ayuda impagablemente un montaje y selección musical de lo más idónea, pese a lo insólita que resulta en ocasiones la elección de sus temas. 


Por el camino hay pullas a herir con sangre contra el sistema de salud capitalista americano, reflexiones esencialistas sobre qué es y para qué sirve el dinero, y una evolución siempre lógica, aunque nunca previsible, de personajes portentosamente caligrafiados y encarnados por un casting adecuadísimo. Y aquí entro deliberadamente en el capítulo de las obviedades. Todo el elenco actoral saca nota brillante en la personificación de sus roles. Sin embargo, por razones contundentes, hay que destacar a Bryan Cranston. La personificación del absoluto protagonista de la serie es una de esas que perdurarán en la retina del espectador por décadas. Su Mr. White es gangster, padre y esposo, a cuotas iguales. Es Inteligente, animal, violento, frágil, egoísta y, al fin y a la postre, un buen hombre que rompe a ser malo (como delata el título de la propia serie). La riqueza de matices, expresividad y modulación vocal (imprescindible ver en VO, el doblaje es criminal), convierten el trabajo del actor de California en una autentica lección de verismo y autenticidad interpretativa. 

Entrevista a Bryan Cranston sobre su personaje (spoilers)

Pero lo mejor del asunto, es que también encontramos secundarios de los llamados de oro. De entre los que, si injustamente tuviese que quedarme con uno, lo haría con un inmenso Giancarlo Esposito que construye un antagonista sencillamente brutal, al que, además, los guionistas dotan de una profundidad psicológica y un background que lo convierten en lo que uno siempre le pide a los malos, que sean buenísimos. Pero ya digo, sería un acto de injusticia, porque desde el cuñado agente de la DEA, al que da vida Dean Norris, que al fin encuentra un rol en el que brillar en su dilatada carrera relegada a la serie B; hasta el picapleitos sin escrúpulos representado con comicidad prodigiosa por Bob Odenkirk; pasando por RJ Mitte y Anna Gunn, hijo y esposa de Walter; y alcanzando al veteranísimo Jonathan Banks, hombre para todo del capo Gustavo Fring; todos, absolutamente todos, componen una fauna de personajes tan singulares como apropiadísimamente encarnados. 

Aaron Paul (Jesse Pinkman) y Giancarlo Esposito (Gus Fring)

No se a quién habrá cabreado Vince Guilligan, pero así las cosas, lo único malo de “Breaking Bad” es el olímpico desprecio que sienten, temporada tras temporada, los premios por ella, lo que la convierte en aún más genuina, outsider, de culto y, en pocas palabras, legendaria. 
De momento se han emitido cuatro temporadas (en las que anecdóticamente diré que se habla mucho español) y que enganchan como el cristal que cocinan sus protagonistas. La AMC ha cerrado además con su creador los últimos 16 episodios, con los que concluirá, parece ser, definitivamente la serie. Lo que falta por revelarse es cuando y como se emitirán. Lo que si es seguro es que, tan pronto salgan al aire esa 16 perlas, éste que firma estará clavado frente al televisor para no perderse ni un solo segundo de la prometedora conclusión de una de las mejores series que ha parido la televisión en la última década. 

By Harry Callahan 

NOTA: 9,5/10 

TÍTULO ORIGINAL: “Breaking Bad” 

ESCUCHA ESTA CRÍTICA EN PODCAST CON EXTRAShttps://dl.dropboxusercontent.com/u/224337446/breakingbadcritica.mp3


WEB OFICIAL: http://www.amctv.com/shows/breaking-bad
WEB DE "WALTER WHITE": http://www.savewalterwhite.com/

sábado, 17 de diciembre de 2011

"MISSION IMPOSSIBLE: PROTOCOLO FANTASMA": Una franquicia de Tom Cruise

Si tuviese que definir "Mission: Impossible", diría que es una franquicia de Tom Cruise, con lo bueno y lo malo que ello implica. Lo bueno, que el celebérrimo actor, productor y alma mater de la saga, se ha preocupado con acierto de que cada título trate de conservar el concepto "montaña rusa", en cuanto a acción non stop, que garantiza un sano entretenimiento. En este sentido, hay que reconocer que Cruise ha sabido reconvertir la famosa serie de TV en un nuevo y más moderno James Bond, en el que el agente Ethan Hunt se enfrentará a supervillanos, armado de gadgets tecnológicos y, al final, salvará al mundo, lo cual no nos engañemos, siempre mola al público.



Lo malo es que el bueno de Tom, en su afán hipercontrolador, del que ya despotricó a gusto Brian de Palma tras dirigir la primera y mejor de las entregas, se afana por hacer filmes en los que su omnipresencia, tanto en pantalla como fuera de ella, hacen que las cintas terminen por ser, sobre todo lo demás, un vehículo egocéntrico de muy excesivo lucimiento personal. Así, todo lo que ocurre en Mission Impossible pasa por Cruise. Desde la elección de guionistas, directores, actores, etc... hasta la propia escritura del guión y puesta en escena del filme, en la que se reserva una presencia tan constante como narcisista, lo cual, no obstante, puede ser hasta fantástico si coincides con su perspectiva de entretenimiento y suspiras cada vez que luce torso, palmito y gesto, pese a las arrugas y los tacos cumplidos.


Este "Protocolo Fantasma", la cuarta producción de la franquicia, posee claro está estas características, buenas y malas. Así, pese a que el guión es el quizás menos lucido de todos, el realizador Brad Bird sabe sobreponerse a él y anudar un buen puñado de secuencias de acción que no defraudarán al público que busque pasar un rato netamente palomitero. En este sentido, el realizador de las animadas "Ratatouille" o "Los increibles", aprueba con nota su particular examen de hacer películas con personajes de carne y hueso. Él es quien ha sabido dimensionar este guión de un Bond rancio y más que mediocre, y convertirlo en un producto que pese a su previsibilidad y largo metraje, no aburre. 


Y es que, haciendo leña del árbol caido, el libreto parece sacado del viejo cajón de los proyectos olvidados, por acertadas razones, hace años. Es netamente ochentero. Nos propone un escenario actual de improbable guerra fría entre rusos y americanos; con la amenaza de una guerra nuclear de por medio, y delirios filoyankis reganianos tan recalcitrantes como hacer estallar, nada menos que el Kremlim. 


Así pues, la que ahora se estrena no es, claro está, la Mission Impossible de la serie. Tampoco tiene la coralidad, imaginación visual y giros de guión de la primera entrega. Ni juguetea con el espectador como lo hacía la dirigida por J.J. Abrams, que aquí solo pone pasta y ninguna idea. Es un título que, ante todo, acusa notablemente ser ya el número cuatro, con la reiteración de clichés y viejas fórmulas que va evidenciando la carencia de ideas. Sin embargo, en buena medida una inusual presencia de sentido del humor, la labor en los aspectos técnicos de dirección, además de una estupenda música de Michael Giacchino, la convierten en un honesto producto evasivo, afortunadamente alejado de la soporífera entrega de firmó John Woo, cuya innegable maestría fue devorada por el ego creativo de un Cruise siempre empeñado en autoelevarse a la categoría de mito del género de acción.

By Harry Callahan

NOTA: 7/10

ESCUCHA ESTA CRÍTICA EN PODCAST CON EXTRAS: https://dl.dropboxusercontent.com/u/224337446/misionimposible4critica2.mp3


TÍTULO ORIGINAL: Mission:Impossible-Ghost Protocol


domingo, 11 de diciembre de 2011

"LA CONSPIRACIÓN": cine histórico más allá del mero entretenimiento

Dos argumentos se han esgrimido beligerantes contra esta última realización de Robert Redford. De un lado, su indisimulada militancia. Concretamente, se ha tildado al filme de ser una metáfora excesivamente didáctica sobre la América post 11 de Septiembre, esa que apela a la razón de estado para pisotear los derechos más elementales y que mantiene abiertos aún limbos de injusticia como Guantánamo. 

Obviamente, Redford es un personaje conocido por su activismo social, el cual por otra parte cultiva sin sonrojarse, ni ocultarlo. Lo evidencia su vida personal, en la que ejerce de demócrata convencido; y también su actividad como cineasta. Así, en este último terreno, en su carrera, primero como actor y luego como realizador, se ha caracterizado por elegir proyectos (cada vez que ha podido o le han dejado) con intenciones más allá del mero entretenimiento. Así lo constata, su participación en filmes como "La jauría humana", "El candidato, "Todos los hombres del presidente", "Brubaker", "Quiz Show" o "Leones por Corderos". En todos ellos pueden apreciarse, nítidamente, la constancia de elementos temáticos comunes tales como: el hombre frente al sistema, la confrontación dialéctica de los ideales contra el pragmatismo, las aludidas razones de estado, la manipulación y el engaño puestos al servicio de un fin presuntamente más loable, los principios y los valores (o la ausencia de éstos) como definidores de quienes somos, y el poder de presión de la masa y su voracidad cuando se desboca. Todos estos temas, vuelven a estar obviamente presentes en "La Conspiración".


Hay que señalar que muchas de estas cintas, por las historias que contaban, eran contextualizables en la actualidad coetánea a su estreno (coincidente o no con la data cronológica de su argumento) y no por ello esta característica suponía una mácula, sino más bien todo lo contrario. En "La conspiración", es innegable que se pueden trazar paralelismos con el cuestionamiento que en los EEUU se viene haciendo de los derechos fundamentales en pos de la lucha contra el terrorismo. Sin embargo, creo que definir esta película como sólo eso es ser tremendamente miope. Y ello porque la historia que se narra tiene una entidad propia, que la hace acreedora de ser contada. Sinceramente, si Redford quisiera haber hablado de la política restrictiva de libertades y garantías de la era Bush (y su herencia actual), lo hubiera perfectamente hecho con una historia contemporánea. En este sentido, el realizador de "Gente corriente", si algo se ha ganado hoy por hoy, es su condición de independiente.


Así las cosas, con un interés histórico y de denuncia, en nada inferior al que guió a Jim Sheridan cuando puso en imágenes la historia de los cuatro de Guildford en "En el nombre de el padre", Robert Redford rescata para muchos que la desconocían, la historia del jurídicamente aberrante proceso a Mary Surrat, acusada de conspirar para asesinar al presidente Lincoln. Y ello en el marco de propósitos de la productora The American Film Company, fundada con la intención de recrear para la gran pantalla hechos de la Historia de los EEUU que jamás debieran olvidarse, y que debuta precisamente con esta película, toda una manifiesta declaración de intenciones. 


Pero, con independencia de ello, la cinta, además, es también un filme de juicios en la acepción más ortodoxa del término, en el que la gran virtud de su realizador ha sido la de superar la barrera del hecho históricamente conocido, para, aún así, conservar la intriga y tensión, e incluso sorprendernos en los habituales giros finales de las películas de este subgénero fílmico. 
Y es, además, un fresco histórico que retrata un convulso instante de la historia americana, el final de la guerra de secesión, en el que destaco un cuidadísimo diseño de producción, en inobjetable armonia con su esmerado vestuario y la preciosista fotografía de Newton Thomas Sigel. Todo ello orquestado por un Redford cada vez más clásico, con un maestro ojo para la puesta en escena y la composición de unos planos dotados de la aritmética y profundidad perfectas. Y con una previsible (pero no por ello menos envidiable) buena mano en la dirección de actores, de los que sabe extraer interpretaciones más que notorias. En este aspecto James McAvoy y, especialmente, Robin Wright están soberbios.
Todo lo cual me conduce a detenerme, finalmente, en la segunda de las críticas que se hace a "La Conspiración" y que es la de ser academicamente perfecta, pero carente de toda emoción. Disiento también ostensiblemente en este aspecto, pues la cinta, amén de estar brillantemente dialogada, con momentos dialécticos más que inspirados (tanto fuera como dentro de la corte juicial) sabe igualmente denunciar sin panfletarismo, sin didactismo de colegio (lo que nunca debe confundirse con frialdad); y, dramaticamente, nos va conduciendo a una media hora final (incluidos los textos explicativos de los créditos) que, definitivamente, nos terminan por dejar clavados de una pieza en la butaca.

By Harry Callahan

NOTA: 8,5/10


ESCUCHA ESTA CRÍTICA EN PODCAST CON EXTRAS: https://dl.dropboxusercontent.com/u/224337446/laconspiracioncritica.mp3

TÍTULO ORIGINAL: "The Conspirator"



DATOS ADICIONALES: http://www.imdb.com/title/tt0968264/

SOBRE LA MÚSICA DEL PODCAST: http://www.jamendo.com/es/track/786450

domingo, 4 de diciembre de 2011

"THE YELLOW SEA: El Michael Mann asiático

Siempre tomo cautela cuando el nombre de un hasta entonces desconocido director viene precedido por "es el nuevo tal o cual", en comparación alusiva a otro colega, mundialmente conocido, al que los avezados distribuidores tratan de comparar en un nada disimulado intento de arrimar espectadores a la taquilla. 

En este caso, de Na Hong-jin se ha dicho que es el nuevo Michael Mann, o el Michael Mann asiático. Y he de reconocer que, pese a lo dicho y aunque solo sea por una vez, los encargados de vender sus trabajos, no andan del todo desencaminados.
A Na Hong-jin y al creador de "Corrupción de Miami", le unen la fascinación por los trabajos sólidamente fotografiados, con montajes que se engranan a la perfección. Y ambos, son visionarios renovadores del género negro más urbano. Dejo a trás filmes más o menos anecdóticos como "Ali" o "El último Mohicano", para referirme, en este sentido, claro está, al mejor Michael Mann, por el que siento particular filia, el que creó la serie "Corrupción en Miami" o el que rodó "Collateral" o su gran obra maestra "Heat". En referencia a él, efectivamente, el autor coreano de esta "The Yellow Sea" si que puede presumir de coincidir en su habilidad para la narración del thriller más actual, descarnado y seco.



Y es que, si en su anterior trabajo, "The Chaser", Na Hong-jin ya exhibía apreciables dotes y aptitudes, planteando un sorpresivo filme de género que evolucionaba espídicamente, a golpe de giros imprevisibles, y exhibiendo una violencia y una acción tan contundentes como magistralmente rodadas; en esta nueva cinta, todos esos elementos se perfeccionan más si cabe, pasándose de un filme debutante concebido para llamar la atención, a una cinta que rezuma madurez y hasta maestría, hecho que se patentiza en la perfecta moderación de los tempos narrativos y en la eliminación de las tramas de todo aquello que pueda resultar más cogido con hilvanes (algo que en "The Chaser", esto último, si que ocurría, aunque no descarto que fuese hasta deliberado). 



Así y siguiendo con las comparativas, "The Yellow Sea" sería el "Heat" de Na Hong-jin. Un filme en el que su creador ha volcado todo cuanto sabe y quiere contar, sin cortapisas, ni en la longitud del metraje, ni en lo que ha querido poner en pantalla. Aquí destaco la escenificación que se hace de la violencia: sencillamente brutal, desbocada, hiperfísica y sangrienta, primitiva; o de la acción, del todo adrenalínica, de la que te agarra a la butaca dejándote clavado. Y todo ello a lo largo de dos horas y mucho que se hacen muy poco. 



Pero lo que quizás separe a Na Hong-jin de Michael Mann es su gusto por acentuar socialmente las tramas, situándolas en contextos sobre los que llama la atención y que son, un protagonista más, por cuanto determinan y desencadenan mucho de lo que ocurre en la historia. De hecho, "The Yellow Sea" tiene potentes elementos de drama, que aquí se dibuja en la radiografía precisamente exhibida de como viven parias como el protagonista en la frontera entre Rusia, China y Corea.



El único inconveniente de "The Yellow Sea", en su deseable intento de conquistar el mercado occidental, es precisamente su procedencia asiática. Sin duda alguna, si la película se hubiese producido en Hollywood, a estas horas ya se estaría adorando a Na Hong-jin como el descomunal realizador que es. Sin embargo, el cine de ojos rasgados nos sigue quedando muy lejos, por muchos premios y reconocimientos que coseche en festivales como Cannes o Sitges. La prueba es que a esta fabulosa película, en nuestro país, ha costado encontrarle distribución, pese a además haber reventado, hace más de un año, las taquillas en su país de origen, Corea del Sur.

by Harry Callahan

9/10

TÍTULO ORIGINAL: Hwanghae 



sábado, 26 de noviembre de 2011

"UN MÉTODO PELIGROSO": A grandes expectativas, grandes decepciones

Curiosamente, comparten cartelera estos días dos cintas cuyos argumentos gravitan sobre la misma idea, aunque con obvias variaciones. Se trata de "Un Dios salvaje" y esta "Un método peligroso". Ambas tratan de escudriñar la verdadera naturaleza del ser humano, cuales son nuestros instintos y pasiones, y como nos afanamos en sublimarlos y reprimirnos para tratar de marcar distancias con los animales. El objetivo parece ser el mismo, sin embargo, los vehículos elegidos y los resultados son palmariamente diferentes. 

Una historia de amor demasiadas veces vista

Así, si la película de Polanski aprueba con nota el nada baladí trance de trasponer en imágenes la obra de teatro de Yazmina Reza, radiografiando con mordacidad lisérgica lo que somos aunque nos empeñemos en negarlo, no ocurre lo mismo con la última propuesta del canadiense David Cronenberg, que se me antoja a ratos contados interesante, pero a la postre fallida, por cuanto trata de mezclar dos troncos argumentales que no terminan de empastar.

Mortensen, lo mejor de la película

Y es que, de una parte, "Un método peligroso" plantea una más o menos clásica historia de amor "de época", con convencionalismos y reglas que violentar, y remordimientos y culpabilidades que al final envenenarán la relación, condenando a sus protagonistas a la infelicidad. De otra parte, todo ello se ambienta en los momentos históricos de triunfo de las teorías psicoanalistas de Freud que, no obstante, pugnarán con las de uno de sus epígonos coetaneos, en este caso, con las de Carl Jung, que las trata de matizar, en buena medida a consecuencia de sus experiencias vitales, ampliando su espectro a terrenos siempre negados por el celebérrimo psiquiatra austríaco.
Ambas intencionalidades narrativas, nacen, la primera, la de la historia de amor, de la novela "A Most Dangerous Method", de John Kerr; y la segunda, la centrada en la confrontación dialéctica entre Freud y Jung, de la obra teatral "The Talking Cure", del cineasta y escritor Christopher Hampton, que además oficia de guionista de la película, y al que, en buena medida pues habré de echar la culpa de lo que, principalmente, me falla en el filme: la historia que me cuenta. 

El canadiense David Cronenberg, realizador del filme

Y es que Hampton, aún versado en esta clase de trabajos (es el autor de libretos como el de "Las amistades peligrosas", "Expiación" o "Carrington"), no consigue, como apuntaba antes, armonizar ambas tramas y mostrar con brillantez la simbiosis y causalidad, hipotéticamente existente, entre la historia de amor y la evolución que sufre el pensamiento del doctor Jung en su contraste con el freudiano.
Porque, entre otras cosas, la historia de amor, además de mil veces vista, está carente de pellizco, de pasión e intensidades, por mucho que una histrioniquísima Kiera Knightley se empeñe en enfatizar, con un despliegue gestual del que sentiría orgulloso el más desbocado de los Jack Nicholson. Si se trata de asomarse a las peligrosos afectos que pueden desencadenarse en la esfera paciente-médico, propondría a Hampton, a Cronenberg y al espectador que echasen un vistazo a la estupenda serie de TV de la HBO "In Treatmen", donde el asunto se desgrana de un modo más diáfano e incisivo que aquí.
Y en las conforntaciones, tanto epistolares como vis a vis, que se suceden a lo largo del filme entre Freud y Jung, echo a faltar brillantez, agudeza y a la par, sencillez en los diálogos, que parecen, a ratos, estar criptografiados solo para versados en psiquiatría. No obstante, quizás en estos concretos pasajes dialécticos, es en donde la película capta más interés, sobre todo gracias al últimamente actor fetiche de Cronenberg, Viggo Mortensen, que consigue empacar una encarnación del tópicamente llamado padre del psicoanálisis tan eficaz como atractiva.

Keira Knightley, un recital de histrionismo

Además, puestos a buscar y no encontrar elementos que presupongo hallaría en una cinta del autor de "Inseparables" o "Crash", me sorprende la ausencia de retorcimiento y oscuridad, tanto en lo que se cuenta como en el modo en que se cuenta, pues pese a todo el trasunto del psicoanálisis y lo jugoso que ello podría resultar en manos de Cronenberg, me sorprende, por ejemplo, la inexistencia de audacia visual y lo excesivamente simple y rudimentario del look final de un producto en que falta huella de autor. 
Así las cosas y puestos a recomendar el visionado de trabajos más afortunados, hacer lo propio con "Tierras de penumbra", quizás mi película favorita de Richard Attemborough, en la que historia de amor y evolución, por su casua, de la filosofía vital del protagonista, si que resultaban extraordinaramente bien narradas, en boca además de unos protagonistas (Anthony Hopkins y Debra Winger), que desencadenan unos diálogos, estos sí, tan agudos como arrebatadores.

By Harry Callahan

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TÍTULO ORIGINAL: "A Dangerous Method"
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domingo, 20 de noviembre de 2011

"UN DIOS SALVAJE": Cáustica mirada a lo que somos y negamos ser

Yasmina Reza no podía haber encontrado mejor compañero de viaje, para la adaptación de su obra de teatro "Carnage", que Roman Polanski. La autora francesa, que ya se asomó a la naturaleza del ser humano en su celebrada obra "Arte", posee el mismo bisturí sociológico, buena parte del descreimiento existencial y un mucho del humor sardónico y oscuro que, perfectamente, se le puede imputar al autor de la reciente "El escritor". Buena prueba de esta sincronía de planteamientos vitales y creativos es que, no solo Polanski dirige este "Un Dios Salvaje", sino que también ha coescrito con Reza el libreto que sirve de base al filme.
Este matrimonio creativo, mejor avenido por suerte que los retratados en la obra, ha parido una adaptación extraordinariamente fiel al relato teatral, del que preserva su esencia y mordaz intención, que no es otra que escudriñar malsanamente en lo que realmente somos y en lo que nos esforzamos en aparentar ser.

El casting protagonista, en estado de gracia

Con las tintas cargadas de incorrección política y mala baba psicosocial, Reza y Polanski nos proponen una lúcida y demoledora disección de todas las parafernalias, convenciones y tópicos con que nos armamos para relacionarnos con aquellos con los que nos topamos día a día y con los que convivimos estrechamente, para tratar de evitar que salga a flote lo que realmente somos en última instancia: hijos de un Dios salvaje, egoísta y primitivo.
Y para ese empeño, aquí, como en la obra de teatro, el vehículo usado es tan arriesgado como efectivo: un sentido del humor tan negro y ácido como empático con el espectador, que se divierte, sin vergüenza, al reconocerse (o reconocer a quienes conoce), en los personajes protagónicos que tratan de sobrevivir a un festival de comentarios, diatribas y dardos tan envenenados como plenos de autenticidad y verismo, en esta metafórica carnicería (que es como se titulan película y obra de teatro originalmente).

Polanski dirigiendo a sus actores

Con todo ello, y por si no fuera poco, lo que mas me ha ganado del filme es que sabe escapar con soltura de los corsés que casi siempre amordazan el paso de la obra teatral a la pantalla de cine, dando como resultado que lo que vea el espectador no sea otra cosa que teatro filmado. Aquí no, la gran aportación de Polanski y de su innegable buen hacer como cineasta, es dimensionar el relato en coordenadas cinematográficas, apoyándose para ello en una diversidad de planos, puntos de vista fotográficos y montaje, que agilizan y nos hacen olvidar que todo transcurre entre cuatro paredes y entre cuatro personajes que no cesan de hablar.
Para el final me dejo lo obvio: que la guinda del pastel es haber contado con un elenco actoral difícilmente superable, aunque esto sea un lugar común de todas las críticas que sobre la película se viene haciendo. Pero es que Jodie Foster, John C. Reilly, Christoph Waltz y Kate Winslet están precisos, convincentes, reales, perfectos, cada uno en su arquetipo, en su misión de irse pelando las capas de impostura e hipocresía, para descubrirnos lo que realmente pensamos y no decimos, lo que verdaderamente haríamos y nos contenemos; lo que, en suma, somos y nos empeñamos en negar. 

By Harry Callahan

NOTA: 8,5/10


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TÍTULO ORIGINAL: "Carnage"
DATOS ADICIONALES: http://www.imdb.es/title/tt1692486/
SOBRE LA MÚSICA DEL PODCAST: http://www.jamendo.com/es/track/732583

domingo, 13 de noviembre de 2011

"UN GOLPE DE ALTURA": ¿Puede un mono hacer relojes?

Si pones a Brett Ratner, autor de la trilogía de “Hora Punta”, a hacer una comedia de acción con poso social, sale ésto: una tontería cuya trama tiene más agujeros que un queso gruyere, con unas elipses tan absurdas como inexplicadas, y que no termina de funcionar bien, ni como peli de robos, ni como comedia. 
Además, el casting no empatiza, no empasta. Por él se pasea un tristísimo Mathew Broderick, sombra de lo que un día fue. Por contra, Ben Stiller va sobradísimo, pasándose de rosca al tomarse la cinta mucho más en serio de lo que debiera. Lo único salvable: un recuperado Eddie Murphy, paradójicamente, que no le da tiempo a cargarme; Tea Leoni borracha, absolutamente impagable; algunas escenas del robo que consiguen darme vértigo (aunque servidor se marea subido a una banqueta); y la música de Christophe Beck, un compositor habitual de este tipo de filmes, homenajeando a los scores de las pelis de robos de los 70. Pero ya digo, tampoco le puedes pedir a un mono que haga relojes... 

By Harry Callahan 

NOTA: 4/10 


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TÍTULO ORIGINAL: “Tower Heist” 
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