Mostrando entradas con la etiqueta ROMÁNTICA. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ROMÁNTICA. Mostrar todas las entradas

viernes, 27 de enero de 2017

"LA CIUDAD DE LAS ESTRELLAS (LA, LA, LAND)": ¿Estás en la inopia?

Dejemos las cosas claras, desde el comienzo. "La, La, Land" no es un gran musical, pero es una magnífica película. Y el secreto para disfrutarla es, precisamente, ese. Tener muy claro lo que Damien Chazell ha querido hacer y lo que no. 

El director de "Whiplash" siempre ha confesado, abiertamente, su fascinación por los musicales y por el jazz. Y como autor que es (y le dejan ser), su cine lo demuestra en las tres realizaciones que ha filmado. Así, en "La ciudad de las estrellas" no ha pretendido plagiar las pelis de Donen, Demy, Minelli, Fred Astaire y Ginger Rogers, Gene Kelly, y todo ese largo etcétera que los listillos enciclopedistas citan como obvias influencias. Tampoco ha querido tomar esas referencias y hacerlas pasar como propias. Es demasiado obvio.


Chazell como buen devorador de cine, lo fagocita y rumia todo, y lo devuelve en forma homenaje con su particular acento, sin otra pretensión que hacernos disfrutar como él lo hace rodando. "La La Land" es así su particular carta de amor a un género, que acaba no siendo tan personal, a juzgar por el entusiasmo que causa la cinta.


Pero el acercamiento al musical es desde la ausencia de presuntuosidad. Con ánimo lúdico, desencorsetado, simple que no sencillo. Y con clara influencia indie. Nadie ha querido hacer un nuevo "Cantando bajo la lluvia" amigos. Seamos serios y menos integristas.


Esto no es un "Chicago", ni un "Molin Rouge", es más bien un "Todos dicen I Love You", un filme crisol del género canoro y bailongo como lo "Drácula" de Coppola lo fue del terror. Una cinta para haberla visto de improviso. Sin hype. Sin todo ese ruido de marketing que hoy indefectiblemente nos contamina con anticipación. Un filme para ver virgen y asombrarse de la joya tan deliciosa que es. 

Y no porque esté fantásticamente cantada, bailada y coreografiada (que solo lo está muy correctamente). Tampoco porque nos cuente la historia insólita y más original. Sino porque mueve los hilos, o mejor dicho, la cámara un tipo que lo hace con una agilidad, limpieza, ritmo y sentido narrativo espectacular.


El título de la cinta "La, La, Land" hace referencia a estar en las nubes y eso es precisamente lo que consigue con una maestría insolente e inhabitual a su edad, el autor de esta película. Eso es lo que nos hace salir de la sala bailando. Lo que nos hace escuchar su soundtrack en Spotify compulsivamente. Y lo que nos hará sonreír cuando arrase en los próximos Oscar. 

Y, además, la película es cine dentro del cine, y una amarga reflexión (de nuevo) sobre el precio de los sueños, sobre el arte y el sufrimiento, y un desafío descarado a sí el musical, el jazz y el Los Ángeles más mítico están demodé, es cosa de horteras y abuelos añorantes de un pasado glamuroso presuntamente muerto.


Esto y no otra cosa es "La, la, Land". Si lo sabes ver y disfrutar, bien por ti. Si no, estás en la inopia del título. Qué lo sepas.


NOTA: 9/10

TÍTULO ORIGINAL: "La, La, Land"


viernes, 11 de diciembre de 2015

"LA NOVIA": Otro Lorca es posible

Si a estas alturas decides adaptar un Lorca, tienes que saltar al vacío. Sin mirar, sin red. Y luego abrir los ojos y comprobar si te aplauden o abuchean la pirueta. No hay medias tintas. A la manera torera, puerta grande o muerte. 

Eso hace Paula Ortiz en “La Novia”. Saltar y montar “Bodas de Sangre”, ortodoxa respecto al texto del poeta, pero heterodoxa en el imaginario de paisajes y figuras. Filmada con un lirismo arrebatado, deudor de la poesía del maestro, Los Monegros y La Capadocia sirven de set yermo, terroso, en ruinas, para este drama genital, devorado de pasión, negro, brujo, atávico, y exhibido adrede como atemporal, como son los instintos básicos del ser humano. 


Pero es nuevo a los ojos, y a los oídos. Cantes que van de "La Tarara" al “Take this Waltz” de Leonard Coen, embrocan ideales con una puesta en escena alambicada de recursos fílmicos, puestos al servicio de contar otra vez lo de siempre de modo pasmoso. Y moderno, dentro del machismo que se pueda presumir intrínseco a la obra lorquiana. Una película de mujeres, con mujeres de rompe y rasga. Y de hombres, intencionadamente arquetipos, que no van más allá de ser desencadenantes de todo lo que ellas hacen y les pasa.

Paula Ortiz dirigiendo a sus actrices

Y está, además, en cierto modo, un gusto por el preciosismo casi de filme oriental (no en vano parte del soundtrack es del japones Shigeru Umebayashi). Y, claro, interpretaciones sobrecogedoras, como las que nos obsequian Inma Cuesta y Luisa Gavasa de los dos personajes a los que la película se entrega: la novia y la madre.

Definitivamente, Paula Ortiz saltó al vacío y cayó de pie. Y ahora solo escucha aplausos.


NOTA: 9/10

sábado, 11 de octubre de 2014

"PERDIDA": El asombroso David Fincher

Las preguntas que el personaje de Ben Affleck se hace en la escena que arranca y concluye “Perdida”, bien podría contestárselas Danny De Vito, recomendándole que viese el supremo plano final de su película “La Guerra de los Rose”, ese en el que la Turner y Michael Douglas terminan sepultados por la lámpara de araña después de repartirse estopa hasta el ultimísimo instante de aquel lisérgico filme.

Y es que no son pocas las concomitancias que comparten ambas películas. La primera, que desde hace los veinticinco años que separan ambos estrenos, no había visto una disección tan vitriólica y mala babera de la desintegración de un matrimonio. O de cómo el amor puede mutar en odio y éste llegar a todos sus psicóticos extremos. 




Por primera vez esa sonrisa de Affleck es exigencia de guión


También las dos cintas jugaban a ser caramelos envenenados, y bajo las pieles, a ratos del drama, la comedia y, claro, el thriller, el lobo se ocultaba en hechuras del cordero, pareciendo lo que no era; cuando en el fondo más oscuro, retorcido e insano, ambas disparaban a matar, aviesas, a todo atisbo de poesía y romanticismo, interesadas en demostrar que la vida idílica en pareja es tan antinatural como imposible, dadas las naturalezas intrínsecas de los hombres y las mujeres. 
No obstante, ahí podrían concluir las similitudes, pues, en su propuesta fílmica, las dos producciones discurren por derroteros muy diferentes. Obviamente, Fincher es un cineasta con personalidad propia. Probablemente, uno de los pocos autores del mainstream que sabe preservar sus esencias e imponerlas a quién sea, de modo que incluso sus proyectos menos afortunados, son piezas coherentes con el resto y con el propio discurso que el total de su obra está conformando casi desde el comienzo. 

Fincher dirigiendo

Así, en “Perdida” está el salto al vacío de “Alien 3”, el efectismo de “Seven”, el desasosiego de “The Game”, la audacia de “El club de la lucha”, los convencionalismos de “La habitación del pánico” o “Millenium”, la presuntuosidad de “Zodiac” y "El extraño caso de Benjamin Button", y la maestría de “La red social”
Pero sobre todo, lo que “Perdida” supone es la consagración de este tipo como gran contador de historias retadoras, que es a la postre por lo que debe medirse a un cineasta. Resulta extraordinariamente complicado enfrentarse a un relato como el que propone este filme, con sus idas y venidas, golpes de efecto, cargas de profundidad y afanes por no dejar puntada sin hilo, de modo que te lo zampes sin pestañear una sola vez en sus 149 minutos. En el envite, lógicamente, ha jugado un rol definitivo la filigrana guionística que Gillian Flynn ha realizado con su propia novela. Pero el asunto hay que ponerlo en pantalla, en las fisicidades de un casting protagónico no especialmente cualificado a priori. Y construir además un entretenimiento sin fisuras, destinado a ser evento cinematográfico y comidilla de tertulias cinéfilas. 

Rosamunde Pike, la asombrosa Amy

J. A. Bayona decía en un tuit que Fincher era el heredero del cine setentero de Lumet, Pollack y Pakula. No puedo estar más de acuerdo. Contadores de historias complejas, poliédricas, incómodas, con morales que se pasean por filos cortantes, ahondadores de las naturalezas humanas, autores de pulso firme y paridores, en fin, de productos con poso, adultos, de los que ya no quedan en este mundo cada vez más políticamente correcto, conquistado por la mojigatería made in Walt Disney.


NOTA: 9/10

TÍTULO ORIGINAL: Gone Girl

domingo, 1 de junio de 2014

"TODOS ESTÁN MUERTOS": Lady Anaya



Hay películas que son una actriz. Para bien y para mal. Es el caso de “Todos están muertos”. Y es que la interpretación de Elena Anaya aquí se mete hasta el tuétano. Embebe, obnubila y aturde. Deseas que no salga nada más en pantalla que ella. ¿Para qué otra cosa? ¿Para qué malgastar esfuerzos en contar una historia manida, trufada de lugares comunes, previsibles? 

Amores platónicos juveniles, despertares sexuales inciertos, muertes traumadas, hijos no deseados, relaciones más que fraternales... Y todo este gazpacho culebronil, presentado como en un remake de “Ghost” pergeñado por la prima mejicana de Almodóvar...




¿Pero, sabéis que? me da igual todo ello, y su morosidad y su pretenciosa modernidad (que no es tal). Me es lo mismo, porque Álvaro Gutiérrez hace magia con su fotografía y extrae un delicioso glamour feista de la que bien podría haber inspirado a Leiva cuando compuso Lady Madrid con Pereza.
Da igual su cardado flequillero, lo resquebrajado de sus labios, su conspicua delgadez, la ausencia de maquillaje o el vestuario así, como de andar por casa. O quizás es la milagrosa conjunción de todo. El caso es que es imposible que la cámara quiera más a una actriz. ¡Cómo aguantas primerísimos planos Lady Anaya! Tu presencia, tu mirada y tus titubeos en la voz compensan cualquier cosa que me jale del brazo, constantemente, para sacarme de la película, casting infanto-juvenil incluido... Tela de la marinera lo del nene co-protagonista.



“Todos están muertos” es pues, para mal y para bien, una actriz, un personaje, una interpretación, una presencia, que arrebatan al espectador hasta el babeo, sí, a los acordes, además, de gente como Akrobats que le dan un punto hypster que mola a modernetes sabiondos como yo... y da igual que todo lo demás esté, a su lado, muerto o, al menos, lo parezca.



NOTA: 6/10

TÍTULO ORIGINAL: "Todos están muertos"


viernes, 16 de mayo de 2014

"10.000 KM": Dicen que la distancia es el olvido...

Hay quien podrá tachar a su director (y co-guionista) de aprovecharse de que Skype, Google, Whatsapp o Facebook inundan nuestras vidas, para montar una peli en la que sean reclamo, pero dudaría de que el que así la definiera hubiese visto siquiera unos minutos del filme. 

Porque la tecnología, como ya ocurriese en la reciente “Her” de Spike Jonze, no es más que un elemento catalizador que apoya la narración de una historia de amor que gravita aquí sobre las medias naranjas y aquella frase de “si quieres ver a Dios reír, cuéntale tus planes”, o la de Ortega, “Yo soy yo y mis circunstancias”. Porque lo que cuenta Marqués-Marcet entre los poderosísimos (y cuan distintos) polvos inicial y final, que delimitan como prólogo y epílogo la película, es como puedes tener un quién, pero te puede fallar el cuándo, y no ser, sencillamente, el momento porque, en ese preciso instante, el azar os pone a 10.000 km de distancia. Y tu relación de golpe se convierte en una suerte de Google Street View, con el que estás pero no estás.

Alex y Sergio tiene planes...

Dos cosas me han fascinado en el modo de contar esta relación en conserva, que como todas, las conservas, tienen fecha de caducidad. En primer lugar, el audaz modo en que este debutante en el largo suple falta de presupuesto con talento. Rodada en una Barcelona que es a ratos Los Ángeles. Con el empleo de múltiples pantallas que se enturbian, ralentizan y pixelan, como la historia de sus protagonistas. Con el poder sinérgico de constantes metáforas sobre la comunicación siempre presentes, por ejemplo, en el trabajo de la prota. Y unos diálogos y colección de instantes que pese a su aparente inanidad conforman un devenir lógico, necesario, para concluir en un climax final a flor de piel. Además, esa capacidad para subsumir a los espectadores en incómodos vouyeurs de la intimidad cotidiana… Y todo ello sin que lo que veamos sea teatro en pantalla grande, ni mero juego de formatos estéticos, sino puro cine que es filigrana en el plano secuencia inicial de 23 minutos con que el filme pone sus cartas sobre la mesa, por si alguien podría dudar de lo que su realizador y actores son capaces. 

Carlos Marqués-Marcet dirige el plano secuencia inicial

Lo que me lleva al otro arma de conquista masiva de la cinta: su dúo protagónico. En David Verdaguer y Natalia Tena, empieza y termina el reparto de la película y de la responsabilidad de sostenerla sin que la aparente cotidianeidad insulsa de sus personajes la dinamite. Están esplendidos en esa colosal labor. Si bien, la que me arrebata es la Osha de “Juego de Tronos”. Me creo su fragilidad, carácter, ironía, determinación, sensualidad, y todo lo que su gestualidad me transmite de la vida interior de su personaje. En su primer papel, además, en castellano. Su lengua natural es el inglés, justo lo contrario de lo que parece en el film. Chapó. 

¿10.000 km no son nada?

Un dúo protagonista que cuando está frente a frente, sin gadgets ni inventos; cuando los kilómetros del título son centímetros; cuando desaparecen los artificios; cuando no hay virtualidad sino fisicidad; cuando ello ocurre, amigo mío, hace que el filme alcance su cenit al calor de una química proverbial, entre unos actores en la perfecta simbiosis que requiere esta historia de amor desencontrado que es, a la postre, un bolero, de los de siempre. Que habla de almas sin cuerpos que acariciar y, claro, sí, de la jodida modernidad que hace que pueda tenerte sin que realmente estés para tocarme y tocarte. Y de cómo, muy probablemente, la distancia es el olvido, o no…


NOTA: 8/10

ESCUCHA ESTA CRÍTICA EN PODCAST CON EXTRAS: https://dl.dropboxusercontent.com/u/224337446/10000kmcriticamagnum44.mp3

TÍTULO ORIGINAL: "10.000 KM"

jueves, 27 de febrero de 2014

"HER": Esa amante inoportuna que se llama soledad

En un episodio de “The Big Bang Theory”, la genial serie que todavía no me explico cómo pudo crear Chuck Lorre, el personaje de Rash se enamoraba de Siri, la popular aplicación parlante de Iphone… En “Her”, el que podría ser una especie de sosías bigotudo y trascendental de Leonard Hofstadter, otro de los protagonistas de ese mismo show, hace lo propio de un sistema operativo con la voz de Scarlett Johansson. A quién no le ocurriría lo mismo…
Pero la virtud de “Her” no está en la idea, ni en la propuesta de flechazos tan sui generis e “inmorales” como los que el cine ya ha mostrado antes, desde “Tamaño natural” de Berlanga, a “Lars y una chica de verdad”, de Gillespie. Su gran baza, empero, está en que es extraordinariamente fácil empatizar con sus protagonistas y con el universo tecnificado que nos propone. Un entorno de sentimientos cada vez más solitarios y fingidos.


De izq a dcha, Mara, Jonze, Johansson y Phoenix

Y es que la película del autor de “Donde viven los monstruos”, no es ciencia ficción, sino ciencia realidad. Porque el mundo Applelizado en el que sitúa la acción está a tan solo un par de OS de hoy. Y en él, no obstante, nos siguen ocurriendo las mismas cosas que hace siglos. Nos desenamoramos o enamoramos, al ritmo que crecemos en sentidos divergentes o en sincronía con aquellos con quienes elegimos compartir lo que somos. Y sobre todo, y antes que cualquier otra cosa, huimos de esa amante inoportuna que se llama soledad, como diría el maestro Sabina.
Por eso, no tengo reparos en darle el oscar a mejor guión original a ese siempre estimulante bicho raro que es Spike Jonze. Bueno, quizás sí que tenga un pero. Me niego a reconocer como futurible que nuestros hijos tengan el gusto de crear un sistema operativo con la voz de la Johansson, y sin embargo luzcan pantalones sobaqueros a lo Julian Muñoz.


by Harry Callahan


TÍTULO ORIGINAL: Her

miércoles, 11 de septiembre de 2013

"MUD": Una pequeña joya

La mía fue “Matar un ruiseñor”. Y, probablemente tenga mucho que ver con que me dedique hoy a ser abogado. Siempre hay una historia iniciática que marca. Ya sea a sus personajes o al espectador que las ve. Muchas, curiosamente, pasan en un estado sureño americano… y hay un río… como en “Mud”, la enésima de ellas, pero para nada una más. 
El mero crisol de referencias cinéfilas a otros tantos filmes ya sería pretexto más que suficiente para no dejar pasar lo nuevo del realizador de “Shotgun Stories”. Se me ocurren un puñado que van desde la citada de Robert Mulligan o “Los 400 golpes” a “Crazy in Alabama”, pasando por “Verano del 42”, “Cuenta conmigo”, “Tomates Verdes Fritos”, o incluso "Forest Gump" la patria “La Buena Estrella”, aunque dudo mucho que Jeff Nichols le haya echado un ojo a esa obraza maestra de Ricardo Franco. Sí, claro, no me olvido de las más obvias y literarias a Tom Sawyer y Huckleberry Finn. 
No obstante, el juego de descubrir homenajes, guiños e influencias, voluntarias o accidentales, no es, con todo, el máximo atractivo de “Mud”. Diría que lo que subyuga al espectador, sin concesiones, es la prodigiosa labor de dirección de Nichols que, juanpalomea con acierto indiscutible, escribiendo y poniendo en imágenes su historia, utilizando, ejemplarmente, dos herramientas, señas de la casa, con las que extrae oro puro: la interpretación actoral y la creación de ambientes.


Nichols dialoga con los protagonistas de su filme

Y es que las interpretaciones de Matthew McConaughey y Reese Witherspoon hacen que tengas que frotarte los ojos y comprobar en los títulos de crédito que son ellos realmente, esos populacheros mojigatos, habituales perpetradores de comedias románticas. No obstante, el casting al completo está afinadísimo, no ya sólo en su elección, sino, reitero, en su trabajo en la cinta. Por cierto, cada vez estoy más convencido que Sam Shepard es Dios. 
Y sobre la atmósfera que envuelve el relato, qué decir del hacer cuasi mágico del tipo que parió “Take Shelter”. Es tensa, negra, melancólica, libre, descreída pero a la postre esperanzada, encendida, y, sobre todo, romántica. De un romanticismo que desarma y sorprende por su claridad y pureza.
Le perdono por ello pequeñas trampas y algún recurso facilón impropio del resto de la obra en las postrimerías resolutivas de un filme que si tuviera que programar, lo haría en pase doble con esa pequeña joya que también es “Bestias del Sur Salvaje”, otro título para dejar de ser niño que me olvide de citar más arriba.

By Harry Callahan

NOTA: 8/10

TÍTULO ORIGINAL: Mud

viernes, 15 de marzo de 2013

"ANNA KARENINA (2012)": Deconstruyendo a Tolstói

En Joe Wright se dan dos claras constantes. De un lado, su afición por la reinterpretación de las historias de urdimbre clásica (“Expiación” y “Orgullo y Prejuicio”); y de otro lado, una clara apuesta por dimensionar estéticamente sus obras con exquisitez (“Hanna”). Llevando al paroxismo ambas filias, el realizador inglés nos propone una deconstrucción de la Anna Karenina de León Tolstói que, de entrada, tiene mi aplauso, si bien con una clara objeción. 

Soy de los que afirman, a boca llena, que el cine debe ser un ejercicio de estilo, una creación con huella. Y ésta, indiscutiblemente, lo es. Amparada en un guión audaz, esta transversal versión de “Anna Karenina” es una apuesta fílmica arriesgada. Una reinterpretación implosiva, una sublimación de la esencia, un deliberado quebranto de la ortodoxia, por la que el espectador tiene que entrar. 

Ya desde sus comienzos, que homenajean sin disimulo el “Moulin Rouge” de Baz Lurmahn, las cartas obran sobre la mesa, en una teatralización física y simbólica del mito literario. No busquemos pues en el filme fidelidades al origen, ni respetos por las reglas narrativas del relato primigenio. La película es un salto al vacío narrativo, apoyado en una ingeniosa redefinición de los espacios, los lugares y los escenarios. Amén, de una brillante puesta en imágenes, prodigiosamente coreografiada (esos maravillosos bailes…). 

Joe Wright dando indicaciones a Kiera Nightley en el set

Hasta ahí, todo me gana. Me seducen los retos y éste lo es. El problema llega cuando los fuegos artificiales se reiteran y se avanza en el metraje, una vez que la sorpresa se ha asimilado y los recursos antes novedosos ya casi se adivinan antes de ocurrir. Ahí es donde la historia tiene que dar la cara y embargarte, quemarte por la pasión que exudan los personajes. Y esto, lamentablemente no ocurre. Y eso que el cast no es errático, con un Jude Law, por ejemplo, insólitamente excepcional. Sin embargo, la deconstrucción aquí es tanta que la película acaba convertida en una sucesión de hermosas composiciones, a las que falta hilazón contundente y ritmo empático. No obstante, alabo el gusto de quien al enfrentarse a la enésima versión de algo, antes que volverlo a trillar, da una vertiginosa vuelta de tuerca aun a riesgo de pasarse de rosca.

By Harry Callahan

NOTA: 7/10

TÍTULO ORIGINAL: "Anna Karenina"

viernes, 6 de enero de 2012

"DRIVE": una obra maestra orgullosa de sus raíces

En una época en la que en televisión no se arriesgaba, un tipo puso toda la carne en el asador para cambiar, radicalmente, el concepto que de las series policíacas existía. Su nombre era Michael Mann. Eran los 80, y la serie, la ya mítica "Corrupción en Miami". Lo que no sabía Mann es que, aparte de insuflar aire fresco a la parrilla televisiva, estaba creando un nuevo estilo, en lo visual y en lo narrativo, cuya modernidad y calado llega hasta hoy. Un modo de hacer que terminó de madurar ya en su faceta como director de cine, convirtiéndose, con filmes maestros como "Heat", en uno de los definitivos referentes del género negro contemporáneo. La escuela creada por el director de "Collateral" es seguida hoy por fortuna por algunos epígonos. Nicolas Winding Refn ha resultado ser uno de los más listos de la clase, y su última cinta, "Drive" lo demuestra. 



Y es que Mann y la década que forjó sus modos de hacer como cineasta, los ochenta, están presentes en "Drive" ya desde esos créditos iniciales en definitorio rosa neón. Y lo están en la conducción nocturna del protagonista por la ciudad, y en la música electrónica de Cliff Martínez, con referentes al experimental Brian Eno, gurú de los sonidos ambient y favorito de Mann. Y en los temas musicales, que bien pudieran haber acompañado a Sonny Crockett en sus escarceos policiales, como lo hicieran canciones mito del tipo "In the Air Tonight" de Phil Collins. 

                                                  Clip con la BSO e imágenes del filme

Pero el autor de "Ladrón" está innegablemente palpable más allá de envoltorios, en la esencia misma de la narración. En esta historia de criminal con código, de principios inalterables que te hacen sobrevivir. En decisiones que se saben malas pero se toman. En este filme de redenciones por un instante, de malas partidas, de azares, de errores sin enmienda. 


Pero "Drive" es más y va más allá del universo Mann. Es un cuento clásico, una fábula urbana, con paladines y princesas que rescatar. Con un caballero con el blasón del escorpión en esa chaqueta que es remedo de armadura y escudo; y que es imagen metafórica de un tipo animal, silencioso, extremadamente hábil, certero y violento, que mata y muere matando. 


Y es un western, en una historia con un extraño, un matrimonio y un niño, como los de "Raíces profundas". Un tipo como el Clint Eastwood de "El jinete pálido". Y también es puro filme noir, con soledades inhabitadas como las de Alain Delon en "El silencio de un hombre". E incluso, más trivialmente hablando, es claro y a la postre una de acción, una suerte de versión cinéfila de los "Transporter" de Jason Stratham. Y es un filme de amor triangular, con un romanticismo supino, heredero de la mismísima "Casablanca", con escenas de una poética tan arrebatadora como el beso único (en todos los sentidos) existente en el filme. 


Y es la historia clásica de un espartano, de un hombre intencionadamente sin nombre (en la cinta solo es el chico, el conductor, el vecino...) Un tipo que huye del pasado, y que no piensa en el futuro. Un individuo que ha hecho del límite un lugar cómodo en el que vivir mientras le viene a buscar la muerte. Y es una historia de violencia, como no podía ser de otro modo, viniendo del realizador de la aún por descubrir "Bronson". Una violencia salvaje, brutal, atávica, emparentada en momentos con Walter Hill o el Tony Scott todavía ochentero de "Revenge" o de la tarantinesca y no menos romántica "Amor a quemarropa". Una violencia hermana de la que otro devoto de Mann, el coreano Na Hong-jin, cultiva expeditiva en "The Yellow Sea", que puede verse además estos días también en nuestras carteleras. 

El realizador holandés dirigiendo a Gosling

Pero todo ello es referencial, no insulso ni insultante plagio. Es homenaje a lo grande, orquestado con la personalidad y el criterio de quien ama una clase de cine, el de géneros con mayúsculas. Tributo puesto en prendedoras imágenes con aliados imprescindibles como la maestra fotografía de Newton Thomas Sigel, autor de trabajos como los de "Sospechosos habituales", "El Secreto de los Hermanos Grimm" o la mas reciente "La Conspiración". Una fotografía a la que el realizador del filme deja ser creativa, reposarse, agarrar en planos largos a los actores y en secuencias modélicas la acción, con unos movimientos a ralentí que harían salivar a mismísimo Sam Peckinpah. 


En tiempos de revivals en el peor de los sentidos. De búsquedas de apuestas a lo seguro, de productos artificiosos que garanticen la taquilla, "Drive" es una mirada atrás, si, pero a contracorriente, por su ausencia de concesiones de su creador que cuenta lo quiere y como quiere, guste o no. Un filme de autor para paladares cinéfilos que hará que Michael Mann sonría de medio lado, asintiendo socarronamente, cuando al final se enciendan las luces. 

By Harry Callahan 

NOTA: 10/10 


ESCUCHA ESTA CRÍTICA CON EXTRAS EN PODCAST CON EXTRAS: https://dl.dropboxusercontent.com/u/224337446/drivecritica.mp3


TÍTULO ORIGINAL: Drive 




TEMA DE RIZ ORTOLANI QUE SUENA EN EL FILME: http://www.youtube.com/watch?v=tg0jOpr1Uhk

SOBRE LA MÚSICA DEL PODCAST: http://www.jamendo.com/es/track/809546
TRAILER Y MATERIAL DE AUDIO DE DRIVE CORTESÍA DE: The Walt Disney Company. Todos los derechos reservados. 

sábado, 26 de noviembre de 2011

"UN MÉTODO PELIGROSO": A grandes expectativas, grandes decepciones

Curiosamente, comparten cartelera estos días dos cintas cuyos argumentos gravitan sobre la misma idea, aunque con obvias variaciones. Se trata de "Un Dios salvaje" y esta "Un método peligroso". Ambas tratan de escudriñar la verdadera naturaleza del ser humano, cuales son nuestros instintos y pasiones, y como nos afanamos en sublimarlos y reprimirnos para tratar de marcar distancias con los animales. El objetivo parece ser el mismo, sin embargo, los vehículos elegidos y los resultados son palmariamente diferentes. 

Una historia de amor demasiadas veces vista

Así, si la película de Polanski aprueba con nota el nada baladí trance de trasponer en imágenes la obra de teatro de Yazmina Reza, radiografiando con mordacidad lisérgica lo que somos aunque nos empeñemos en negarlo, no ocurre lo mismo con la última propuesta del canadiense David Cronenberg, que se me antoja a ratos contados interesante, pero a la postre fallida, por cuanto trata de mezclar dos troncos argumentales que no terminan de empastar.

Mortensen, lo mejor de la película

Y es que, de una parte, "Un método peligroso" plantea una más o menos clásica historia de amor "de época", con convencionalismos y reglas que violentar, y remordimientos y culpabilidades que al final envenenarán la relación, condenando a sus protagonistas a la infelicidad. De otra parte, todo ello se ambienta en los momentos históricos de triunfo de las teorías psicoanalistas de Freud que, no obstante, pugnarán con las de uno de sus epígonos coetaneos, en este caso, con las de Carl Jung, que las trata de matizar, en buena medida a consecuencia de sus experiencias vitales, ampliando su espectro a terrenos siempre negados por el celebérrimo psiquiatra austríaco.
Ambas intencionalidades narrativas, nacen, la primera, la de la historia de amor, de la novela "A Most Dangerous Method", de John Kerr; y la segunda, la centrada en la confrontación dialéctica entre Freud y Jung, de la obra teatral "The Talking Cure", del cineasta y escritor Christopher Hampton, que además oficia de guionista de la película, y al que, en buena medida pues habré de echar la culpa de lo que, principalmente, me falla en el filme: la historia que me cuenta. 

El canadiense David Cronenberg, realizador del filme

Y es que Hampton, aún versado en esta clase de trabajos (es el autor de libretos como el de "Las amistades peligrosas", "Expiación" o "Carrington"), no consigue, como apuntaba antes, armonizar ambas tramas y mostrar con brillantez la simbiosis y causalidad, hipotéticamente existente, entre la historia de amor y la evolución que sufre el pensamiento del doctor Jung en su contraste con el freudiano.
Porque, entre otras cosas, la historia de amor, además de mil veces vista, está carente de pellizco, de pasión e intensidades, por mucho que una histrioniquísima Kiera Knightley se empeñe en enfatizar, con un despliegue gestual del que sentiría orgulloso el más desbocado de los Jack Nicholson. Si se trata de asomarse a las peligrosos afectos que pueden desencadenarse en la esfera paciente-médico, propondría a Hampton, a Cronenberg y al espectador que echasen un vistazo a la estupenda serie de TV de la HBO "In Treatmen", donde el asunto se desgrana de un modo más diáfano e incisivo que aquí.
Y en las conforntaciones, tanto epistolares como vis a vis, que se suceden a lo largo del filme entre Freud y Jung, echo a faltar brillantez, agudeza y a la par, sencillez en los diálogos, que parecen, a ratos, estar criptografiados solo para versados en psiquiatría. No obstante, quizás en estos concretos pasajes dialécticos, es en donde la película capta más interés, sobre todo gracias al últimamente actor fetiche de Cronenberg, Viggo Mortensen, que consigue empacar una encarnación del tópicamente llamado padre del psicoanálisis tan eficaz como atractiva.

Keira Knightley, un recital de histrionismo

Además, puestos a buscar y no encontrar elementos que presupongo hallaría en una cinta del autor de "Inseparables" o "Crash", me sorprende la ausencia de retorcimiento y oscuridad, tanto en lo que se cuenta como en el modo en que se cuenta, pues pese a todo el trasunto del psicoanálisis y lo jugoso que ello podría resultar en manos de Cronenberg, me sorprende, por ejemplo, la inexistencia de audacia visual y lo excesivamente simple y rudimentario del look final de un producto en que falta huella de autor. 
Así las cosas y puestos a recomendar el visionado de trabajos más afortunados, hacer lo propio con "Tierras de penumbra", quizás mi película favorita de Richard Attemborough, en la que historia de amor y evolución, por su casua, de la filosofía vital del protagonista, si que resultaban extraordinaramente bien narradas, en boca además de unos protagonistas (Anthony Hopkins y Debra Winger), que desencadenan unos diálogos, estos sí, tan agudos como arrebatadores.

By Harry Callahan

ESCUCHA ESTA CRÍTICA EN PODCAST CON EXTRAS: https://dl.dropboxusercontent.com/u/224337446/unmetodopeligrosocritica.mp3


TÍTULO ORIGINAL: "A Dangerous Method"
PINCHA AQUÍ PARA VER EL TRAILER
PINCHA AQUÍ PARA VER DATOS ADICIONALES 
SOBRE LA MÚSICA DEL PODCAST: http://www.jamendo.com/es/track/46535

domingo, 4 de julio de 2010

ESTRENO: "LA SAGA CREPÚSCULO: ECLIPSE", una saga no apta para diabéticos

Voy a contaros la auténtica verdad sobre esta película, la niegue quien la niegue. A David Slade, (el tipo, nada menos, que de “Hard Candy” y “Treinta días de oscuridad”), solo le han dejado rodar los cuatro primeros minutos de la cinta. Esos cuatro primeros minutos incontestablemente redondos, pero únicos que merecen la pena de todo el plumbeo metraje que se te cae encima después. Y es que en este arranque del filme hay nervio, suspense, intención y terror emparentado incluso con el más clásico. Tras su visionado, perfectamente filmado por el mago Aguirresarobe, cualquiera podía albergar sanas esperanzas de un giro a positivo en el espíritu de una franquicia que tras su segunda parte bien podía clasificarse como nada apta para diabéticos.

Pero supongo que cuando Stephenie Meyer, la mente literaria creadora de las aventuras de estos pseudo-chupasangres adolescentes, le echó el ojo al comienzo de esta tercera entrega de su queridísima muy reaccionaria, ultrarreligiosa e hiperconservadora saga, montó en cólera, se rasgó las vestiduras y directamente largó del plató al bueno e inspirado de Slade (aunque le respeta los créditos), y se hizo cargo ella misma (o algún correligionario) de filmar el resto.

Así, acto seguido, aparecemos en un prado lleno de flores, ¡a pleno sol! y con los acaramelados protagonistas retozones hablando de amor, matrimonio y eternidades… Y ya no nos bajamos del empalagoso burro hasta el final, que concluye en una escena calcada, con los mismos chicos hablando nuevamente de amor, matrimonio y eternidades, evidenciando un nulo avance de la trama y que hemos echado ¡dos horas! en ver como, sencillamente, no ocurre nada. En medio, unos lobos creados infográficamente que cantan ópera, tabletitas de chocolate (o más bien chocolatinas) imberbes, gestos faciales en perpetuo estreñimiento, una música de Howard Shore evidentemente olvidable, acción tacañamente racionada, paradójica pero “lógica” ausencia visual de sangre, ropas que inexplicablemente aparecen, desparecen y reaparecen en las conversiones lobeznas, mujeres lujuriosas que tientan cual Eva al bueno y puro de Adan y demás exabruptos conceptuales, ideológicos y cinematográficos y empalagosidades en sus más exponenciales variables que me hacen comprender que mi alma está irremisiblemente condenada al infierno pues en esto de los vampiros sigo prefiriendo la muy pecaminosa, lúbrica y hemoglobínica serie “True Blood”.

By Harry Callahan

NOTA: 4/10

TÍTULO ORIGINAL: Negrita“The Twilight Saga: Eclipse”


miércoles, 7 de octubre de 2009

EN CARTELERA: "EL SECRETO DE SUS OJOS", un festín interpretativo, narrativo y visual

Hacer la crítica de “El secreto de sus ojos” es asunto bien sencillo. Se trata de la mejor película de habla hispana que he visto en muchos años. Ni más, ni menos. Y es que con este nuevo título, el cine de Juan José Campanella confirma estar en una progresión imparable hacia la plena excelencia.
Así, si la entrañablemente hermosa “El hijo de la novia” le descubrió definitivamente para el público internacional y cierto sector de la crítica, con ésta que ahora se estrena, el realizador argentino roza la perfección, superando a la anterior con creces.

Pues si en la protagonizada por la maravillosa Norma Aleandro, el filme ofrecía como bazas para la conquista del espectador una historia deliciosa y unas interpretaciones magistrales, todo ello orquestado con buena mano realizadora, en “El secreto de sus ojos” estos elementos se conjugan en perfecta afinación para alcanzar cotas mayores si cabe, agregándose un elemento adicional definitivo, que no es otro que un uso de los recursos estéticos y fotográficos sencillamente maestro.

En este sentido, la utilización de los colores, las sombras, los encuadres, los planos secuencia y todo lo que da y admite el ancho de pantalla son de quitarse el sombrero, convirtiendo a esta película en un auténtico festín visual, además de interpretativo y narrativo. Imprescindible pues su visionado en pantalla grande. Y es que todo en “El secreto de sus ojos” funciona como un excepcional mecanismo de relojería que hace que nos bebamos con ansia una historia que bascula entre el drama romántico y el thriller policiaco, y que se alimenta para su avance de ambos géneros a la limón, como ocurre con las vidas de los protagonistas, sus existencias, anhelos y aconteceres, que se anudan sin solución de continuidad con el iter de un caso abierto durante demasiados años.


Hay además, trasfondo social, retrato indirecto pero rotundo de un pasado inmediato de la Argentina menos limpia y, por su puesto, huelga decir que, como ya apuntaba más arriba, el plantel actoral está en estado de gracia: Darín y Villamil, habituales de Campanella, soberbios. Sus miradas, gestos y química son ejemplares, como también lo es la presencia un Guillermo Francella que borda quizás el papel de su vida, en un rol secundario impagable. Y la música, vaya delicadeza de score de Federico Jusid. Lástima que “El secreto de sus ojos” esté hablada en español, no la dirija Clint Eastwood y se haya hecho sin producción estadounidense, sino ya teníamos filme para arrasar en los próximos oscar.

By Harry Callahan

NOTA: 9,5/10

TÍTULO ORIGINAL:
“El secreto de sus ojos”
WEB OFICIAL Y TRAILER:
http://www.elsecretodesusojos.com/
DATOS ADICIONALES:
http://www.imdb.com/title/tt1305806/