sábado, 26 de noviembre de 2011

"UN MÉTODO PELIGROSO": A grandes expectativas, grandes decepciones

Curiosamente, comparten cartelera estos días dos cintas cuyos argumentos gravitan sobre la misma idea, aunque con obvias variaciones. Se trata de "Un Dios salvaje" y esta "Un método peligroso". Ambas tratan de escudriñar la verdadera naturaleza del ser humano, cuales son nuestros instintos y pasiones, y como nos afanamos en sublimarlos y reprimirnos para tratar de marcar distancias con los animales. El objetivo parece ser el mismo, sin embargo, los vehículos elegidos y los resultados son palmariamente diferentes. 

Una historia de amor demasiadas veces vista

Así, si la película de Polanski aprueba con nota el nada baladí trance de trasponer en imágenes la obra de teatro de Yazmina Reza, radiografiando con mordacidad lisérgica lo que somos aunque nos empeñemos en negarlo, no ocurre lo mismo con la última propuesta del canadiense David Cronenberg, que se me antoja a ratos contados interesante, pero a la postre fallida, por cuanto trata de mezclar dos troncos argumentales que no terminan de empastar.

Mortensen, lo mejor de la película

Y es que, de una parte, "Un método peligroso" plantea una más o menos clásica historia de amor "de época", con convencionalismos y reglas que violentar, y remordimientos y culpabilidades que al final envenenarán la relación, condenando a sus protagonistas a la infelicidad. De otra parte, todo ello se ambienta en los momentos históricos de triunfo de las teorías psicoanalistas de Freud que, no obstante, pugnarán con las de uno de sus epígonos coetaneos, en este caso, con las de Carl Jung, que las trata de matizar, en buena medida a consecuencia de sus experiencias vitales, ampliando su espectro a terrenos siempre negados por el celebérrimo psiquiatra austríaco.
Ambas intencionalidades narrativas, nacen, la primera, la de la historia de amor, de la novela "A Most Dangerous Method", de John Kerr; y la segunda, la centrada en la confrontación dialéctica entre Freud y Jung, de la obra teatral "The Talking Cure", del cineasta y escritor Christopher Hampton, que además oficia de guionista de la película, y al que, en buena medida pues habré de echar la culpa de lo que, principalmente, me falla en el filme: la historia que me cuenta. 

El canadiense David Cronenberg, realizador del filme

Y es que Hampton, aún versado en esta clase de trabajos (es el autor de libretos como el de "Las amistades peligrosas", "Expiación" o "Carrington"), no consigue, como apuntaba antes, armonizar ambas tramas y mostrar con brillantez la simbiosis y causalidad, hipotéticamente existente, entre la historia de amor y la evolución que sufre el pensamiento del doctor Jung en su contraste con el freudiano.
Porque, entre otras cosas, la historia de amor, además de mil veces vista, está carente de pellizco, de pasión e intensidades, por mucho que una histrioniquísima Kiera Knightley se empeñe en enfatizar, con un despliegue gestual del que sentiría orgulloso el más desbocado de los Jack Nicholson. Si se trata de asomarse a las peligrosos afectos que pueden desencadenarse en la esfera paciente-médico, propondría a Hampton, a Cronenberg y al espectador que echasen un vistazo a la estupenda serie de TV de la HBO "In Treatmen", donde el asunto se desgrana de un modo más diáfano e incisivo que aquí.
Y en las conforntaciones, tanto epistolares como vis a vis, que se suceden a lo largo del filme entre Freud y Jung, echo a faltar brillantez, agudeza y a la par, sencillez en los diálogos, que parecen, a ratos, estar criptografiados solo para versados en psiquiatría. No obstante, quizás en estos concretos pasajes dialécticos, es en donde la película capta más interés, sobre todo gracias al últimamente actor fetiche de Cronenberg, Viggo Mortensen, que consigue empacar una encarnación del tópicamente llamado padre del psicoanálisis tan eficaz como atractiva.

Keira Knightley, un recital de histrionismo

Además, puestos a buscar y no encontrar elementos que presupongo hallaría en una cinta del autor de "Inseparables" o "Crash", me sorprende la ausencia de retorcimiento y oscuridad, tanto en lo que se cuenta como en el modo en que se cuenta, pues pese a todo el trasunto del psicoanálisis y lo jugoso que ello podría resultar en manos de Cronenberg, me sorprende, por ejemplo, la inexistencia de audacia visual y lo excesivamente simple y rudimentario del look final de un producto en que falta huella de autor. 
Así las cosas y puestos a recomendar el visionado de trabajos más afortunados, hacer lo propio con "Tierras de penumbra", quizás mi película favorita de Richard Attemborough, en la que historia de amor y evolución, por su casua, de la filosofía vital del protagonista, si que resultaban extraordinaramente bien narradas, en boca además de unos protagonistas (Anthony Hopkins y Debra Winger), que desencadenan unos diálogos, estos sí, tan agudos como arrebatadores.

By Harry Callahan

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TÍTULO ORIGINAL: "A Dangerous Method"
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domingo, 20 de noviembre de 2011

"UN DIOS SALVAJE": Cáustica mirada a lo que somos y negamos ser

Yasmina Reza no podía haber encontrado mejor compañero de viaje, para la adaptación de su obra de teatro "Carnage", que Roman Polanski. La autora francesa, que ya se asomó a la naturaleza del ser humano en su celebrada obra "Arte", posee el mismo bisturí sociológico, buena parte del descreimiento existencial y un mucho del humor sardónico y oscuro que, perfectamente, se le puede imputar al autor de la reciente "El escritor". Buena prueba de esta sincronía de planteamientos vitales y creativos es que, no solo Polanski dirige este "Un Dios Salvaje", sino que también ha coescrito con Reza el libreto que sirve de base al filme.
Este matrimonio creativo, mejor avenido por suerte que los retratados en la obra, ha parido una adaptación extraordinariamente fiel al relato teatral, del que preserva su esencia y mordaz intención, que no es otra que escudriñar malsanamente en lo que realmente somos y en lo que nos esforzamos en aparentar ser.

El casting protagonista, en estado de gracia

Con las tintas cargadas de incorrección política y mala baba psicosocial, Reza y Polanski nos proponen una lúcida y demoledora disección de todas las parafernalias, convenciones y tópicos con que nos armamos para relacionarnos con aquellos con los que nos topamos día a día y con los que convivimos estrechamente, para tratar de evitar que salga a flote lo que realmente somos en última instancia: hijos de un Dios salvaje, egoísta y primitivo.
Y para ese empeño, aquí, como en la obra de teatro, el vehículo usado es tan arriesgado como efectivo: un sentido del humor tan negro y ácido como empático con el espectador, que se divierte, sin vergüenza, al reconocerse (o reconocer a quienes conoce), en los personajes protagónicos que tratan de sobrevivir a un festival de comentarios, diatribas y dardos tan envenenados como plenos de autenticidad y verismo, en esta metafórica carnicería (que es como se titulan película y obra de teatro originalmente).

Polanski dirigiendo a sus actores

Con todo ello, y por si no fuera poco, lo que mas me ha ganado del filme es que sabe escapar con soltura de los corsés que casi siempre amordazan el paso de la obra teatral a la pantalla de cine, dando como resultado que lo que vea el espectador no sea otra cosa que teatro filmado. Aquí no, la gran aportación de Polanski y de su innegable buen hacer como cineasta, es dimensionar el relato en coordenadas cinematográficas, apoyándose para ello en una diversidad de planos, puntos de vista fotográficos y montaje, que agilizan y nos hacen olvidar que todo transcurre entre cuatro paredes y entre cuatro personajes que no cesan de hablar.
Para el final me dejo lo obvio: que la guinda del pastel es haber contado con un elenco actoral difícilmente superable, aunque esto sea un lugar común de todas las críticas que sobre la película se viene haciendo. Pero es que Jodie Foster, John C. Reilly, Christoph Waltz y Kate Winslet están precisos, convincentes, reales, perfectos, cada uno en su arquetipo, en su misión de irse pelando las capas de impostura e hipocresía, para descubrirnos lo que realmente pensamos y no decimos, lo que verdaderamente haríamos y nos contenemos; lo que, en suma, somos y nos empeñamos en negar. 

By Harry Callahan

NOTA: 8,5/10


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TÍTULO ORIGINAL: "Carnage"
DATOS ADICIONALES: http://www.imdb.es/title/tt1692486/
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domingo, 13 de noviembre de 2011

"UN GOLPE DE ALTURA": ¿Puede un mono hacer relojes?

Si pones a Brett Ratner, autor de la trilogía de “Hora Punta”, a hacer una comedia de acción con poso social, sale ésto: una tontería cuya trama tiene más agujeros que un queso gruyere, con unas elipses tan absurdas como inexplicadas, y que no termina de funcionar bien, ni como peli de robos, ni como comedia. 
Además, el casting no empatiza, no empasta. Por él se pasea un tristísimo Mathew Broderick, sombra de lo que un día fue. Por contra, Ben Stiller va sobradísimo, pasándose de rosca al tomarse la cinta mucho más en serio de lo que debiera. Lo único salvable: un recuperado Eddie Murphy, paradójicamente, que no le da tiempo a cargarme; Tea Leoni borracha, absolutamente impagable; algunas escenas del robo que consiguen darme vértigo (aunque servidor se marea subido a una banqueta); y la música de Christophe Beck, un compositor habitual de este tipo de filmes, homenajeando a los scores de las pelis de robos de los 70. Pero ya digo, tampoco le puedes pedir a un mono que haga relojes... 

By Harry Callahan 

NOTA: 4/10 


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TÍTULO ORIGINAL: “Tower Heist” 
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sábado, 5 de noviembre de 2011

"TÍMIDOS ANÓNIMOS": Un delicioso bombón artesanal

Hay comedias que poseen un toque especial, que las hace diferentes. No tienen porqué ser obras maestras, ni acreedoras de galardones múltiples en festivales. Sin embargo, cuando las vemos, parece que nos reconcilian con el mundo. Poseen, en este sentido, una entrañabilidad que elude con habilidad la ñoñería. No obstante, también saben cómo mirar dentro del alma humana. Y lo hacen con una sensibilidad, afortunadamente, nada sensiblera. 

Opuestas a la ordinariez, el chascarrillo grueso y la escatología que puebla la actual comedia norteamericana, el tipo de cinta del que hablo es sutil, con gags sencillos y brillantes de la antigua escuela, y acertada en apostar todo su capital a líneas de guión rebosantes de autenticidad, e interpretaciones apegadas a la naturalidad más cotidiana. 
“Tímidos anónimos” es este tipo de película, que tan bien saben hacer los franceses, de vez en cuando. Una comedia que ofrece un estupendo rato de cine y que garantiza la sonrisa en los labios, y una sensación, cuando se enciende la luz de la sala, de que la vida, como diría aquel, puede ser maravillosa. 
Y es que, su director y coguionista, Jean-Pierre Améris, sabe definitivamente como llegar al espectador. La clave: trasladarnos vivencias comunes, situaciones reconocibles, con las que empatizamos de la mejor de las maneras. Para ello, como la mayoría de los buenos narradores, Améris ha acudido a sus propias experiencias vitales. El argumento de la película gira en torno a personas tímidas y emotivas, y sus atroces dificultades para enfrentarse al mundo, a los demás y a las relaciones íntimas. Y de esto el realizador galo confiesa saber demasiado, pues el mismo podría ser cualquiera de los protagonistas. De hecho, la frase que se dice en la película “…mientras no nos pase nada...”, la solía pronunciar a menudo su padre; y además no le duelen prendas al reconocer haber estado en uno de esos grupos de autoayuda que aparecen en la cinta. 
Pero además de la historia, y de cómo se cuenta, el otro gran sostén de esta sanísima comedia, como anticipaba antes, son sus intérpretes protagónicos Benoît Poelvoorde e Isabelle Carré, en estado de gracia, absolutamente maravillosos e irrepetibles en las encarnaciones de sendos tímidos de atar, a los que el azar, el destino o la Diosa fortuna unirá por obra y gracia del cacao. En este punto, es fácil decir que “Tímidos anónimos” es un bombón, pues la historia transcurre en una pequeña fábrica de estos deliciosos chocolates, pero es, honestamente, cierto. Si bien, como ocurre en la propia cinta, hablamos de una delicada, deliciosa y nada industrial delicatesen, elaborada con las mejores artes y la más deseable sencillez artesanal. 

By Harry Callahan 

NOTA: 7,5/10 


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TÍTULO ORIGINAL: “Les émotifs anonymes” 



DATOS ADICIONALES: http://www.imdb.es/title/tt1565958/

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sábado, 29 de octubre de 2011

"LAS AVENTURAS DE TINTÍN: EL SECRETO DEL UNICORNIO": El Indiana Jones que le gustó a Hergé


Cuentan que después de que Hergé, el creador de Tintín, se lo pasara pipa viendo “Indiana Jones en busca del Arca perdida”, se apresuró a telefonear a su director Steven Spielberg y le dijo que, sin duda alguna, el realizador de “E.T.” era el que mejor podía llevar a la gran pantalla las andanzas del inconfundible niño reportero del flequillo. Pese a que Spielberg adquiriría casi a renglón seguido los derechos de los cómics  desafortunadamente, el historietista belga se quedaría con las ganas de ver el resultado, pues moriría muy al poco, y no ha sido hasta casi treinta años después que aquel desiderátum se ha convertido en realidad. 



Hincando el diente a la cinta, lo primero que hay que decir es que muy probablemente lo que le gustó a Hergé de aquel Indiana Jones fueron precisamente los lugares comunes que guardaba respecto de sus cómics: entre otros, el gusto por la aventura clásica del cine de los 40, el slapstick del cine mudo y un sentido lúdico sin otros límites que los que la imaginación fuera capaz de poner, esto es, prácticamente ninguno. En ese sentido, el círculo se cierra ahora respecto a la anécdota que antes decía pues “Las aventuras de Tintín: El Secreto del Unicornio” no es más que una reinvención de la saga de Indiana Jones, a día de hoy absolutamente caducada después del tremendo fiasco que supuso la última y muy postrimera entrega. 



Desde esta óptica hay que decir que del envite, Spielberg ha salido más que triunfador, pues todo el que se aproxime a estas aventuras de Tintín con ojos desprejuiciados, se descubrirá a si mismo, a los pocos instantes, gozando cual chaval en una matiné de sábado. A ello contribuye de modo definitivo la decisión de convertir el proyecto en un filme de animación, el primero que acomete su director. Esto ha puesto en manos del realizador de “Tiburón” un juguete con el que dar rienda suelta a su creatividad más desenfrenada, permitiéndole poner en imágenes un sin número de efectos, planos, secuencias, montajes paralelos y otros recursos fílmicos, que en una película de imagen real hubiera resultado tremendamente caro o materialmente imposible. Master pieces como la secuencia de la persecución por las calles de la imaginaria ciudad norteafricana, o el abordaje del unicornio por el barco pirata así lo corroboran. 

Spielberg y Jackson dan indicaciones a Bell y Serkis

Sin embargo, en la propia animación posee quizás este Tintín su talón de Aquiles, pues si bien es bastante notable el nivel de perfeccionamiento de la técnica usada de performance capture (rodar con actores reales enfundados en trajes con sensores para captar el movimiento), aún esta tecnología no consigue hacernos olvidar que estamos en presencia de una animación, lo que en determinados instantes nos deja en un a medio camino entre la cinta de dibujos animados clásica y el filme de personajes de carne y hueso. 

¿Peter Hernández y Steven Fernández?

También eché de menos en el score compuesto por ese genio, afortunadamente aún vivo, que es John Willimas, un leit motiv musical con el que identificar ya para siempre las andanzas de Haddock, Tintín y Milú. No obstante, ellos no son más que unas insignificantes y hasta cicateras pegas a la vista de un conjunto notoriamente irreprochable, en el que nuevamente el autor de “Parque Jurásico” da una lección en cada fotograma de cómo combinar en idílica perfección humor, aventuras y acción con el empaque y la sencillez más clásicas y la disfrutabilidad más ansiada por el público que busque un cine sin dobleces, orgullosamente evasivo. 

By Harry Callahan 

NOTA: 9/10 

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TÍTULO ORIGINAL: “The Adventures of Tintin: The Secret Of The Unicorn” 



DATOS ADICIONALES: http://www.imdb.es/title/tt0983193/

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jueves, 27 de octubre de 2011

"MARGIN CALL": Gangsters de cuello blanco

“Margin Call” es en esencia un thriller, una película de atracos contada casi en tiempo real. La única diferencia es que aquí los ladrones no llevan pasamontañas, ni amenazan con matar a punta de pistola, sino que van encorbatados y utilizan como arma la ingeniería financiera para igualmente llevársenos la pasta. De hecho, más que un banco de inversión la corporación del filme (una indisimulada sosías de Lehman Brothers) es ciertamente un sindicato mafioso, con su capo al frente (un impresionante Jeremy Irons), con sicarios que en lugar de matar, despiden, y con el célebre lema gansteril “no es personal, son negocios” por corolario que todo justifica. 

Además, como en toda buena banda de gangsters, a medida que transcurren los años en ella y se asciende en el escalafón, más se deshumaniza el alma, se desprecia cualquier clase de límites morales, y más se vende la existencia al Diablo que lo quiere todo y que te dejará sin nada si te interpones o pretendes tener algo tan sencillo como una vida al margen. 
Enfatizando cuanto digo, el atraco que cronologiza la película del inspirado debutante J. C. Chandor, responsable también de su brillante guión, se hace con premeditación y tiene lugar, como los buenos robos, embozados en la nocturnidad, metafóricamente fotografiada en la semi penumbra en la que actúan los personajes en la oficina, cuando ya no hay nadie. 
Y como si todo ello no justificase ya de por si el visionado de “Margin Call”, la cinta está cuajada de inspiradas metáforas como la del abismo en la azotea, o el sonido de la pala enterrando sobre los títulos de crédito finales. Y está construida sobre la base de diálogos escritos con incisión expeditiva, con intención pero sin panfletarismo, y además dotados de una brutal verosimilitud a la que contribuye como guinda un casting de actores al que no cabe oponer pero alguno. Kevin Spacey, Zachary Quinto, Paul Bettany, Simon Baker, Demi Moore o Stanley Tucci, están sinceramente brillantes, y sobresaliente, insisto, un Jeremy Irons felizmente recuperado para el cine con mayúsculas, después de los excesivos trabajos alimenticios encadenados en los últimos años. 
De este modo, “Margin Call” se erige en un filme diseccionador del alma del capitalismo que recuerda a la estupendamente escrita por David Mamet “Glengarry, Glen Ross” y que resulta tan imprescindible como “Inside Job”, para que no nos la den con queso a la hora de entender el porqué de la crisis que nos ha tocado sufrir.

by Harry Callahan

NOTA: 8/10

TÍTULO ORIGINAL: "Margin Call"


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DATOS ADICIONALES: http://www.imdb.com/title/tt1615147/

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sábado, 8 de octubre de 2011

"INTRUDERS": Una película de M. Night Fresnadillo

Me gustan las cintas de género. Creo además que, en una cinematografía como la nuestra, este tipo de filmes contribuyen definitivamente a crear industria. Alabo además el gusto y el riesgo que toman quienes apuestan por películas como “Intruders” que por factura, casting y ambición, perfectamente pueden competir de tú a tú con cualquier producto hollywoodiense. 


Además, me gusta que puestos a buscar inspiración se haga en los que mejor manejan los resortes del fantástico, el terror y el suspense. O mejor aún, en quien más inteligentemente sabe conjugar el moderno ABC de este tipo de películas. Me refiero al no siempre bien interpretado pero innegablemente genial en estas lides M. Night Shyamalan. 

Y es que “Intruders”, debe mucho al modo de hacer cine del realizador de origen indio. Así, guionísticamente, son innegables los parentescos entre la cinta de Fresnadillo y títulos como “El sexto sentido” o “El protegido”, en donde los hechos se van sucediendo paulatinamente hasta desembocar en un climax explicativo que da un sorpresivo giro de tuerca con la pretensión de asombrar a la platea. También a la filmografía de Shyamalan se asemeja “Intruders” en el uso de personajes y sus psicologías, con preponderante presencia de niños y sus padres, en el seno de familias digamos que desafinadas. 

No obstante, el realizador canario Juan Carlos Fresnadillo no es M. Night Shyamalan y, aunque desde el punto de vista sobre todo plástico, hay que reconocer cierta huella de autor, en esta su última cinta anda corto de pegada, de chispa que haga embeberte en la historia. Falta esos momentos en los que se te hiele el sudor y erice el bello. Esos momentos de suspense y terror que te hagan querer no mirar, no porque lo que se cuente esté inundado en vísceras y hemoglobina, sino porque es tal la tensión y la mimetización con los personajes que sufres con ellos como si hubieses traspasado la pantalla. 

Y es que en esos terrenos el realizador de “El Bosque” se las pinta inimitablemente, conjugando los tres más básicos elementos de la narración fílmica: imagen, montaje y silencios/música, de un modo difícilmente alcanzable, con la salvedad de tipos como Amenábar que con, por ejemplo, la por otro lado muy shyamalaniana “Los Otros”, sí que consiguió tenernos a todos con el corazón en un puño. 

En el debe de “Intruders” también coloco el hecho de que exige demasiado del espectador a la hora de encontrar explicaciones de porque ocurren ciertas cosas, algunas de ellas capitales en el desenlace y final de las historias paralelas que tejen la película. Y ello no porque no existan piezas suficientes para completar el puzle, sino porque nada costaba evidenciar las cosas con algo mayor claridad. 

No obstante, la última realización del autor de otros filmes más afortunados como su debut “Intacto”, no es para nada despreciable, pues a la postre consigue ser un entretenimiento que mantiene el interés del espectador al que, a excepción de algunas trampas excusables propias del género, Fresnadillo trata con respeto, le presume inteligente y le propone un producto de calidad y altura muy superior incluso a la media made in USA, lo que evidencia que algo se mueve y hacia horizontes mejores en nuestro cine patrio. 

By Harry Callahan 

NOTA: 7/10 
TÍTULO ORIGINAL: “Intruders” 
DATOS ADICIONALES: http://www.imdb.com/title/tt1634121/
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domingo, 25 de septiembre de 2011

"NO HABRÁ PAZ PARA LOS MALVADOS": No es cine español, afortunadamente

“No habrá paz para los malvados”, definitivamente, no es cine español. Me explico. No es un lacrimógeno dramón sobre nuestra (revisitada hasta el hartazgo) Guerra Civil. Tampoco es una comedia pretendidamente romántica y urbanita, protagonizada por las ñoñas caras televisivas del momento. Ni es un petardo erótico de esos que gustan perpetrar en ocasiones los enfáticos hasta la compulsión Vicente Aranda y Bigas Luna. No, definitivamente, lo último del vasco Enrique Urbizu no es este tipo de películas que parecen representarnos siempre. Afortunadamente, como diría aquel, otro cine español es posible. Uno, el de género, que no pretende otra cosa que entretener, utilizando una herramienta tan simple como certera, el trabajo bien hecho, sin concesiones, ni reclamos.

Y es que, en este sentido, el realizador de la modélica “La caja 507”, parece haberle cogido el tranquillo, desde hace años, al thriller, al policíaco de libro; que ha ido perfeccionando, filme a filme, desde aquella falible pero denotativa, en cuanto a intenciones, “Todo por la pasta”. A la par, Urbizu, con el paso de los títulos ha ido perdiendo artificio y exceso, y ganando en sequedad y concreción, aspectos siempre elogiables en la narración negra y en quien está radicalmente centrado en lo que realmente importa al que se sienta en la butaca: la historia, cómo contarla y quienes la cuentan.

Desde este punto de vista, “No habrá paz…” es modélica. En lo que a cómo contar lo que pasa (que es mucho), todo en la cinta existe y converge hacia un solo fin, perseguido con fruición ejemplar: ir desgranando la trama, hacer avanzar la narración y convertir a los espectadores en auténticos detectives que, pista a pista, van resolviendo un enrocado rompecabezas (nada simple de contar) sin desvelar ni dar mascado más de lo necesario. Con ello la intriga pica y engancha al espectador curioso ávido de ver que hay al final del hilo, dentro de la intrincada madeja.

Y en lo concerniente a quienes cuentan la historia, habría que hablar de un casting cuajado de ajustados y más que idóneos actores y actrices, que dan vida a un prolijo pero necesario collage de personajes. No obstante, al hablar de nombres propios dos están cantados. El primero es el de Helena Miquel, la cantante del grupo Facto Delafé y Las Flores Azules, que se descubre con la avispada encarnación de una jueza absolutamente veraz, tan expeditiva en el verbo, como comedida en las formas y nada frágil o carente de determinación, pese a sus innegable iniciales apariencias. Revelador, por cierto, es el uso que de su personaje se hace para destapar sonrrojantes fallas en el sistema.

Y, claro está, el otro nombre propio sería el de José Coronado, que ya busca hueco en casa para su Goya, y que en esta nueva colaboración con Urbizu, construye un personaje caramelo para cualquier actor, pero al que, ojo, hay que dotar de impronta, carácter y presencia física en la pantalla, retos todos superados con nota y sin caer en el fácil pecado del histrionismo. Lo único que echo a faltar en este papel de malísimo en redención (y no es mácula de Coronado, sino omisión en el libreto) sería quizás haber escudriñado más en su vida antes, en ese tránsito vital de la luz a la más violenta, sucia y autodestructiva oscuridad. Una mancha que no debe enturbiar para nada el conjunto y que se restañaría con el presto rodaje de una imprescindible precuela en la que conozcamos todo lo que intuimos y se atisba del pasado de este autentiquísimo tipo llamado, no por azar, Santos Trinidad.

By Harry Callahan

NOTA: 8/10 



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TÍTULO ORIGINAL:
“No habrá paz para los malvados”

TRAILER: http://www.sensacine.com/peliculas/pelicula-182012/trailer-19224530/

WEB OFICIAL: http://www.nohabrapaz.com/

DATOS ADICIONALES: http://www.imdb.com/title/tt1661862/
   


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miércoles, 10 de agosto de 2011

"SUPER 8": Abrams homenajea al Spielberg de los 80

El secretismo que rodeó el rodaje de “Super 8”, causó el efecto deseado: levantó enormes expectativas acerca de qué de nuevo nos iba a contar su realizador J. J. Abrams. Vista la cinta, nuevo, nuevo, realmente la película no propone nada, más bien todo lo contrario, pues el film nos sumerge de lleno en un revival del cine de los ochenta, o más bien, del cine de aventuras juveniles que tanto prolifero en aquella década y de la que Steven Spielberg (productor a sazón de “Super 8”), fue un gran auspiciador. Es más, la última cinta del creador de la serie “Perdidos” constituye, a poco que se reflexione, un innegado e innegable homenaje al realizador de “Tiburón”.
Y es que en “Super 8” hay momentos que nos hacen recordar numerosos pasajes de otros tantos filmes con la indeleble huella del mago Spielberg. Cintas dirigidas por él como “ET”, “Tiburón”, “Encuentros en la Tercera Fase”, “1941” o “Parque Jurásico”. Y otras producidas por el creador Amblin: como “Gremlins”, “Los Goonies”, “Poltergeist”, “El secreto de la Pirámide”, “Harry y los Henderson” o “Aracnofobia”, por citar las más evidentes.
Hablamos de cine familiar, con pandilla de niños, bicicletas, un pequeño pueblo, fenómenos extraños, amistad, emoción, suspense y una buena dosis de algo casi perdido hoy por hoy: la magia cinematográfica bien apoyada en conseguidos efectos especiales. Elementos todos ellos presentes en la extensa filmografía del autor de “Indiana Jones”, sobre todo en la década de los ochenta, cuando sus películas aún no se habían hecho tan adultas como luego serían. Baste pensar en “La lista de Schindler” o “Munich”. Además, la que ahora nos ocupa es un película que rinde modesto tributo a todos aquellos que, como el mismísimo Spielberg, Tim Burton, David Fincher o el propio, J. J. Abrams, jugaban a ser cineastas con una cámara de “Super 8” en sus manos y la ayuda de cuantos amigos y familiares lograban embarcar.
Trascendiendo su vocación innatamente homenajeadora, y yendo al meollo crítico “Super 8” posee un emotivo prólogo que hace esperanzarse al cinéfilo, y una primera media hora de arranque poderosísimo que alcanza su cenit en la impactante secuencia del descarrilamiento y la desapariciones posteriores. Sin embargo, lo que sigue a continuación es un ostensible descenso de nivel a mediados de metraje, que desemboca en un tercer acto en la que todas las buenas ideas se diluyen, confunden, distorsionan y se mal desenlazan, precipitando la conclusión del filme a una colección de obviedades previsibles carentes de congruencia, lógica y calidad en comparación con los presupuestos iniciales del film.
No obstante, salvo esas erráticas postrimerías, “Super 8” es notoriamente disfrutable para todos aquellos que crecimos con “My Sharona” sonando en el walkman, o ensoñados con las películas que musicaron los ochenteros soundtracks de Goldsmith, Horner o Williams, a los que aquí el cada vez más maestro Michael Giacchino también homenajea con brillantez.
Por último, solo aconsejaros que prestéis atención, claro está, a la pandilla de críos protagonistas, algo que siempre Spielberg ha mimado en sus castings, pues ha gustado de contar sus historias con ojos de niño. Muchos de ellos darán que hablar. Destaco al protagonista, Joel Courtney; al pirotéctico Ryan Lee y a Elle Fanning, la chica por la que toda la panda bebe los vientos, que al igual que su hermana Dakota, está predestinada a comerse, literalmente, la pantalla.  

By Harry Callahan

7/10


TÍTULO ORIGINAL: “Super 8”
DATOS ADICIONALES: http://www.imdb.com/title/tt1650062/
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sábado, 6 de agosto de 2011

"EL ORIGEN DEL PLANETA DE LOS SIMIOS": Muy eficaz precuela de una saga mítica

Tras ver “The Escapist”, una modesta pero efectiva cinta de fugas carcelarias, nada hacía presagiar que con este debut tras las cámaras, al inglés Rupert Wyatt le iba a caer en sus manos rodar nada menos que la película que cuenta el origen de “El planeta de los simios”.
Y es que la Fox, subida al carro de re-explotar viejas franquicias, series y todo aquello peliculable que pueda partir de una cierta familiaridad en el público y garantiza rentabilidad taquillera, ha decidido ahora poner en imágenes un nuevo episodio de la mítica saga que originara el siempre genial Franklin J. Schaffner a finales de los años 60 del pasado siglo.
Por suerte y supongo que escarmentados de lo vacua e innecesaria que resultó ser, hace una década, la experiencia burtoniana de hacer el engolado remake de la cinta original, la apuesta ahora, ha sido la de contar cómo los simios comenzaron a dominar una Tierra de la que los humanos pasaron a quedar casi extintos. 
Llegados a este punto, hay que recordar que, en no pocas ocasiones, y en lo que a la ciencia ficción se refiere, el acierto suele estar en la carencia de pretensiones y en partir de planteamientos, ante todo, lúdicos a los que se inyecta un tanto de moraleja existencial y un punto de cientifismo futurista, que otorguen cierto fuste e interés al producto. Pues bien, este es el concepto que guionistas, realizador y productores han adoptado a pies juntillas en “El origen del planeta de los simios”. 
En este sentido, la historia y el mensaje que se propone, pese a estar mil veces contado, sirve a la perfección para apoyar una puesta en escena tremendamente eficaz, con perfecto ritmo in crescendo y en la que se imbrican con envidiable acierto la imagen real y la digital. Además, el simio Cesar, bajo los rasgos actorales de Andy Serkis (el que fuera Golum en la trilogía “El Señor de los Anillos”), aparte de hacerse el amo de la trama, también lo hace de la película y la platea, reflejando, con el único apoyo del gesto, una evolución psicológica inobjetable, que ya quisieran para sí muchos protagonistas fílmicos dotados de voz y texto. 
Y es que, lo que más me gusta del filme de Rupert Wyatt es que trata de tú a tú al espectador, sin tangarle, sin hacer que comulgue con ruedas de molino y ofreciéndole algo tan sencillo como demasiadas veces proscrito de las salas de cine: el entretenimiento honesto, bien contado y mejor resuelto, en una cinta en la que cada dólar de un no excesivamente amplio presupuesto, está tan exprimido como ejemplarmente aprovechado.             

By Harry Callahan
7,5/10


TÍTULO ORIGINAL: Rise of the Planet of the Apes
SOBRE LA MÚSICA DEL PODCAST: http://www.jamendo.com/es/track/732501 

domingo, 10 de julio de 2011

JUSTIFIED: La ley de Elmore Leonard


Elmore Leonard es el tipo que está detrás de las historias que dieron lugar a películas tan interesantes como “Un romance muy peligroso”, “Jakie Brown” o el western “El tren de las 3:10”. Por eso, cuando la cadena americana FX decidió poner en marcha una serie basada en un relato corto suyo (“Fire in the hole”) y colocar al propio Leonard en la producción ejecutiva del proyecto, el asunto generó un ineludible atractivo.
El piloto resultó ser espléndido, ilustrando con precisión la atractivísima fauna de personajes que habitarían las tramas subsiguientes, en una geografía de la profunda Kentucky ideal para una narrativa poliédrica ineludiblemente inspirada en la propia del autor de “Hombre”.
Trailer de la primera temporada

Al piloto se anudó una primera temporada superior a la media convencional de los policíacos televisivos. “Justified” así se ofrecería como un honesto producto, que a lo largo en sus primeros trece episodios, enganchaba a la chita callando. Las claves, las obvias del género, pero bien cultivadas. A saber, un personaje protagonista desbordante en carácter, mas unos casos por resolver lo suficientemente atípicos como ser acreedores de atención.
Pero amigos, a la primera temporada, siguió una segunda. Y, si buen paladar nos había dejado la anterior, en los nuevos episodios la cota de calidad se elevaba hasta convertir a “Justified”, indubitadamente, en una de las mejores series del año. El truco es tan viejo como conocido y obvio, aunque muchos showrunners a menudo parezcan ignorarlo. Nuevamente buenos personajes e historias bien trabadas marcan la diferencia.
Entrevista con E. Leonard sobre sus obras

Los primeros, sólidos, con psicologías perfectamente delimitadas, con desarrollos coherentes e interpretados con una corrección impecable. Del casting, especialmente brillante, destaco esta segunda season a la matriarca Margo Martindale, a su tullido hijo en la ficción Jeremy Davies, a la femme fatal Natalie Zea, al imprevisiblemente grandioso Walton Goggins, al veterano Raymond J. Barry, a la no menos bregada Linda Gehringer, y, como no, al protagonista por antonomasia de la función, Timothy Olyphan, inspiradísimo en esa especie de reencarnación actualizada del Eastwood de películas como “La jungla humana”. Todos ellos, acompañados de una coral de secundarios que no yerran una sola nota.
Entrevista con Leonard, Yost y Oliphant tras la 2ª season

Y las historias, claro, paridas con lucidez brillante por el propio Elmore Leonard y el creador de la serie, Graham Yost. O más concretamente, la historia, pues en estos segundos trece episodios (y a diferencia de la primera temporada, en la que muchos eran capítulos eran autoconclusivos), hay un hilo conductor básico, un argumento madre, del que se ramifican diversas tramas que convergen siempre en el personaje del Marshall Raylan Givens que hará que progrese y, finalmente, concluya una historia que (resueltamente rodada por realizadores como Jon Avnet, Adam Arkin o Tony Goldwyn), tiene poso, sorprende, gira, avanza y deja al final de cada capítulo unos cliffhangers que te hacen querer ver la temporada de una sentada.

By Harry Callahan

NOTA: 1ª Temporada 7,5/10 - 2ª Temporada 9,5/10 
TÍTULO ORIGINAL: Justified
DATOS ADICIONALES: http://www.imdb.com/title/tt1489428/
SOBRE LA MÚSICA DEL PODCAST:  http://ccmixter.org/files/unreal_dm/31048

sábado, 4 de junio de 2011

"X-MEN: PRIMERA GENERACIÓN": La saga vuelve por la puerta grande

Matthew Vaughn le produjo a Guy Ritchie las que probablemente sean sus mejores películas hasta la fecha: “Lock and Stock” y “Snatch: cerdos y diamantes”. Pero pronto a Vaughn le picaría el gusanillo de dirigir y probó suerte debutando con una opera prima excelente: “Layer Cake: crimen organizado”, una de gangsters a caballo entre Tarantino y, sobre todo, Scorsese. Tras ésta se metió en vericuetos fabulísticos con una irregular pero meritoria “Stardust”, y volvió a dar en la diana con “Kick-Ass”, una genial gamberrada friki con la que me ganó definitivamente.
Ahora Vaughn por fin se hace cargo de la franquicia de los X-Men. Y digo por fin, porque a punto estuvo de hacerlo en la anterior entrega de la saga, por indicación expresa de Bryan Singer (autor de las dos excelentes primeras partes). Pero “La decisión final”, que así se llamó el filme, definitivamente, lo perpetraría el siempre mediocre Brett Ratner, cuya único y aislado mérito hasta hoy es haber sido productor ejecutivo de la (pese a ello) estupenda serie de TV “Prison Break”.
Pero no me enredo y vuelvo a los X-Men. La cuarta parte de la patrulla de mutantes lleva por título “Primera Generación” y, como decía antes, la ha realizado Matthew Vaughn y es, en realidad, es una precuela. Nos lleva a cómo empezó todo. A cómo nació la amistad, finalmente tornada en rivalidad, entre Charles Xavier y Magneto, allá en los años 60, con los Kennedy en la Casa Blanca y la crisis de los misiles de Cuba como telón de fondo.
Para la ocasión Vaughn nos propone un thriller de aventuras comiqueras invadido por los elementos clásicos de las películas de James Bond y las claves de propias de la saga de los X-Men (con guiños a las anteriores entregas cinematográficas, con cameos de Hugh Jackman y Rebbeca Romijn Stamos incluidos).
Llegados a este punto, he de confesar que lo que más me gusta de Vaughn es su sentido del espectáculo y el ritmo agilísimo que imprime a sus trabajos. Y éste es claro ejemplo. Las más allá de dos horas en las que se desarrolla el metraje pasan en un chasquear de dedos, gracias a un perfecto maridaje de planificación fílmica, montaje y audacia visual, además, claro está del apoyo en un libreto en el que ha metido mano Bryan Singer (también productor ejecutivo del filme) y se nota.
Por otra parte, y esto también me parece clave, “X-Men: Primera Generación” carece de otra ambición que no sea la de hacer disfrutar al espectador de un rato de saludable evasión. Opción la más correcta, habida cuenta además del evidente recorte de presupuesto sufrido respecto a entregas previas que se nota comparativamente, sobre todo en los efectos visuales.  Sin embargo, de un lado, la inventiva visual de Vaughn (patente en escenas tan logradas como la primera conversión de Bestia) sabe resolver sin que se eche en falta lo que el dinero no pudo pagar; y, por otro lado, el propio aire, como indicaba, nada pretencioso del filme hace que este defecto, muy al contrario, dote a la película de un halo camp supongo que no buscado pero delicioso.  
No obstante, hay que decir que la ambientación en los 60, años que disfrutan de un alabado revival gracias la exitosa serie “Mad Men” (de la que también aquí hay algo), es no obstante tan resultona como atractivo es descubrir, en aquellos convulsos años, el origen de los personajes y el porqué de sus posiciones en un futuro natural y lógicamente enfrentadas.
Celebro pues, en resumen, la vuelta por sus fueros de una saga que, desde que Singer abandonara la silla de director, no había tenido un título a la altura de las circunstancias. Como también celebro la definitiva llegada para quedarse de un estupendo actor, Michael Fassbender (descubierto para muchos en “Malditos Bastardos”), que dota a Magneto de una dignidad, psicología y verismo a la altura de la que en su día le confiriese Sir Ian McKellen.

By Harry Callahan
8/10
TÍTULO ORIGINAL: “X-Men: First Class”
ESCUCHA ESTA CRÍTICA EN PODCAST: http://blip.tv/file/get/Harrycallahan-XMENPRIMERAGENERACION532.mp3 
DATOS ADICIONALES: http://www.imdb.com/title/tt1270798/
SOBRE LA MÚSICA DEL PODCAST: http://ccmixter.org/files/hisboyelroy/1536