Con la excepción de obras tipo “Los santos inocentes” o “La colmena”, la filmografía de Mario Camus es tan irregular como notables sus intentos por cuajar títulos en apariencia sencillos, pero de fondo enjundioso. A esta última categoría pertenece “El prado de las estrellas”, una sorpresiva traslación al universo hispano de un buen puñado de tópicos del cine americano, con un regusto clásico más que personalísimo. Y paso a explicarme. De un lado, el argumento de la cinta nos propone un western, de esos en los que los rancheros ricachones extorsionan, sin escrúpulos, a los pequeños propietarios de tierras para que estos vendan. También en clave de película del oeste está la chica, habitualmente maestra, aquí asistenta social, que llega al pueblo huyendo de no se sabe muy bien qué y de la que se enamorará algún vaquero.Por último, y abandonando el género que tanto y tan bien cultivaron los Ford, Hawks y compañía, todo ello se mezcla, en asombrosa sincronía, con una historia de superación deportiva. De esas que tanto gustan a los yanquis, pero con matices. Imaginad la habitual historia de un joven al que un viejo entrenador descubrirá y le hará brillar lo que se merece. Claro que suena. Pero tomemos la reinterpretación que de estos argumentos nos propuso el maestro Eastwood en su sobrecogedora “Million Dollar Baby”. Filtrémosla a través del ojo de Camus y situémosla en la naturaleza privilegiada del norte de nuestro país.
Todo esto es “El prado de las estrellas”, y también una estupenda interpretación de Álvaro de Luna (el célebre Algarrobo), tan comedido como equilibrado en su encarnación del hombre honesto, castigado injustamente por la vida, que toda película americana clásica también merece. El único problema del film es que el resto del elenco actoral está interpretado con tendencia a un énfasis más propio del teatro que del celuloide. La literalidad de los diálogos, no obstante, casi fuerza a ello.
Concluyendo, una más que notable cinta que atesora un curioso número de sorpresas que engarzan, de modo más que ajustado, al gusto de amantes de las historias pequeñas y los paisajes que hablan.
By Harry Callahan
NOTA: 7/10
DATOS TÉCNICOS Y TRAILER: http://www.mangafilms.es/elpradodelasestrellas/

La otra teleserie que me he echado a la vista es el piloto de “Fringe”, serial que comenzará a emitirse en USA a partir de septiembre y que también me ha resultado muy flojo. Venía precedida del marchamo de calidad que supuestamente da el estar producida y escrita por J. J. Abrams (“Perdidos” o “Alias”). Sin embargo, este intento de hacer una nueva franquicia tipo “Expediente X” no funciona. Así, si bien el look de la serie es espectacular, muy cinematográfico y rodado sin escatimar en presupuesto, todo queda en fuego de artificio pues falla el fondo: lo que se cuenta y cómo se cuenta. Y es que si ya es difícil sorprender en el género de la ciencia ficción con algo nuevo tras las múltiples y variadas andanzas de Mulder y Scully, si encima, se explica todo poco, mal, con un sentido del humor que te expulsa de la trama y con frecuentes elipsis de fácil colocación para salir de cualquier situación complicada, el resultado es un nuevo fracaso en la sobrevalorada carrera del creador de la también fallida “Six Degrees”.






Pero a partir de la mitad de la cinta, coincidiendo con que la pareja protagonista pasa la noche en un motel y a Norton, curiosamente, le cortan el pelo, la cinta, como le ocurriera a Sansón tras pasar por las manos de Dalila, pierde todo su fuelle, buen hacer y virtud, para convertirse en una sucesión de obviedades, efectos especiales, y simpleza narrativa, que desembocan en una pelea final tan ruidosa como mal resuelta. Una segunda parte de filme que es larga y está cuajada de personajes con psicologías ausentes.



Con estos antecedentes, y tras diversas dificultades para financiar su nueva película, nos llega ahora “El incidente”. De entrada, he de reconocer que en esta ocasión me resulta difícil defender a Shyamalan de ser despellejado, como viene siendo últimamente tradicional. Y es que en sus propias virtudes lleva este realizador su castigo. Y me explico. Si “El incidente” lo hubiese rodado un director novel, sería muy probablemente aplaudido, pues la cinta atesora momentos sobrecogedores, como las distintas escenas de suicidios colectivos (tanto los que se ven, como los que sólo se imaginan); un tratamiento del sonido, como es marca de la casa, ajustadísimo; un maridaje entre imagen y el score de James Newton Howard perfecto; y es intensa puntualmente en la creación del suspense y el miedo ante lo desconocido. Sin embargo, Shyamalan no es un director novel y pese a su confesada devoción por el maestro Hitchcock, se le debe exigir algo más de una suerte de versión ecológica de “Los pájaros”. Y pese a su también obvia admiración por Spielberg, se espera algo más que una mezcla entre “Encuentros en la tercera fase” y “La guerra de los mundos”.







