sábado, 17 de marzo de 2018

"15:17 TREN A PARIS": Un Eastwood en su esencia

El cinéfilo tiene propensión a sufrir lo que llamaremos la enfermedad de la directoritis. Esa que hace que vayamos al cine con prejuicios. Teniendo muy claro que hubiéramos hecho con la peli en cuestión. Olvidando que eso no es lo importante. Que lo que cuenta es lo que el realizador del filme haya querido hacer. Otra cosa es el gusto personal, y si, desde ese subjetivo punto de vista, el producto nos ha molado o no. 

Pero, repito, hablamos de gustos. Que, como los culos, cada cual tiene el suyo. Otra cosa es la valía per sé de la película y su corrección. 

Así, en lo último como director de Clint Eastwood, lo importante no es que me apetezca que cada una de sus películas sean un "Sin Perdón". Y que me frustre cuando ello no ocurre, empujándome a expeler diatribas tuiteras que en el fondo no son más que el pataleo infantil del niño que esperaba un regalo de cumpleaños que al final resulta ser otro. 

Así, creo que, en el caso de Clint, las cosas hay que verlas en su contexto y , a estas alturas de filmografía, el que diera vida a Harry El Sucio pocas cosas tiene que demostrar. Y mucho menos que es capaz de hacer peliculones cuando toca, por muchas muescas que la edad le haya endiñado a su magnum. 

En esta perspectiva, realista y no caprichosa, hay que pensar que es lo que Eastwood ha querido hacer en "15:17 Tren a París". Y ahí el asunto está muy clarito. 

Si hay algo con lo que este realizador lleva obsesionado en buena parte de su filmografía, es con el héroe corriente. El de la calle. Ese del que nunca escribirán una hagiografía, pero que llegado el momento hace lo que tiene que hacer y eso marca la diferencia. Este asunto es particularmente patente en sus últimas entregas como cineasta. Pensemos en "Sully" o "El Francotirador"


La peli del tren es un paso más en esta senda reivindicativa. Y es un paso más allá. Porque al propio hecho ya reiterado de llevar a la pantalla hechos reales, vidas reales, se une ahora el que son los propios protagonistas de esos hechos los que reconstruyen como actores los mismos, llevándonos al planteamiento más desnudo (si cabe y es posible) de ese leit motive. Siendo a la postre el filme más Eastwood de toda su filmografía. El más esencial. El que más descubre ese meollo. 

Se ha dicho que la película es vulgar en su puesta en escena, salvo el episodio propiamente dicho del tren. Y que tramos como el de el eurotrip de los protagonistas es malo, largo, insufrible. 

Una vez más discrepo. Estamos ante un trabajo tan pulcro y aseado como muchas de las pelis de Don Siegel de las que Eastwood aprendió. Pero si hay algo que abraza esta película es el naturalismo. El que persigue trasladarnos una existencia por auténtica, anodina. Como es la de cualquier ser humano corriente. Para enfatizar la idea de que cualquiera de nosotros, por muy simplones y fracasados que podamos parecer ser, llegado el momento, el lugar, podemos ser héroes. Que los que aman ver como el cine francés post nouvelle vague se extasía viendo crecer a yerba, no se rasguen ahora las vestiduras. También aquí hablamos de un autor que nos quiere contar su película, mis muy queridos y relamidos para ciertas cosas amigos. 


Aunque quizás con el realizador de "Cartas de Iwo Jima" lo que escueza es que defienda que no tanto los ejércitos, sino las gentes que los integran a nivel de curritos de la guerra, son seres humanos y pueden hacer cosas buenas. O que les pique que este tipo sea patriota y defienda a la civilización occidental frente a quienes pretenden acribillarnos a balazos o volarnos por los aires. Y sí, quizás en estos temas Eastwood esté chapado a la antigua. Y no esté de moda hacer una película como esta, propagandística (en el mejor sentido) de nuestros mejores valores, como personas, que nos llama a defendernos y defender a los demás cuando estamos en peligro. Aunque también quizás filmes como estos son más necesarios hoy de lo que imaginamos. Como los fueron los motivadores que maestros como que Ford, Capra, Hawks, etc hicieron en la Segunda Guerra Mundial. Porque quizás seamos nosotros los que estemos demasiado chapados a la pasiva, al buenísimo y a la corrección política.


NOTA: 7/10

TÍTULO ORIGINAL: The 15:17 to Paris

"GORRIÓN ROJO RED SPARROW" OPINIÓN EXPRESS +SIN SPOILERS+

viernes, 17 de noviembre de 2017

"EL AUTOR": Yo he venido aquí a escribir mi libro

Umbral dijo una vez: “yo he venido aquí a hablar de mi libro” y el protagonista de “El autor” re-sentenciaría ahora: “yo he venido aquí a escribir mi libro”. Y también este Álvaro, como aquel Paco, se muestra intransigente y obsesivo con su idea. Aquí, empeñado hasta la perturbación compulsa. Esa que lleva en volandas la voluntad y acomete comportamientos que justifican el fin sin importar los medios.


De eso va lo último de Martín Cuenca. De la creación y sus fuentes. Del compromiso ciego y de la amoral historia de amor entre el escritor y su obra.

La percha perfecta es el relato de Javier Cercas. Y el interprete, pluscuamperfecto, es Javier Gutierrez. Un tipo que es capaz de poner sus santos cojones sobre la mesa, literalmente, para demostrarnos que él es ese autor y que la película es su obra. La de un actor que está estratosférico. Siempre arriesgado, siempre creíble. Apoyado por secundarios que son una bicoca, como Antonio de la Torre y, especialísimamente, Adelfa Calvo. Una diosa prosaica que incluso canta, y cómo, de casta le viene a esta galga, por la Pantoja. Ojito a sus futuribles premios. 

Y todos enredados por una trama meta-literaria que haría perfecto programa doble con la que Francois Ozon nos proponía en su filme “En la casa”.

El resto es la habilidad de Martín Cuenca para engancharnos a un juego que pasa por las casillas de varios géneros, y en el que entramos a saco, sin reparar en su quizás rudimentaria puesta en escena. Pues todo pasa en un plis plas, por el puro morbo, por la avidez de saber hasta donde llegará la clave de todo relato, como se dice al comienzo de la peli: el sublimado drama.


NOTA: 8/10

TÍTULO ORIGINAL: El Autor