viernes, 17 de noviembre de 2017

"EL AUTOR": Yo he venido aquí a escribir mi libro

Umbral dijo una vez: “yo he venido aquí a hablar de mi libro” y el protagonista de “El autor” re-sentenciaría ahora: “yo he venido aquí a escribir mi libro”. Y también este Álvaro, como aquel Paco, se muestra intransigente y obsesivo con su idea. Aquí, empeñado hasta la perturbación compulsa. Esa que lleva en volandas la voluntad y acomete comportamientos que justifican el fin sin importar los medios.


De eso va lo último de Martín Cuenca. De la creación y sus fuentes. Del compromiso ciego y de la amoral historia de amor entre el escritor y su obra.

La percha perfecta es el relato de Javier Cercas. Y el interprete, pluscuamperfecto, es Javier Gutierrez. Un tipo que es capaz de poner sus santos cojones sobre la mesa, literalmente, para demostrarnos que él es ese autor y que la película es su obra. La de un actor que está estratosférico. Siempre arriesgado, siempre creíble. Apoyado por secundarios que son una bicoca, como Antonio de la Torre y, especialísimamente, Adelfa Calvo. Una diosa prosaica que incluso canta, y cómo, de casta le viene a esta galga, por la Pantoja. Ojito a sus futuribles premios. 

Y todos enredados por una trama meta-literaria que haría perfecto programa doble con la que Francois Ozon nos proponía en su filme “En la casa”.

El resto es la habilidad de Martín Cuenca para engancharnos a un juego que pasa por las casillas de varios géneros, y en el que entramos a saco, sin reparar en su quizás rudimentaria puesta en escena. Pues todo pasa en un plis plas, por el puro morbo, por la avidez de saber hasta donde llegará la clave de todo relato, como se dice al comienzo de la peli: el sublimado drama.


NOTA: 8/10

TÍTULO ORIGINAL: El Autor

domingo, 29 de octubre de 2017

"LA LLAMADA": Campamento libertad


Si creyésemos en un Dios que canta canciones de Whitney Houston, el mundo sería mejor. Si nos diésemos una segunda oportunidad, seríamos más dueños de nuestras vidas. Si aceptásemos a la gente como quiere ser, descubriríamos que existe una palabra llamada tolerancia y que, además, tiene significado. 
De esto va "La Llamada". Porque, aparte de otras virtudes cinematográficas, de las que luego hablaremos, esta peli evangeliza a sus espectadores con un buen puñado de cosas que, de obvias, parecemos haber olvidado. Y que bien se pueden resumir en que solo tú eres dueño de una vida única, irrepetible y que puede ser maravillosa, que diría Andrés Montes. No dejes que un estúpido prejuicio, el destino o una mala decisión te la joda.
No obstante, las mejores intenciones, en esto del cine, no bastan, si no se cuajan en un vehículo que llegue al que lo ve. En este caso, sacándole risas, emoción y hasta alguna lagrimita. Eso es cine y esa es su magia. Y cuando aparece, los que amamos este arte, entramos en casi trance Teresiano, y respondemos a la llamada con las piernas abiertas. 



Probablemente, la clave de todo este milagro hayamos de buscarlo en un fraguado lleno de intenciones, honestidad, y ganas de sacar lo que hay dentro de sus creadores, Javier Calvo y Javier Ambrosi. Algo que empezó a la chita callando, pequeñito, y se fue haciendo grande y triunfal en el teatro.

Y que, step by step, tenía que terminar, por cantado, en una sala de cine. En la que los arrebatados ojos de Macarena García, el descaro interpretativo de Anna Castillo, el candor ingenuo de Belén Cuesta y el arte veterano de Gracia Olayo trascienden los límites de las tablas para desbordarse ante la mirada exultante del espectador, haciéndole pasar unos días de campamento únicos.
Los Javis demuestran así que ese auto-probarse que fue Paquita Salas, no era una casualidad y que estos tipos están aquí para hacernos reír y emocionarnos como les sale del alma, con una chispa que se echaba de menos en el cine de este país. 
Ojalá que lo sigan haciendo y nosotros, seguro que lo veremos.

by @magnumcallahan


NOTA: 9/10

TÍTULO ORIGINAL: La Llamada

lunes, 28 de agosto de 2017

"VERÓNICA": La heroína del silencio

 ¿“Verónica” es una película basada en hechos reales? Sí, lo es. Y su epílogo, con fotos del archivo policial no dejan el cuerpo para fiestas.

¿Es un filme de terror? También. Transita por todos sus tópicos clásicos, tributando incluso homenajes al género y a algunas de sus cintas más elementales. Hay giallo, y Chicho Ibáñez Serrador, y hasta, por ejemplo, la sombra de “Nosferatu”

Ya pero… ¿es una cinta de las de miedo? Claro. Hay sustos. Y un ritmo narrativo que mantiene el suspense en todo lo alto y pega con superglue al espectador a la butaca.

Pero la última realización de Paco Plaza es… más. Es una cinta costumbrista cañi que retrata un lugar y una época. Un barrio tan propio como Vallecas y una década, los 90. Los quinquis, las FDS, el ladrillo rojo, el anuncio de Centella, las fiestas con Loquillo, ese cazo de calentar leche… Todo añade el valioso plus de conferir a la cinta proximidad, verismo, credibilidad y, por ello, mayor estremecimiento por la identificación del que la ve como algo cotidiano, vivido, next door. 


Pero, es aún más. Un estupendo estudio de personajes, particularmente de uno: el de la Verónica del título. Su existencia está caligrafiada con verdadera intención. La adolescencia, con sus miedos, inquietudes, crisis, ansias, incomprensiones, cambios. Agravado todo aquí por el peso de la responsabilidad impuesta, ineludible, monótona, interminable, agotadora. Una heroína del silencio que se refugia en la música (un narrador más) oportunísima y clarividente del grupo de Enrique Bunbury.

Y todo en una película de mujeres, luchadoras, invencibles, tocadas pero no rotas. Aquí los hombres son, o el delicioso Antoñito, o un paisaje humano figurante, o un mero fantasma. Me gusta esto. 

Y un casting inspirado. Comenzando por la prota que se hecha la historia a su espalda. Sin ella no habría peli. Con ella hasta lo incomprensible se comprende. Y unos críos de una naturalidad sobrecogedora. Y unos cameos y pequeñas participaciones Gloria Bendita, como esa castiza Hermana Muerte y su acentazo.

Y, claro, Plaza que lo orquesta todo con puntería y signatura de autor. Y pone la cámara muy a sabiendas. 

Filme de género, sí, pero mucho más que eso. Muchísimo. 


NOTA: 8/10

TÍTULO ORIGINAL: Verónica

domingo, 6 de agosto de 2017

OPINIÓN EXPRESS +++sin spoilers+++ a la salida de "ATÓMICA ATOMIC BLONDE"

"ATÓMICA": Blondie Atomic Luftballon

Una peli que arranca, musicalmente, con “Cat People” y termina con “Under Preasure”, ya me tiene en el bote. Eso y que la dirija David Leicht, el tío que rodó las mejores escenas de “John Wick”. Un fulano que sabe de que va la acción porque lleva veinte años dándose hostias como especialista, y rodándolas como director de segunda unidad.

Bueno, eso y que la protagoniza una Emperatrix Furiosa ochentera, repartiendo estopa de verdad, de la que te duele como espectador. El puto Cielo, de neón rosa, en este caso.

Eso es “Atómica”. Un actioner que no falla en lo que promete. Y que es también una de espías, al más puro estilo argumental clásico, reciclado con la estética pop del cómic en el que se basa. Y que tiene momentos que ponen palote a cualquier devoto, como es el caso de un falso plano secuencia en su tercio final, que es, sencillamente, de ponerse babero.

Aquí, además, hay pasta aprovechada y un gusto estético notable. Potenciado por un trasfondo goloso para ello como es el Berlín de la caída del muro. Con su efervescencia cultural, política y musical, única.

Y si en “John Wick” nada hubiera funcionado sin un Keanu Reeves hierático, expeditivo, marcial, nacido para ese personaje. En ésta “Atómica”, la Theron está explosiva, contundente y ejecutora. Además, de sexy e icónica. Una Blondie de gestualidad chula, de personaje de acción proverbial. Y, sobre todo, de un verismo como heroína de acción incuestionable.

Es cierto que lo que cuenta es obvio, mil veces visto y hasta algo tramposo, y que el metraje es excesivo para ello, pero que más da, todo es un MacGuffin. Y a mí como a Nena, siempre me ha molado ver como los globos se elevan, por mucho que dentro solo lleven aire.


NOTA: 7/10

TÍTULO ORIGINAL: "Atomic Blonde"

domingo, 30 de julio de 2017

"DUNKERQUE": Un orgasmo cinematográfico

Cuando Los Beatles grabaron “A Day in the Life”, alguien preguntó que significaba la parte final de la canción, en la que instrumentos y sonidos se mezclaban en un crecendo en espiral, cada vez más acelerado, que concluía con un golpe de piano en Mi Mayor, cuyo eco se dejaba desvanecer hasta su completa desaparición. ¡Es un jodido orgasmo musical! respondió John Lennon que parió el tema con McCartney cinco minutos antes de separarse.


Desconozco si Nolan, como buen inglés, tendría en su consciente (o subconsciente) esta última obra maestra de los cuatro de Liverpool. Pero la estructura de “Dunkerque” me parece, émula del final de aquella canción, un jodido orgasmo cinematográfico. Y me explico. 

Argumentalmente, el filme se estructura en tres historias, en montaje paralelo, que van sucediéndose con ritmo in crecendo, hasta llegar a un climax, paroxístico, donde la tensión revienta. Lo subsiguiente es resolución, vuelta desvaneciente al estado de reposo previo que dirían los sexólogos… No quiero decir con esto que Nolan se tire con la peli al público. O casi sí… 

Vale, venga, no sigo por ahí. Retomo un poco del gafapastismo y la corrección analítica que se le presupone al crítico, para decir que lo que hace este fulano en “Dunkerque” no es normal, amigos. No es que reinvente el género bélico, claro. Pero sí que ofrece un punto de vista único, autoral, que nos hace explotar la cabeza, otra vez. ¿Y van cuantas, Christopher…?


Los hay que siempre critican al autor de “Interstellar” su pretenciosidad, partir de querer hacer siempre una obra maestra. Un poco lo que le pasaba a Kubrick. Esta actitud me ha parecido siempre un reproche de mediocres. Cuando alguien hace algo, y más en cine, debe aspirar a lo máximo. Eso como espectador, nunca lo entenderé objetable. Es mas, debiera ser exigible. Otra cosa son los resultados, como ocurrió precisamente en la cinta citada protagonizada por McGounagey… 

Nolan tenía aquí claro que quería hacer la película de guerra definitiva. Como antes quiso hacer la de ciencia ficción definitiva, y antes aún, la de superhéroes definitiva, y así…

Para eso, no solo se fue al Dunkerque real, a la playa histórica. Sino que se gastó los 150 millones de presupuesto en emplear barcos y aviones de la época. Que navegan, combaten, se hunden, se estrellan y aterrizan de verdad. Sin CGI. Y rodó en 70 mm con una belleza dramática arrebatadora. Y en celuloide, del que hay que mandar luego los rollos a positivar… Con cámaras IMAX. Esas que pesan y abultan como un demonio y que no sabes como diablos hace el autor de “El Caballero Oscuro” para que los operadores las lleven en peso corriendo por ahí o las metan, por ejemplo, dentro de la cabina de un caza mientras se hunde en el puñetero mar… de verdad.


Para que todo pase así, de verdad, y se ruede con el mayor detalle, más incluso que el digital 4K. Para que la experiencia inmersiva que le vendió a la Warner, con el fin de que aflojaran la pasta, fuera… verdad.

Y todo con la que presumo, deliberada intención, de dar un paso adelante en su carrera. Para que le tomen aún más en serio. O mejor, como un “director serio”, además de taquillero. Como le ocurriera en su día a Spielberg cuando rodó “La lista de Schindler”. Abandonar así la ciencia ficción, los cómics, los pseudo Bonds y zambullirse de lleno en un dramático episodio de la Historia.

No obstante, habría que comenzar por aclarar que el realizador de “Imsomnia” vuelve a valerse de la herramienta que mejor conoce y excelente resultado le da: el suspense. Y concibe “Dunkerque” como tres historias de suspense que se imbrican con el objeto de mantener al público al filo de la butaca. El telón de fondo es la guerra, pero la esencia es la lucha por sobrevivir, en una carrera contra el tiempo, perseguidos por quien quiere matarte, de modo implacable.


El truco final, el prestigio, siempre presente en Nolan, está aquí en que las tres historias se cuentan en paralelo, con distintos arcos cronológicos (una semana, un día, una hora). En progresiva exacerbación narrativa, agónica, atropellada en el mejor sentido, en espiral narrativa que se acelera sin pausa hasta el frenesí. Esto también se le da fetén al autor de la ejemplificativa “Memento”

Y todo cuadra gracias a una labor colosal de montaje, al son marcial de una banda sonora infumable en el disco, pero insustituible en el filme, como directora de la acción, de una precisión crucial en ese maridaje con la imagen (tomada desde lugares únicos) y su manera de montarse. De una puntualidad paradigmática, desde su propio punto de partida, que no es otro que el metafórico tic-tac inexorable grabado (curiosidad) del propio reloj del director. 

Y ahora es cuando los haters dicen: ya pero es que en los planos de Dunkerque se ven las terrazas actuales y las antenas de televisión, y podían haberse eliminado con efectos digitales…; sí, pero no hay casi sangre y debió haber mucha; pero es que se ha perdido la oportunidad de contar todo el intringulis político-militar que rodeo al episodio de Dunkerque; y todo así, en cascadita, que diría Forges. 


Me importa todo eso un bledo. A mí y a Nolan, que prefiere la fisicidad que transmite lo auténtico, sin mancilla de lo digital. No está rodando “Salvar al soldado Ryan” ni “Hasta el último hombre”, sino algo diferente. Que tampoco es un fresco histórico ni un ensayo geopolítico. Este tío está haciendo su película. No la que tú querrías ver. Si no la que él quiere que veas. La que te va a hacer que se te caigan los palos del sombrajo. 

A la pregunta final, recurrente, la de los jartibles, de si “Dunkerque” es una obra maestra. Como si eso importara… En mi opinión, sí lo sería. Porque enseña como hacer una película. Pero sobre todo es, retomando el arranque de esta crítica, un orgasmo cinematográfico. Como “A Day in the Life”, la canción de Los Beatles, lo era musicalmente. Una de esa peliculazas que, a la salida del cine, te tienes que acabar fumando el cigarrito de después.


NOTA: 10/10

TÍTULO ORIGINAL: "Dunkirk"