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domingo, 19 de febrero de 2017

¨JACKIE¨: EL CANTO DEL CISNE

Probablemente, el score compuesto por Mica Levi para “Jackie" defina mucho mejor este filme de lo que pueda tratar de hacerlo cualquier comentario crítico, incluido éste, claro. Su atonalidad, el desafinado expresionista, la oscilación pendular de sus melodías, la soledad descompasada de su instrumentación. Esas progresiones entre lo bufo y la ensoñación. Los ecos lejanos, perdidos, las afinaciones indisimuladas, y los compases pesadillescos, reiterados, enfáticos.
Todo ello conforma un todo sensitivo. Propicia una traslación de estados de ánimo. Una angustia vital insondable y precipitada, inesperada e inesperable. Una amalgama que enreda el ánimo y de la que es imposible zafarse. Y que solo proporciona contadísimos instantes de respiro evasivo, cuando el el personaje al que glosa se pierde en sus recuerdos, sueños o evasiones. 
Y es que este soundtrack de inspiración, en cierto modo, a lo Morricone, es uno de los mejores del año, (una lástima coincidir con el más vistoso y eclipsante de "La La Land"), por cuanto empaca perfectamente con la narración, subrayándola y aportando a la misma todo lo que de la música de cine se espera. En este caso, definir un individuo, una situación, unas circunstancias, un entorno, una vivencia y hacer que todo ello embulla al que visiona el film, sobrecogiéndole. 


Jackie es abducida, de sopetón, de su inmaculada existencia, terrenal, decorativa, autosugestionada, creía de sí misma como útil en su futilidad. Cuando el magnicidio la desnorta, la despierta del cuento de hadas y la arroja a las fauces del miedo, el desconcierto, la aflicción. Dejándola a la deriva, como un juguete roto, una pieza secundaria, amortizable y amortizada. Un apéndice que estirpar.
La película es la descripción de eso y de como en medio de ese inevitable tránsito al segundo plano, surge en la estrella de raza, en el personaje irredento, el canto del cisne, que se abre paso por todo, pero, sobre todo, por sí misma. Como retribución a lo arrebatado, a lo que ya no será o nunca fue, a lo que se pagó por ser y se aceptó por conseguir estar. Ese último giro que pasma al respetable y hace llenar renglones de historia, no de la de los libros, sino de la que marca y recuerda la gente. La que consagra el mito, más allá de modas. 
Y todo esto lo filma el chileno incomodo de “El Club”, el de biografías tan inusuales como “Neruda”. Un tipo que ha hecho una película para los oscars, sí, pero sin traicionarse. Impregnando de autoría, intención y coherencia el proyecto. Sin sucumbir a la despersonalización que se impone a muchos que dan el salto a Hollywoodlandia.
Evidentemente, no se puede concluir el comentario sobre “Jackie” sin hablar de quien le ha dado carne y alma, en la pantalla. Qué acojonantemente brutal está Natalie Portman. Disculpad la basteza, después de tanta finura. Pero es lo que me sale. Si hay Justicia, debiera subir al escenario del Dolby Theatre el 26 de este mes a recoger su segundo oscar, tras “Cisne Negro”, otro tour de force tan obnubilante como éste, dirigido por Darren Aronofsky que, curiosamente o quizás no tanto, aquí oficia de productor. Una Portman que hace olvidar al espectador quién es, y quién es, incluso su personaje, para, en la más elemental esencia y meollo de su interpretación, mostrarnos a una princesa cualquiera a la que le han arrebatado su Camelot.


NOTA: 8/10

TÍTULO ORIGINAL: "Jackie"

miércoles, 31 de agosto de 2016

"CAFE SOCIETY": Cómo estar de nuevo en casa

Las películas de Woody Allen, son como volver al hogar después de un largo viaje. En ellas reencuentras todo aquello que conoces, amas y te hace sentir como en casa. El jazz, los judíos, el cine clásico, el humor de réplicas con chispa, Nueva York como la mejor ciudad del mundo, y el amor, siempre. Porque Woody es, ante todo, un romántico. De esos old fashion. Y todas sus películas van de estas cosas y, a veces, de hasta de alguna más.

Y “Cafe Society” no es menos, afortunadamente. Es una declaración de cariño a una época, un tipo de películas, una música, en suma, donde a su director no le importaría quedarse a vivir, atemporalmente.
Quizás dicen que el pecado de este octogenario incombustible, es querer rodar un filme cada año. Cierto es que su filmografía es irregular desde que se impuso este reto. Si bien, ésta, es de las redondas. De las que comienzan, se desarrollan y concluyen (y de qué modo, vaya encadenado), con brillantez. Intercalando en su narrativa las diversas historias que la componen y se entrecruzan de modo preciso. Concediendo al relato una agilidad envidiable. Su montaje, aquí, es brillante. 



Pero es que, además, la envoltura formal es soberbia. Los movimientos de cámara, la colocación de ésta y como se planifica y pone en imágenes la narración es de lo mejor que le he visto a Allen en un tiempo. Subrayado todo esto por la fotografía superlativa de ese mago que es Vittorio Storaro.
Decir que los actores están perfectos, es una obviedad cuando hablamos de cualquier filme del genio de Brooklyn, pero capitulo aparte merecen Kristen Stewart (qué voz, que deliciosa presencia), y Blake Lively, arrebatadora en sus puntulaes intervenciones (sobre todo en el primer encuentro con Jesse Eisenberg). 
Y la guinda es que el maestro se reserva el papel de narrador de esta fábula, cuento, ejercicio de confesada añoranza. Lo dicho, como volver, por fin, a casa de nuevo.


NOTA: 8/10

TÍTULO ORIGINAL: "Cafe Society"

viernes, 5 de febrero de 2016

"EL RENACIDO (The Revenant)": La machada de Iñárritu

Probablemente, a Iñárritu, como buen mejicano, le van las machadas. Y “El renacido” lo es. Como lo fueron “21 gramos”, “Babel” o “Birdman”, filmes que no se contentaban con contar historias convencionales, de modo tradicional. No. A este tipo le va eso de retorcer los esquemas narrativos, llevar sus actores al límite y crear personales maneras de contar historias. 


Ya, el fulano está engolado, y más desde su oscar por la peli con Keaton. Es ambicioso, y parece que en cada proyecto que acomete esta creando una Mona Lisa. Pero... ¡qué diablos! no tengo narices de criticar en esto del cine (y en la vida, en general) a quien piensa que no hay reto grande, sino ambición pequeña. 

No se cual será la próxima, pero, de momento eso, de irse al quinto pino, donde solo hay nieve, frío y la nada, a recrear el infierno survival que revive el filme en los huesos maltrechos de los actores de su casting, mega-star hollywoodiense incluida, me hace alabarle el gusto, D. Alejandro, al recordarme los tiempos en los que el cine veía a genios como Coppola mirar de frente a la locura, en todos los sentidos, con aventuras fílmicas de magnitudes como “Apocalypse Now”.

Iñárritu dirige a Di Caprio

Caído en desgracia Mel Gibson, a quién, como director y actor, el proyecto le hubiera venido hace unos años de perilla, quizás se usted el tipo con más redaños para esta reversión de la historia del trampero Hugh Glass, que ya llevaran en los 70 dos Richard a la gran pantalla: Richard C. Sarafian como realizador, y Harris, como protagonista.

Pero al final, machadas aparte, el asunto se viene a resumir en si ha merecido o no la pena tanta proeza. La respuesta aquí es, sí, rotundamente. 

Así, lo primero que sobrecoge del filme es su brutalísima puesta en imágenes, con una planificación, dirección y retrato de paisajes y sensaciones, por parte de Emmanuel Lubezki, como diría el torero im-presionante. Filmada con luz natural, casi siempre a la hora bruja, esa que es puente entre el día y la noche, a modo de metáfora del limbo vital en que se encuentra el protagonista, entre la vida y la muerte; lo de este fotógrafo, es además una aventura retratista de puntos de vista sobrecogedores en condiciones extremas. Me remito a secuencias como la magistral del ataque inicial.

El otro gran hito que pasma del filme es el auténtico tour de force contra sí mismo y la Naturaleza más agreste y despiadada que sufre Leonardo Di Caprio, y del que sale victorioso y de qué manera. Leo, has tenido papeles actorales mejores, pero si no te dan el oscar aquí como desagravio por el derroche de fisicidad del que haces gala, chico, olvídate. Realmente, la industria te detesta más que John Fitzgerald en el filme.
Lubezki, el Dios de la luz

Me gustan además muchas ideas que tiene la cinta, como por ejemplo, el retrato primitivo, despiadado, cruel y desmitificador de la forja del Nuevo Mundo. O como la película gira en torno a la idea de los padres y los hijos, que hacer por ellos o a consecuencia de lo que a ellos les pasa, como motor elemental del comportamiento humano (y animal).

Solo afeo del filme, algunas suspensiones de la incredulidad en la supervivencia y mejora física del trampero protagónico; como éste no es asesinado en un instante casi inicial de la cinta (aunque de ser así, hubiéramos jodido el invento); o como se resuelve el enfrentamiento final conceptualmente (con unas trascendencias espirituales casi fuera de lugar) y desde el punto de vista de la planificación del duelo, con acciones mal coreografiadas y hasta imposibles si comparamos los cuerpos de Tom Hardy y Di Caprio. 

Los homenajes (y algo más) a Tarkovski

Pero es pecata minuta ante la experiencia cinéfila, absorbente, nada pesada, pese al metraje y gloriosamente homenajeadora (y hasta algo más) del gran maestro Andrei Tarkovski. Eso sí, claro, de obligado visionado en pantalla grande, que digo grande, enorme güey.


NOTA: 9/10

TÍTULO ORIGINAL: The Revenat

viernes, 5 de diciembre de 2014

"MAGIA A LA LUZ DE LA LUNA": Unas vacaciones en la Provenza

“Magia a la luz de la luna” es frívola, superficial. Tanto que, a medida que se ve, ya se va olvidando. Tiene las señas clásicas de su autor, sí. La muerte, el más allá, lo racional, el corazón, enamorarte de quien no debieras... Pero todo ello, deliberadamente simplificado, suavizado hasta la simpleza más carente de intríngulis. De suerte que solo lo estupendos que están Emma Stone y Colin Firth mantienen el interés en el visionado. Bueno, eso y la suprema elegancia con la que está rodada; y la exquisitez del diseño de producción, y de su fotografía, y de su selección musical, y de todos los elementos técnicos, en suma, que convierten al espectador en un ricachón provenzal más, testigo de pasatiempos paranormales y amatorios. 

Allen dirige a Stone y Firth

El filme, su historia y la manera de narrarla se contaminan así de la existencia banal, insulsa y pueril de sus protagonistas, para no contar casi nada. No hay apenas chispa ni ingenio, salvo el que destilan los tópicos juegos florales de una pareja antagónica a priori, condenada a serlo sí o sí. Pero es que “Magia a la luz de la luna” es solo un cuentecito. Ese que ideó Allen para poder echarse, mientras la rodaba, unas vacaciones de postal en la, siempre idealizada por cualquier yanqui, Provenza gabacha.

by @magnumcallahan

NOTA: 6/10
TÍTULO ORIGINAL: Magic in the Moonlight 


sábado, 1 de febrero de 2014

"LA GRAN ESTAFA AMERICANA": Un trilero llamado David O. Russell

Mi amigo Marty me dijo, cuando regresó del futuro, que allí, la Lawrence se había tenido que alquilar un trastero en un polígono, para almacenar los oscars que ya no le cabían en su mansión. No me extrañó porque, hasta en cintas tan denostables como ésta, rompe la pana, robando plano en sus apariciones a los incautos que se atreven a compartirle escena. 
Y es que una de las escasas razones para echarle el ojo al último fiasco del sobrevalorado David O. Russell, es dejarse ganar por el talento polifacético de la prota de "Los Juegos del Hambre”. Eso y aprovechar su carnestolendo vestuario en la peli para contarle satiricón esos lunares que desaparecen en los carteles y portadas de las revistas, pero que, por fortuna, la impúdica gran pantalla no esconde.

Bueno confieso también que Louise C.K. está enorme, aunque por otras razones, claro. Sus “tet a tet” con Bradley Cooper son tan inenarrables como esa recurrente fábula inconclusa sobre la pesca en hielo. Todo lo demás, desquicia.

Cooper, ya que estamos, es una versión 2.0 de su rol en “El lado bueno de las cosas”. La ambición pelirroja, Amy Adams, apela a registros de una gravedad y trascendencia que la cinta jamás demanda. Y ese descarte de casting de imitadores de Pacino que es Christian Bale, se revuelca en el ridículo con la misma exquisitez con la que su personaje se atusa el pelo a lo Anasagasti al comienzo del filme.


Russell dirigiendo a sus actores

Ha tenido usted mala suerte, Mr. O. Russell, al querer hacer un Scorsese el año en que el maestro de Queens está dando clases de en qué consiste hacer cine con su lobo de Wall Street. Una de estafas, también, por cierto, pero mucho más genuina y gozable que la suya, con la que además tiene usted la desfachatez de aspirar a equipararse a paradigmas del género como “El golpe”, con la que ya ha empatado en nominaciones. Ojo al dato que diría Garcia. En Hollywoodland se deben haber vuelto locos. Eso, o sus años de pupilaje con los Weinstein le han hecho coger el tranquillo a dejar cabezas de caballo ensangrentadas en cama ajenas.
Y es que es inexplicable el éxito, entre comillas, de un filme con tan acusados problemas en el tono, puesta en escena, vestuario, dirección artística, peluquería… (por Dios, el tupé a lo eurovisivo Chiquilicuatre del cachas Renner, flagrante error de casting, por otro lado). Está claro que se lo han pasado teta rodando esta más que película, pachanga entre amigos. Pero todo es tan bufo, tan histriónico que se ve la trampa y el cartón, arrasando la minimísima credibilidad que debe conservar el conjunto para que el espectador entre y se mantenga enganchado a la historia que se trata de contar.

Momento Lawrence Live and Let Die

Vamos que ni los ya clásicos (y mareantes) movimientos de cámara de este pretencioso y fallido realizador, me llegan a idiotizar lo suficiente para no tener claro que si su filme acaba ganado el oscar a mejor película, será un premio de esos de los que nadie en la Academia se sentirá orgulloso, pasados los años y puestas las cosas en su debido lugar y perspectiva.
Por cierto, y por no concluir tan serios... Que mi amigo Marty también me contó que, en el futuro, ni Bond, ni leches. En lo sucesivo, el “Live and Let Die” de McCartney traerá al imaginario del cinéfilo a la Jenny, más desperate housewife que nunca, dándole un repaso al mobiliario casero con frescura de limón. Quien fuera su Mr. Proper…


By Harry Callahan

NOTA: 4/10

ESCUCHA ESTA CRÍTICA EN PODCAST CON EXTRAS: https://dl.dropboxusercontent.com/u/224337446/LQYTDcriticaLaGranEstafaAmericana.mp3

TÍTULO ORIGINAL: American Hustle

TRAILER:http://www.sensacine.com/peliculas/pelicula-205330/trailer-19537640/
WEB OFICIAL: http://www.tripictures.com/web/american-hustle/
DATOS ADICIONALES: http://www.imdb.com/title/tt1800241/

lunes, 23 de diciembre de 2013

"DOCE AÑOS DE ESCLAVITUD": ¿La nueva Lista de Schindler?

Rodar una película sobre el esclavismo americano tiene concomitancias respecto de hacer lo propio con el Holocausto nazi. ¿Qué más se puede filmar que no se haya hecho ya? Por eso, el matiz está en el punto de vista, en el modo de aproximarse a los hechos y narrarlos. Y ahí reside el valor añadido de cineastas como Steve McQueen o Steven Spielberg. Ambos, además de coincidir casi en el nombre, tienen en común haber realizado quizás los filmes definitivos sobre estas dos ignominias históricas. Pero son también autores radicalmente diferentes. 

Aun marcando “La lista de Schindler” un antes y un después en el modo de hacer cine del director de “Munich”, convirtiéndose éste más adulto y ambicioso por ser cronista amargo de determinados episodios históricos, con todo, su ADN seguía ahí. Y si hay algo que Spielberg utiliza magistralmente, también en aquella cinta, es la manipulación del espectador. Todos los recursos audiovisuales que emplea se conducen siempre a eso, a embaucarlo y hacer aflorar emociones, cuanto más exacerbadas, mejor. Y que no se me malinterprete, este modo de concebir un filme no es necesariamente malo, ni bueno, tampoco. Es, sencillamente, una manera de hacer películas, que se remató en aquella ocasión en obra maestra, sin paliativos, ratificada además por siete premios oscar.

McQueen dirige a Chiwetel Ejiofor

En “12 años de esclavitud” encontramos un cineasta opuesto por el vértice al realizador de “E.T.”. McQueen utilizará todo su arsenal cinematográfico para ofrecernos un punto de vista naturalista, seco, adusto, directo, sin regodeos, sin reiteraciones, sin climax in crescendo que culminan en el paroxismo. El modo de narrar de este inglés de ascendencia caribeña (y que, por tanto, sabe aquí de lo que habla) prefiere ir al grano y constituirse en Notario costumbrista y dar, sencillamente, fe de un pasado histórico tan brutal que solo de por sí, mostrado sin aditivos, ya sobrecoge al espectador.

El arranque de la película es así ejemplo de lo que digo. La plantación, el día a día, el trabajo de los esclavos. Una cámara que avanza, subjetiva, entre las cañas de azúcar hasta descubrirles en el tajo. En pocos planos voyeurs, casi documentales, estamos en situación. La cotidianeidad en el Sur. El realizador nos ha mostrado así una declaración de intenciones que no abandonará ni siquiera cuando aborde la resolución de la historia y como esta se desencadena y concluye: sin aspavientos, sin machaques, sin manejos.

Lupita Nyong´o, actriz revelación

Allí donde Williams y Perlman nos conmovían el alma de continuo con un violín de emotividad inusitada; aquí mi casi siempre odiado Zimmer acierta al insertar eventualmente anacrónicos elementos como la guitarra eléctrica en un score autoreferencial de otros como el de “Origen”, sí, pero en nada sensiblero ni conmovedor.
Allí donde, por ejemplo, la fotografía de Janusz Kaminski era preciosista, filtrada, y proponía de salida una adulteración del objeto de filmación, optando por un dramático blanco y negro predisponente a empatizar con el drama; aquí Sean Bobbitt prescinde de aditamentos y artificios, se vuelca en el retrato fiel con un menos obvio pero exquisitísimo tratamiento de la luz, respetándola en cada momento, adaptándose a su cantidad y condiciones, incluso cuando estas son prácticamente inexistentes. Ya, pero en “12 años de esclavitud” hay preciosas imágenes ¿no? Claro, por supuesto, pero es culpa del Sur que su Naturaleza sea de exultante belleza, no del fotógrafo que sí que es bendito reo confeso de contrastarla proverbialmente con el horror con el que el hombre la salpica y emponzoña.

Fassbender, el Amon Goeth del filme

Y es que en algo coinciden los dos filmes: en proponernos un horror insondable, cotidiano, aceptado, instituido, que rodea e inunda, frente al que se permanece impávido en el mejor de los supuestos, se hace negocio, o saca de las entrañas del ser humano toda su vileza. En este último caso, incluso ambas cintas tienen personajes miméticos que lo muestran descarnadamente. El Amon Goethe de Ralph Fiennes y su relación con la judía Helen, y ahora el Edwin Epps de Michael Fassbender, con sus muy similares tratos a y con la esclava Patsey. 
Curioso que, precisamente ahora que se cumplen veinte años del estreno de “La Lista de Schindler”, un filme de pretensiones y resultados exitosos parecidos, nos la vuelva a traer a colación, aunque solo sea para establecer paralelismos y comparaciones que no tienen porqué ser, como decía al comienzo, necesariamente odiosas.

By Harry Callahan

NOTA: 9/10

TITULO ORIGINAL: "12 Years A Slave"

martes, 3 de diciembre de 2013

"MASTERS OF SEX (SERIE DE TV)": Todo lo que siempre quiso saber sobre el sexo

¿Animales de instintos primarios o seres capaces de obviarlos? ¿Individuos sexuales de impulsos o que racionalizan sus pulsiones íntimas? En el fondo, polemizar sobre el sentido de la vida... ¿Estamos aquí sólo para perpetuar la especie o para algo más? Y, lo más importante: ¿qué es el sexo? y, si lo arrolla todo a su paso ¿tiene sentido resistirse, hablar de amor, amistad, compromiso, lealtad, matrimonio…?
Ni en mis sueños más castos imaginaba que tendría que dármelas de trascendental para contar qué es lo que me pone de una serie llamada “Masters of Sex”, cuya castellana traducción parecía ser obvia: maestros del sexo, y que además era protagonizaba por Lizzy Caplan, a la que mi satirona memoria recordaba por ser mejor desnudo del año gracias a sus tórridas escenas en "True Blood".
Pero resulta que el Masters del título apuntaba al asunto un doble sentido, pues era igualmente el apellido de un tipo que, junto a su uniquísima ayudante y casquivanos métodos, decidieron estudiar, científicamente, por primera vez, el sexo. Y se atrevieron a hacerlo en los frígidos sesenta del siglo pasado, en una América más que mojigata, y de un modo tan explícito como de obvio polémico.



Lizzy Caplan es Virginia Johnson


Es éste, precisamente, el telón de fondo de la producción de la cadena Showtime, que aquí ofrece Canal+. Un escenario histórico real que, no obstante, se convierte, una vez se desnuda, en mero Macguffin, pues el estudio no es más que un catalizador para reflexionar sobre cuanto decía al comienzo, gracias a un producto televisivo dotado de una inteligencia muy salida.
¿Es posible hablar de cómo la gente folla sin apelar el morbo? Definitivamente sí. La serie lo demuestra. O, al menos, prueba que ese hipotético morbo puede ser, todo lo más, la tentación para que el espectador propenso al calentón pique y entre a cuanto hay detrás, que no es otra cosa que un fresco sociológico que en nada envidia al de la referencial "Mad Men". Una descripción que penetra en un mundo de apariencias, de convencionalismos, de vidas pautadas, que encorsetan al individuo y lo vuelven insatisfecho, infeliz, frustrado. Un universo desvirgado y poseído por la ignorancia, los prejuicios, y un machismo recalcitrante, en el que sus protagonistas son bamboleados mientras buscan un siempre difícil encaje en lo que de ellos se espera. Un lugar en el que la libertad es una puta cara que se ríe mientras te entrega a un pim, pam, pum orquestado por la envidia, el rencor y el miedo a lo desconocido, a lo diferente. 

La inmensa Allison Janney, sobre su personaje

Y para calentar aún más toda esta procaz propuesta, Michelle Ashford y Sarah Timberman, las impúdicas showrunners han contado con un encamado de actores que empalman una tras otra, lecciones de como meter a sus personajes la vida interior que el minucioso guión les caligrafía. Así, los protagónicos Michael Sheen y Lizzy Caplan (definitivamente, más que palmito para pecar), se devoran mutuamente en cada plano, secundados por prodigios de todos conocidos como Allison Janney o por presencias tan eficaces e idóneas como las de Beau Bridges, Caitlin Fitzgerald o la candidez pudenda de Helene Yorke. Todos ellos sostenidos, en momentos, por conversaciones ingeniosas, trágicas, con humor preñado de fina ironía; en otros, por miradas, gestos, comportamientos, que son pura concupiscencia narrativa.
Nada, en fin, es aquí gatillazo. Todo ralla el orgasmo seriéfilo en la producción revelación de la temporada, condenada a ser muy promiscua cuando toque hablar de Globos de Oro y Emmys y dar un inolvidable revolcón a todo el que se atreva con ella a ejercer de mirón.   

by Harry Callahan

NOTA: 9,5/10

ESCUCHA ESTA CRÍTICA EN PODCAST: https://dl.dropboxusercontent.com/u/224337446/LQYTDMastersOfSex.mp3

TÍTULO ORIGINAL: "Masters of Sex"

sábado, 15 de junio de 2013

"INSENSIBLES (2012)": Fascistas, nazis y otros monstruos...



Estoy hastiado de cine sobre la Guerra Civil. Por eso, de entrada, voy de uñas ante una nueva vuelta de tuerca sobre tan manido argumentario. Y más cuando, el asunto huele a simplificación panfletaria y cainita. El único modo de darme coba y que me trague otra más es que no sea igual, o al menos lo intente. Por eso, sobre el papel, “Insensibles” pintaba bien y me motivo a hacer un acto de fe y entrar a verla.

Si bien el filme arranca potente y pica la curiosidad del espectador, a medida que su metraje avanza se va adivinando hacia donde se dirige. Y ello no puede impedirlo ese gazpacho de géneros fantástico, terror, histórico, drama y discurso militante que su debutante realizador propone como factor de presunta innovación. Y digo presunta porque salirse exitosamente por la tangente, en el asunto de la Guerra Civil, es algo que ya fue explorado con ejemplaridad hace años por Guillermo del Toro, que supo, en “El espinazo del Diablo” y “El laberinto del Fauno”, insuflar esa frescura y novedad que se echaba de menos cada vez que un filme acometía por enésima vez la infortunada contienda fraticida. Es curioso que siempre tengan que venir de fuera a darnos lecciones de perspectiva sobre el particular.


Sí que es de alabar cierta inventiva y alardes en la planificación de escenas, y capacidad para gestionar limitaciones presupuestarias sin perder punch visual, pero ello no basta para sustentar una narración que vuelve a transitar por tópicos y lugares comunes, y que, y esto es lo peor, no está bien contada, proponiendo situaciones inverosímiles o que no se resuelven y deben tragarse porque sí. Esto, amigos, es imperdonable, por muy opera prima que sea, por muy espíritu de serie B de género que quiera tener la película y por mucho flash back que trate de dar coartada a eludir explicaciones. Además, el trazo descriptivo de los personajes se simplifica también a medida que caen minutos, de suerte que en la resolución final nada nos mueve a emocionarnos con ellos pese a sus monstruosas peripecias vitales.

By Harry Callahan

NOTA: 4/10

TÍTULO ORIGINAL: Insensibles



viernes, 15 de marzo de 2013

"ANNA KARENINA (2012)": Deconstruyendo a Tolstói

En Joe Wright se dan dos claras constantes. De un lado, su afición por la reinterpretación de las historias de urdimbre clásica (“Expiación” y “Orgullo y Prejuicio”); y de otro lado, una clara apuesta por dimensionar estéticamente sus obras con exquisitez (“Hanna”). Llevando al paroxismo ambas filias, el realizador inglés nos propone una deconstrucción de la Anna Karenina de León Tolstói que, de entrada, tiene mi aplauso, si bien con una clara objeción. 

Soy de los que afirman, a boca llena, que el cine debe ser un ejercicio de estilo, una creación con huella. Y ésta, indiscutiblemente, lo es. Amparada en un guión audaz, esta transversal versión de “Anna Karenina” es una apuesta fílmica arriesgada. Una reinterpretación implosiva, una sublimación de la esencia, un deliberado quebranto de la ortodoxia, por la que el espectador tiene que entrar. 

Ya desde sus comienzos, que homenajean sin disimulo el “Moulin Rouge” de Baz Lurmahn, las cartas obran sobre la mesa, en una teatralización física y simbólica del mito literario. No busquemos pues en el filme fidelidades al origen, ni respetos por las reglas narrativas del relato primigenio. La película es un salto al vacío narrativo, apoyado en una ingeniosa redefinición de los espacios, los lugares y los escenarios. Amén, de una brillante puesta en imágenes, prodigiosamente coreografiada (esos maravillosos bailes…). 

Joe Wright dando indicaciones a Kiera Nightley en el set

Hasta ahí, todo me gana. Me seducen los retos y éste lo es. El problema llega cuando los fuegos artificiales se reiteran y se avanza en el metraje, una vez que la sorpresa se ha asimilado y los recursos antes novedosos ya casi se adivinan antes de ocurrir. Ahí es donde la historia tiene que dar la cara y embargarte, quemarte por la pasión que exudan los personajes. Y esto, lamentablemente no ocurre. Y eso que el cast no es errático, con un Jude Law, por ejemplo, insólitamente excepcional. Sin embargo, la deconstrucción aquí es tanta que la película acaba convertida en una sucesión de hermosas composiciones, a las que falta hilazón contundente y ritmo empático. No obstante, alabo el gusto de quien al enfrentarse a la enésima versión de algo, antes que volverlo a trillar, da una vertiginosa vuelta de tuerca aun a riesgo de pasarse de rosca.

By Harry Callahan

NOTA: 7/10

TÍTULO ORIGINAL: "Anna Karenina"

viernes, 18 de enero de 2013

"LINCOLN": El fin, los medios y el precio

Hay en Steven Spielberg una maravillosa esquizofrenía. De un lado, cultiva el blockbuster con fruición y hasta placer culpable. En primer término, porque desde que era niño carne de programa doble matinal, le ha fascinado la pura y simple aventura evasiva. En segundo lugar, porque ama la cacharrería espectacular y los inventos que la propician. Y en último sentido, porque le hace ganar la pasta necesaria para acometer los proyectos que su madurez como realizador le ha ido demandando a medida que su cine se ha hecho también más adulto. Esa es su otra cara, su otro lado esquizoide al que aludía, su filmografía grave, densa, con la que pretende dejar huella en el espectador y en la historia del cine, en un añadido intento de además desencasillarse como rey midas palomitero.
Así, en este último grupo de filmes encontramos cintas como “Munich”, “Salvar al soldado Ryan” o “La Lista de Schindler”. Películas en las que, además, aprecio dos elementos constantes. Por una parte, un ánimo de narrar episodios históricos, aunando didactismo e ilustración prolija del momento. Por otra parte, una atracción compulsiva por reflexionar sobre si el fin justifica o no los medios. “Lincoln” es un paradigma de esta clase de películas. 



Spielberg en el set de rodaje de Lincoln


Desde el punto de vista de la recreación de los pasajes de la Historia americana que retrata la cinta, asistimos a una puesta en imágenes de los mismos prodigiosa. En este sentido, la confluencia de todos los elementos técnicos usados por Spilberg con su habitual maestría hacen que visionar “Lincoln” sea sentirse en medio de los hechos, entre sus protagonistas, respirando la autenticidad propia de quien admira un inmenso fresco que cobra vida. Es percibir a flor de piel, con emoción vívida, unos instantes (y su intrahistoria política) que cambiaron para siempre a un país y a sus ciudadanos.




El otro tema, el que más me subyuga, es el de dar una nueva vuelta al asunto de hasta donde ha de llegarse en pos de un objetivo, por muy loable y elevado que este sea. Es un asunto nada baladí, que además obsesiona y de qué manera a los estadounidenses. Y que está más presente que nunca hoy, si fijamos nuestra atención en las decisiones relacionadas con la persecución mundial del terrorismo tras el 11-S. 



El hilo argumental de “Lincoln” es precisamente ese, si todo vale y si merece el sacrificio, por inmenso que éste sea, cuando la meta es loable. La posición y el discurso de Spielberg en tal sentido es más que evidente, como lo son sus convicciones de todos conocidas. Además, tratándose del caso de que se trata, poca discusión cabe y la postura relatada es hasta cómoda. Sin embargo, la virtud del filme está en también exponer el precio que, ineludiblemente, las decisiones, todas, hacen pagar.


Más que parecidos muy razonables

Sí... ya lo se... Observaréis que me voy por las ramas y que estoy concluyendo esta crítica sin hacer mención al casting actoral. Y, en particular, a su protagonista indiscutible. Podría hacer un justísimo panegírico de él, pero no sería original, pues a estas alturas todo el mundo sabe que Daniel Day Lewis es y será ya para siempre Abraham Lincoln.


by Harry Callahan
NOTA:8/10

ESCUCHA ESTA CRÍTICA EN PODCAST: https://dl.dropboxusercontent.com/u/224337446/lincolncritica.mp3
WEB OFICIAL Y TRAILER: http://www.thelincolnmovie.com/

sábado, 5 de marzo de 2011

"EL DISCURSO DEL REY", un filme de época "muy british"


Hay años en los que un actor "maldice" estar nominado al oscar. Sencillamente, porque no cuentas en las quinielas, o peor aún, porque todos reconocen tu inmenso trabajo pero… hay otro nominado, con un papel quizás más agradecido, en el que todos se fijan. Y, además, no hay que ser acaparador, ya te llevaste el oscar en una ocasión y este chico, el favorito, no lo ha ganado nunca.
Así que por muy productor ejecutivo que seas del filme triunfador de los oscar de ese año, te quedarás con esa cara que se les queda a todos los que como tú ven que la dorada estatuilla se escurre de sus manos para ir a parar a las de otro. Habrá que esperar a mejor ocasión, si es que vuelven a nominarte…
Supongo que todo esto pasaba por la cabeza del bueno de Geoffrey Rush, el pasado 27 de febrero, cuando un pletórico Christian Bale agradecía su cantado triunfo desde el escenario del Kodak Theatre de Los Ángeles.
Y es que, es cierto, Rush está nuevamente aquí de oscar, en su impecable rol de Lionel Logue, el muy particular terapeuta que logro hacer hablar a un rey. Pero como decía antes, Geoffrey, tú ya tienes oscar por “Shine” y este era el año de Bale, que, indiscutiblemente, es lo mejor y casi único potable de la muy sobrevalorada y bastante aburrida “The Fighter” (junto a la también muy lucida Melissa Leo).
En lo demás, “El discurso del Rey” tenía todos los boletos para arrasar aún más de lo conseguido en los oscar. Su historia poseía el atractivo indiscutible que para los americanos tienen las historias de superación personal. Además, es una de esas cintas británicas por las que la Academia siente debilidad de cuando en cuando. Ya ocurrió en su día con “Regreso a Howard´s End”, “Un hombre para la eternidad” o “Hamlet”. Quizás por esa admiración que Hollywood profesa por el perfeccionismo artístico irreprochable de los productos que vienen overseas, de la que un día fuera Metrópoli.
Y es que cuando los ingleses se ponen a hacer cine de época, amigo mío, son francamente únicos, y yo diría que imbatibles. Además en este caso, destacaría el hecho de que incluso el habitual defecto de este tipo de cintas, su indolente frialdad y pausada narrativa, son superados notablemente, gracias en parte a la trabazón de un guión que hace evolucionar la historia sin caer en la monotonía clásica de los relatos biográficos. Y, por supuesto, gracias igualmente a la colosal interpretación de un plantel actoral en estado de gracia. Comenzando por Rush, siguiendo por Helena Bonham Carter y terminando, claro está, con Colin Firth, que huye de sus tics habituales para adquirir los propios de su personaje de un modo ejemplarmente mimético, nunca cargante ni excesivo. ¡¡¡Trabajo, no obstante, que el público americano no podrá valorar en su medida porque, ojo, se han censurado escenas en las que el personaje de Firth espeta tacos como trucos para hablar, para lograr una calificación que permitiese verla al mayor público posible¡¡¡. La censura moralista y los Wenstein (distribuidores del filme) y su maravillosa tijera, viejos conocidos…
Los aspectos técnicos del filme son, igualmente, acreedores de alabanzas. Todas las facetas de la producción, el diseño de la misma, vestuario, dirección artística, etc… están inspiradísimas y… por supuesto, la magistral fotografía de un Danny Cohen que consigue situarnos, mediante imágenes nada rancias, en el preciso punto de vista, necesariamente subjetivo, de un individuo superado por unas circunstancias que le envuelven y aturden, como la niebla invade prodigiosamente un puñado de escenas denotativamente simbólicas.
Y todo ello, Tom Hooper sabe hilvanarlo con el inspirado hacer demostrado en trabajos suyos previos como “Damme United” o la miniserie de televisión “John Adams”, siendo legítimo acreedor del logrado premio oscar, por encima de contendientes tan rotundos como David Fincher o mi favorito, el visionario Darren Aronofsky.

By Harry Callahan

NOTA: 8,5/10


ESCUCHA ESTA CRÍTICA + EXTRAS EN PODCAST: http://blip.tv/file/get/Harrycallahan-ELDISCURSODELREYTHEKINGSSPEECH832.mp3 

TÍTULO ORIGINAL: “The King´s Speech”
OSCAR: 4 (actor principal, director, película y guión original)

EL ORIGINAL DISCURSO DEL REY PUEDE ESCUCHARSE EN SPOTIFY: King George VI – Speech from Buckingham Palace to the People on the Outbreak of War
SOBRE LA MÚSICA USADA EN EL PODCAST: http://www.liberliber.it/audioteca/b/beethoven/index.htm

jueves, 16 de abril de 2009

EN CARTELERA: "LA DUQUESA", correcto cine british


Keira Knightley parece haberle tomado gusto a las cintas de época. Bien sea ambientadas en un pasado más o menos reciente (“Expiación”), ya sea en otro más pretérito (“Orgullo y prejuicio”).
Ahora protagoniza “La duquesa”, un hipercorrecto ejercicio de estilismo histórico, con el envidiable e impecable despliegue de fotografía, dirección artística, vestuario, maquillaje, etc... con que los ingleses suelen arropar esta clase de productos. En este sentido, obligado es referir que el filme está dirigido por el prestigioso documentalista británico Saul Dibb, y producido por la BBC.
El argumento, por mil veces visto, pasaría desapercibido si uno no jugase a pillar los paralelismos, más o menos intencionados, que se proponen entre la vida de la Lady Di y su antepasada, Georgiana Spencer, la duquesa del título. Asunto obviamente polémico por tierras de Su Graciosa Majestad, si bien nada innovador ni escandaloso.
No obstante, los nombres de referencia del elenco actoral merecen un notable, sobre todo Ralph Fiennes y Charlotte Rampling, e incluso la propia Keira Knightley, pese a su cada vez más peligroso repertorio habitual de gestos (los devotos de la actriz, excusa decir que disfrutarán entre tanto cambio de vestuario y pelucas).
No obstante, al conjunto se le echa de menos algo más de detalle sobre la repercusión socio-política de la propia Duquesa de Devonshire, que la tuvo y no escasa; y un poco más de narración referida a los años posteriores a los contados por el filme. En suma, unas dosis de ambición añadidas al conjunto para conformar el fresco histórico que sólo se insinúa.

By Harry Callahan

NOTA: 6,5/10

TÍTULO ORIGINAL: “The Duchess”
WEB OFICIAL Y TRAILER:
http://www.laduquesa-lapelicula.es/
DATOS ADICIONALES: http://www.imdb.com/title/tt0864761/