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viernes, 17 de noviembre de 2017

"EL AUTOR": Yo he venido aquí a escribir mi libro

Umbral dijo una vez: “yo he venido aquí a hablar de mi libro” y el protagonista de “El autor” re-sentenciaría ahora: “yo he venido aquí a escribir mi libro”. Y también este Álvaro, como aquel Paco, se muestra intransigente y obsesivo con su idea. Aquí, empeñado hasta la perturbación compulsa. Esa que lleva en volandas la voluntad y acomete comportamientos que justifican el fin sin importar los medios.


De eso va lo último de Martín Cuenca. De la creación y sus fuentes. Del compromiso ciego y de la amoral historia de amor entre el escritor y su obra.

La percha perfecta es el relato de Javier Cercas. Y el interprete, pluscuamperfecto, es Javier Gutierrez. Un tipo que es capaz de poner sus santos cojones sobre la mesa, literalmente, para demostrarnos que él es ese autor y que la película es su obra. La de un actor que está estratosférico. Siempre arriesgado, siempre creíble. Apoyado por secundarios que son una bicoca, como Antonio de la Torre y, especialísimamente, Adelfa Calvo. Una diosa prosaica que incluso canta, y cómo, de casta le viene a esta galga, por la Pantoja. Ojito a sus futuribles premios. 

Y todos enredados por una trama meta-literaria que haría perfecto programa doble con la que Francois Ozon nos proponía en su filme “En la casa”.

El resto es la habilidad de Martín Cuenca para engancharnos a un juego que pasa por las casillas de varios géneros, y en el que entramos a saco, sin reparar en su quizás rudimentaria puesta en escena. Pues todo pasa en un plis plas, por el puro morbo, por la avidez de saber hasta donde llegará la clave de todo relato, como se dice al comienzo de la peli: el sublimado drama.


NOTA: 8/10

TÍTULO ORIGINAL: El Autor

jueves, 13 de octubre de 2016

"UN MONSTRUO VIENE A VERME": Bayona no es Spielberg

El cine de Bayona es un tren de mercancías que te pasa por encima. Te arrolla. Te deja devastado. Es inmisericorde en esto, siempre. Sus películas ajustan a la perfección en la categoría de "experiencia cinematográfica", en el mejor sentido del tópico. Y necesitan, para su análisis crítico, trascender esos instantes posteriores al visionado, en los que quedas desecho por las emociones. Son películas que hay que dormir, dejar pasar el tiempo y el espacio necesarios que diluyan las sensaciones que consiguen aflorar. 

Fuera ya de trance, reposada su tercera realización, “Un monstruo viene a verme”, este tipo se me sigue revelando como un excepcional contador de historias, además de un genial encontrador de nuevas maneras de eludir, hábilmente, lugares comunes. 
Y es que, en el aspecto narrativo, su discurso fílmico es inobjetable. Y no ya solo porque, desde el punto de vista técnico, el alumno más aventajado de la ESCAC, posee una caligrafía visual y sonora inapelable, sino porque sabe bien que el mejor modo de atrapar en una historia al espectador es a través de los personajes. Y sobre éstos bien construye firme su andamiaje narrativo. La cuidada disección expositiva del perfil psicológico de los protagonistas, la empatía de sus elementos definitorios para con el espectador y la lúcida disección de las relaciones de esos personajes con el resto de pobladores del relato y su geografía física, son las herramientas de las que se vale Bayona para que la inmersión en lo que cuenta embeba absolutamente al que se acerca a su obra. No es tan importante así lo que cuenta (que puede ser una historia mil veces vista) sino cómo se cuenta a través de los personajes que el prodigiosamente define.



En “Un monstruo viene a verme” la clave es Conor. Y su madre. Una vez más. De nuevo. Esto es lo importante, y nada más. El resto es comparsa. Aderezo. En ello se vacía JA. De ambos personajes, de ambos actores, extrae hasta la última gota de su jugo. Los instantes, las secuencia, las escenas, todo en lo que ellos están es mágico; tiene verdad y se clava en el corazón. Y da igual que la Weaver quizás hubiera merecido trascender a su arquetipo y haber agradecido su presencia en el cast con algo más que un puñado de instantes, esos sí, excelsos. O lo mismo da que el rol del padre o el actor que lo encarna, o quizás ambos, sean unos auténticos patanes de sonrojo. Como digo, todo ello y alguna falla más que a la cinta seguro se puede sacar, resbala al autor de “Lo imposible”, porque él está en otras cosas, las que verdaderamente a él y a nosotros nos importan. 
Además, y como explorador de nuevas rutas en los géneros, esos que como tales siempre están salpimentados de tópicos, Bayona sabe bien que debe dotar al relato de elementos que le den alas, que sorprendan al que lo visione, porque la gente se las sabe todas. Desde esa óptica, el éxito (no sin riesgos) de mezclar escenas de realidad cruda, dramática, sin trampas estéticas, con la pura fantasía a la que nos lleva la presencia mágica de un monstruo de irrealidad digital, pero con la sobrecogedora voz (vellos de punta) de Liam Neeson, o la narración bedtime stories representada con estilizadísimos dibujos animados, concibe una propuesta a la que el espectador podrá objetar otras cosas pero no la ausencia de esfuerzo e intención porque llegar a lo previsible, a lo que se sabe ocurrirá, se torne un camino sorpresivo y sorprendente.
Bayona no es Spielberg, ni lo quiere ser, aunque lo admire y muchos se empeñen en compararlos. Su cine no posee marcados tics, ni la pluscuamperfección que emana de la gracia de un Dios; ni es, seamos claros, tan manipulador (aunque sea, de nuevo, en el mejor sentido). JA es un contador nato de historias, al que le importa más que emocionarte con ellas, hacer que discurras sobre el porqué te has emocionado y de qué manera.


NOTA: 9/10

TÍTULO ORIGINAL: A Monster Calls

sábado, 9 de abril de 2016

"JULIETA": Todo sobre mi hija

Me fascinan los grandes creadores en su etapa de madurez. Esa que llega posterior a las obras maestras, a los grandes éxitos. Cuando el trabajo se vuelve más personal, auténtico. Quizás hablo, en el caso del cine, de películas imperfectas, lejos de la redondez de aquellas con las que llegó la consagración, el premio, el reconocimiento universal. Pero son filmes que atesoran instantes, detalles, y un modo de contar las cosas que viene de vuelta; que sale de hacer aún más si cabe lo que realmente quieres, porque ya está todo demostrado. Un modo, en suma, auténtico y más de genio. 


Con “Julieta” creo que Pedro ha alcanzado ese momento dulce que, personalmente, siempre es el que más me interesa. Su última realización está alejada de prodigios intachables como “Todo sobre mi madre” (quizás su mejor película), y se sitúa más próxima a “La flor de mi secreto” (una de mis favoritas). Como en ésta última, los riesgos que siempre asume el manchego en cada cinta, no están en las extravagancias, en los retruécanos narrativos, sino en la autocontención más consciente y que en “Julieta” se me antoja extramísima. 

Cierto es que en élla se detectan también los tics identitarios del clásico Almodovar. El exquisito gusto por la puesta en escena, con esa plasticidad cromática, geométrica y ese gusto por el glamour kitch. Los looks personalísimos en los estilismos de sus protagonistas. El cameo cuasi cómico, con chiste privado. Y las influencias del drama y del melodrama clásico yanqui. O la confesable admiración por grandes como autores como Sirk o Hitchcock, en lo narrativo, en lo estético. Y claro, esa propensión a la teatralidad que convierte su particular universo en algo irreal.

Almodovar dirige a Adriana Ugarte 

Todo esto está en “Julieta”, faltaría más. Pero su uso no es desbocado, ni profuso. Es sutil, refrenado, incluso por momentos hasta en demasía, lo que a veces puede ocasionar una sensación de frialdad o de ausencia de lógica o explicación en reacciones, acciones y comportamientos de los personajes. 

Pero aquí esa contención es deliberada, buscada, en un intento de ser la película en la que decide probarse a sí mismo cuanto es capaz de desnudar el dolor, la culpa, la fatalidad, la madurez y los efectos del paso del tiempo. 

El viaje ha sido, según el propio Pedro, el más difícil, en lo personal. El que más entrañas ha destapado. El resultado refleja ese parto traumático y no es equilibrado, adolece muy probablemente de las irregularidades que sus detractores se apresuran a remarcar. Pero el autor de “Volver” posee esa sensibilidad, ese modo de fabricar imágenes, esa capacidad para diseccionar sentimientos, para descubrir el ánima del ser humano, que, los aciertos se sobreponen a los errores embebiendo al final al espectador, al que consigue, en un puñado de excepcionales momentos, hacer sentir lo que los actores acaban por vivir, sobre todo cuando consigue que trasciendan lo, a priori, siempre impostado de sus personajes.


NOTA: 8/10

TÍTULO ORIGINAL: "Julieta"


viernes, 5 de febrero de 2016

"EL RENACIDO (The Revenant)": La machada de Iñárritu

Probablemente, a Iñárritu, como buen mejicano, le van las machadas. Y “El renacido” lo es. Como lo fueron “21 gramos”, “Babel” o “Birdman”, filmes que no se contentaban con contar historias convencionales, de modo tradicional. No. A este tipo le va eso de retorcer los esquemas narrativos, llevar sus actores al límite y crear personales maneras de contar historias. 


Ya, el fulano está engolado, y más desde su oscar por la peli con Keaton. Es ambicioso, y parece que en cada proyecto que acomete esta creando una Mona Lisa. Pero... ¡qué diablos! no tengo narices de criticar en esto del cine (y en la vida, en general) a quien piensa que no hay reto grande, sino ambición pequeña. 

No se cual será la próxima, pero, de momento eso, de irse al quinto pino, donde solo hay nieve, frío y la nada, a recrear el infierno survival que revive el filme en los huesos maltrechos de los actores de su casting, mega-star hollywoodiense incluida, me hace alabarle el gusto, D. Alejandro, al recordarme los tiempos en los que el cine veía a genios como Coppola mirar de frente a la locura, en todos los sentidos, con aventuras fílmicas de magnitudes como “Apocalypse Now”.

Iñárritu dirige a Di Caprio

Caído en desgracia Mel Gibson, a quién, como director y actor, el proyecto le hubiera venido hace unos años de perilla, quizás se usted el tipo con más redaños para esta reversión de la historia del trampero Hugh Glass, que ya llevaran en los 70 dos Richard a la gran pantalla: Richard C. Sarafian como realizador, y Harris, como protagonista.

Pero al final, machadas aparte, el asunto se viene a resumir en si ha merecido o no la pena tanta proeza. La respuesta aquí es, sí, rotundamente. 

Así, lo primero que sobrecoge del filme es su brutalísima puesta en imágenes, con una planificación, dirección y retrato de paisajes y sensaciones, por parte de Emmanuel Lubezki, como diría el torero im-presionante. Filmada con luz natural, casi siempre a la hora bruja, esa que es puente entre el día y la noche, a modo de metáfora del limbo vital en que se encuentra el protagonista, entre la vida y la muerte; lo de este fotógrafo, es además una aventura retratista de puntos de vista sobrecogedores en condiciones extremas. Me remito a secuencias como la magistral del ataque inicial.

El otro gran hito que pasma del filme es el auténtico tour de force contra sí mismo y la Naturaleza más agreste y despiadada que sufre Leonardo Di Caprio, y del que sale victorioso y de qué manera. Leo, has tenido papeles actorales mejores, pero si no te dan el oscar aquí como desagravio por el derroche de fisicidad del que haces gala, chico, olvídate. Realmente, la industria te detesta más que John Fitzgerald en el filme.
Lubezki, el Dios de la luz

Me gustan además muchas ideas que tiene la cinta, como por ejemplo, el retrato primitivo, despiadado, cruel y desmitificador de la forja del Nuevo Mundo. O como la película gira en torno a la idea de los padres y los hijos, que hacer por ellos o a consecuencia de lo que a ellos les pasa, como motor elemental del comportamiento humano (y animal).

Solo afeo del filme, algunas suspensiones de la incredulidad en la supervivencia y mejora física del trampero protagónico; como éste no es asesinado en un instante casi inicial de la cinta (aunque de ser así, hubiéramos jodido el invento); o como se resuelve el enfrentamiento final conceptualmente (con unas trascendencias espirituales casi fuera de lugar) y desde el punto de vista de la planificación del duelo, con acciones mal coreografiadas y hasta imposibles si comparamos los cuerpos de Tom Hardy y Di Caprio. 

Los homenajes (y algo más) a Tarkovski

Pero es pecata minuta ante la experiencia cinéfila, absorbente, nada pesada, pese al metraje y gloriosamente homenajeadora (y hasta algo más) del gran maestro Andrei Tarkovski. Eso sí, claro, de obligado visionado en pantalla grande, que digo grande, enorme güey.


NOTA: 9/10

TÍTULO ORIGINAL: The Revenat

sábado, 9 de enero de 2016

"STEVE JOBS": Sorkin, sí; Boyle, no

“Steve Jobs” no es “La Red Social”. En ésta última, a los que agoraban de ella mil cosas (entre otras, ser una película oportunista) Fincher respondió con oficio calculado, facturando un filme que tenía el tempo que añoraba J. K. Simons en “Whiplash”, ese que maridaba con el guión de Sorkin en envidiable simbiosis.

Pero Danny Boyle no es David Fincher. Es un tipo mucho más efectista, tramposo y falto de equilibrio. De ahí que la puesta en imágenes típica en su cine sea mucho menos sutil, más plástica y, en muchos momentos, deliberada y erróneamente protagonista.
Su abanico de trucos estético pueden ser útiles, cuando se trata de sumergirse en el subconsciente enganchado de un yonki (“Trainspotting”); o, cuando hay que distraer al público evadiendolo del único lugar en el que transcurre una historia (“127 horas”). Pero cuando hablamos de una cinta en la que “el cómo se cuenta” debe ceder su sitio a “lo que se cuenta”, los aspavientos narrativos están de más. 

Winslet, espectacular en el filme, junto a Fassbender

Así, los cambios de grano en la película, según pasan los tres actos, o la sobreimpresión de imágenes, pueden resultar recursos curiosones, pero el exceso de protagonismo estético puede llegar a lo grotesco (esos planos holandeses...) y hundir la función en momentos clave, como aquí ocurre (ejemplo, la escena de la reunión del despido).
Boyle, definitivamente, no es realizador para un filme guionizado por Sorkin. Le falta ubicación, perspectiva. Añadamos a ello, que aquí se le adivina incluso escasez de ganas, al ser un producto de mero encargo.
Los trabajos del creador de “The Newsroom” son de por sí un tour de force. Un ejercicio de movilidad verbal, física y conceptual. Que precisan de la atención del espectador, que no puede distraerse con nada, si pretende embeberse de todo lo que se le está contando. Así lo han entendido, además de Fincher, gente como, por ejemplo, Rob Reiner (“Algunos hombres buenos” y “El Presidente y Miss Wade”, filme germen de la mítica “El Ala Oeste de la Casa Blanca”), cuyos trabajos de realización han sabido situarse en un plano de ejemplar sencillez, que no simpleza, a la hora de poner en imágenes los textos de este guionista privilegiado. 

Boyle y Sorkin, agua y aceite

Y sí, el libreto de “Steve Jobs” no es perfecto. Claro que no lo es. Y está lejos de poseer el calado de otras obras de su autor. Pero, no perdamos, de nuevo, perspectiva. Probablemente, partir de una biografía autorizada como es el caso, no da mucha chance a ponerse incisivo, polémico o destapador de vergüenzas (aunque algunas, o varias, se expongan). Quizás aquí la virtud hay que buscarla en conseguir colar los dos primeros actos, estupendos, antes de rendirse al empachoso buenismo salvífico del tercero.


NOTA: 6/10

TÍTULO ORIGINAL: "Steve Jobs"

viernes, 11 de diciembre de 2015

"LA NOVIA": Otro Lorca es posible

Si a estas alturas decides adaptar un Lorca, tienes que saltar al vacío. Sin mirar, sin red. Y luego abrir los ojos y comprobar si te aplauden o abuchean la pirueta. No hay medias tintas. A la manera torera, puerta grande o muerte. 

Eso hace Paula Ortiz en “La Novia”. Saltar y montar “Bodas de Sangre”, ortodoxa respecto al texto del poeta, pero heterodoxa en el imaginario de paisajes y figuras. Filmada con un lirismo arrebatado, deudor de la poesía del maestro, Los Monegros y La Capadocia sirven de set yermo, terroso, en ruinas, para este drama genital, devorado de pasión, negro, brujo, atávico, y exhibido adrede como atemporal, como son los instintos básicos del ser humano. 


Pero es nuevo a los ojos, y a los oídos. Cantes que van de "La Tarara" al “Take this Waltz” de Leonard Coen, embrocan ideales con una puesta en escena alambicada de recursos fílmicos, puestos al servicio de contar otra vez lo de siempre de modo pasmoso. Y moderno, dentro del machismo que se pueda presumir intrínseco a la obra lorquiana. Una película de mujeres, con mujeres de rompe y rasga. Y de hombres, intencionadamente arquetipos, que no van más allá de ser desencadenantes de todo lo que ellas hacen y les pasa.

Paula Ortiz dirigiendo a sus actrices

Y está, además, en cierto modo, un gusto por el preciosismo casi de filme oriental (no en vano parte del soundtrack es del japones Shigeru Umebayashi). Y, claro, interpretaciones sobrecogedoras, como las que nos obsequian Inma Cuesta y Luisa Gavasa de los dos personajes a los que la película se entrega: la novia y la madre.

Definitivamente, Paula Ortiz saltó al vacío y cayó de pie. Y ahora solo escucha aplausos.


NOTA: 9/10

sábado, 31 de octubre de 2015

"LA VERDAD": Soy mas de Will MacAvoy

La verdad es que, visto el cine periodístico moderno que va desde la refundacional “Todos los hombres del Presidente” hasta la inobjetable “Buenas Noches y Buena Suerte”, se antoja pobre la aportación del debutante James Vanderbilt al género. Un director, por otro lado, del montón, cuya realización está lastrada a partes iguales por la ingenuidad y una monotonía aletargante. La maldad aquí me sugiere apuntar a los seguros consejos mangoneantes de ese bueno para nada que es Brett Ratner, productor del filme. 
La verdad es que no veo por ningún lado lo de meter en quiniela de los oscar a un título del que solo destacaría, la efectiva labor de secundarios como Dennis Quaid o Stacey Keach, que, sin descubrir la pólvora, se me antojan mucho más veraces que una sobreactuada reina del mambo Cate Blanchet, a cuya actriz y personaje tributa la cinta una pedante declaración de amor (libro obliga); o que un Robert “Chucky” Redford cada vez más momificado e inerte, a punto del envenenamiento masivo por botox. 

Blanchet y Redford

La verdad es que me cargan esos momentos fotográficos que parecen estar retratando a Dios “Rather” en la Tierra. Me indigesta el score imitador de rimbombancias quieronopuedista de Brian Tyler. Me amodorra la narrativa tediosa de su primer acto. Y, en suma, me decepciona una película que aspira a trascender y que acaba dejando una huella en el cine periodístico similar a la de “Íntimo y Personal”, curiosamente también con el abuelo Redford. 
La verdad es que, tras ver “The Newsroom”, específicamente su segundo temporada, confieso que dentro de su imperfección y desequilibrio, se me antoja que Sorkin ya diseccionó casi el mismo argumento con más aristas y brillantez. Y, sí, soy más de Will MacAvoy.
La verdad es que, tras olvidar “La verdad”, me entrarán ganas de revisar, además de las que apuntaba al comienzo, otros títulos más o menos tangenciales a éste que si recuerdo: “El Dilema”, “El político”, “El cuarto poder”, “El candidato”, “Network, un mundo implacable”, “Candidata al poder”, “La gran estafa” o “El precio de la verdad”…


NOTA: 5/10

TÍTULO ORIGINAL: Truth

sábado, 1 de noviembre de 2014

"CAMINANDO ENTRE LAS TUMBAS": Una pequeña perla del noir detectivesco

“Caminando entre las tumbas” es una pequeña perla del género, en serio peligro de pasar desapercibida. La culpa dicen la tiene adolecer de un argumento que obre malabarismos narrativos. Tampoco posee giros de pasmar a la platea. Pero, quien sepa trascender a esos nimios inconvenientes, descubrirá que todo lo demás en ella está milimétricamente orquestado para hacer las delicias de cualquier amante del noir detectivesco, que se precie de serlo. 


La caligrafía psicológica del personaje protagónico es tan portentosa como clásica. Descansa sobre las particulares hechuras un Liam Neeson formidable. Y su arco evolutivo está certeramente descrito, desde el expeditivo arranque de la cinta, puro western, hasta el plano final que contempla el rostro del (anti)héroe, ajado por lo vivido: lo de ahora, lo de antes y lo de siempre. 

                       La fotografía es excepcional, ejemplo de aprovechamiento de la profundidad de campo

Pero no solo la talla (en todos los sentidos) de Neeson inunda la pantalla. También lo hace un exquisito empleo de la fotografía, brillante en sus insondables oscuridades; milimétrica, en la composición de planos; multidimensional, en los usos de la profundidad de campo.

Y encima, deambulan por el metraje tipos tan siempre inquietantes como Ólafur Darri Ólafsson. Y otros, tan insólitamente, turbadores como el televisivo David Harbour, perfectísimo aquí. Ni siquiera me molesta, como debería, el crío que hace las veces de escudero iniciático del protagonista.

Otro plano de composición impecable

Dios bendiga a quienes aún pagan porque gente como Scott Frank (del que ya me gustó “The Lookout”, además de muchos de sus guiones para filmes muy conocidos) escriban y dirijan trabajos como éste. Por cierto, en esas lides, algún día alguien debería reconocer la labor como productor de Danny DeVito. 

Si pese a lo dicho, no terminé de expresarme lo lacónico que cualquier epitafio exige, os diré, en resumidas cuentas, que “Caminando entre las tumbas” es una de esas pelis que Clint Eastwood bien podría haber protagonizado y dirigido hace unos años. Con eso quizás debí empezar y hubiera bastando.


NOTA: 7/10

TÍTULO ORIGINAL: "A Walk Among The Tombstones"

sábado, 11 de octubre de 2014

"PERDIDA": El asombroso David Fincher

Las preguntas que el personaje de Ben Affleck se hace en la escena que arranca y concluye “Perdida”, bien podría contestárselas Danny De Vito, recomendándole que viese el supremo plano final de su película “La Guerra de los Rose”, ese en el que la Turner y Michael Douglas terminan sepultados por la lámpara de araña después de repartirse estopa hasta el ultimísimo instante de aquel lisérgico filme.

Y es que no son pocas las concomitancias que comparten ambas películas. La primera, que desde hace los veinticinco años que separan ambos estrenos, no había visto una disección tan vitriólica y mala babera de la desintegración de un matrimonio. O de cómo el amor puede mutar en odio y éste llegar a todos sus psicóticos extremos. 




Por primera vez esa sonrisa de Affleck es exigencia de guión


También las dos cintas jugaban a ser caramelos envenenados, y bajo las pieles, a ratos del drama, la comedia y, claro, el thriller, el lobo se ocultaba en hechuras del cordero, pareciendo lo que no era; cuando en el fondo más oscuro, retorcido e insano, ambas disparaban a matar, aviesas, a todo atisbo de poesía y romanticismo, interesadas en demostrar que la vida idílica en pareja es tan antinatural como imposible, dadas las naturalezas intrínsecas de los hombres y las mujeres. 
No obstante, ahí podrían concluir las similitudes, pues, en su propuesta fílmica, las dos producciones discurren por derroteros muy diferentes. Obviamente, Fincher es un cineasta con personalidad propia. Probablemente, uno de los pocos autores del mainstream que sabe preservar sus esencias e imponerlas a quién sea, de modo que incluso sus proyectos menos afortunados, son piezas coherentes con el resto y con el propio discurso que el total de su obra está conformando casi desde el comienzo. 

Fincher dirigiendo

Así, en “Perdida” está el salto al vacío de “Alien 3”, el efectismo de “Seven”, el desasosiego de “The Game”, la audacia de “El club de la lucha”, los convencionalismos de “La habitación del pánico” o “Millenium”, la presuntuosidad de “Zodiac” y "El extraño caso de Benjamin Button", y la maestría de “La red social”. 
Pero sobre todo, lo que “Perdida” supone es la consagración de este tipo como gran contador de historias retadoras, que es a la postre por lo que debe medirse a un cineasta. Resulta extraordinariamente complicado enfrentarse a un relato como el que propone este filme, con sus idas y venidas, golpes de efecto, cargas de profundidad y afanes por no dejar puntada sin hilo, de modo que te lo zampes sin pestañear una sola vez en sus 149 minutos. En el envite, lógicamente, ha jugado un rol definitivo la filigrana guionística que Gillian Flynn ha realizado con su propia novela. Pero el asunto hay que ponerlo en pantalla, en las fisicidades de un casting protagónico no especialmente cualificado a priori. Y construir además un entretenimiento sin fisuras, destinado a ser evento cinematográfico y comidilla de tertulias cinéfilas. 

Rosamunde Pike, la asombrosa Amy

J. A. Bayona decía en un tuit que Fincher era el heredero del cine setentero de Lumet, Pollack y Pakula. No puedo estar más de acuerdo. Contadores de historias complejas, poliédricas, incómodas, con morales que se pasean por filos cortantes, ahondadores de las naturalezas humanas, autores de pulso firme y paridores, en fin, de productos con poso, adultos, de los que ya no quedan en este mundo cada vez más políticamente correcto, conquistado por la mojigatería made in Walt Disney.


NOTA: 9/10

TÍTULO ORIGINAL: Gone Girl

viernes, 28 de febrero de 2014

"MONUMENTS MEN": Los 7 de Clooney


A Clooney le pirra el cine clásico. El de siempre. Otra cosa es que le salga bien homenajearlo. A “Ella es el partido” me remito. “Monuments men” es un tributo a “Los siete magníficos”, “Doce del patíbulo”, “Los violentos de Kelly”… 

Pero es un tipo que también disfruta con el netamente evasivo. No es ilógico así que aquí se aprecien, igualmente, referencias a “Space Cowboys”, la saga de “Ocean´s Eleven” que el mismo protagonizara, “Armagedon”, o, a títulos ya más anejos al momento histórico que retrata, como la peli nazi de Tarantino, “Malditos Bastardos”.
El problema está, cuando mezclas todo este batiburrillo referencial, le agregas unas notas de trascendencia a lo “Salvar al soldado Ryan” o “El tren” de Frankenheimer, y pretendes que el conjunto te cuadre. Si lo consigues, tocas la gloria, te llueven los oscar y te consagras como cineasta a reverenciar. Si no, te queda una peli que pretende abarcar demasiado y termina apretando poco, más bien lo justo para entretener.

Los auténticos Monuments Men

Con el casting del filme y su primera media hora de brillante presentación de personajes, la cinta debiera haber tirado por derroteros más ligeros, enfatizando su dimensión de filme netamente de aventuras, de relato de camaradería en el frente, todo eso que evoca la fantástica banda sonora del últimamente omnipresente Alexander Desplat.

Pero, ya sea por ser políticamente correcto, pretencioso, estar demasiado apegado a los hechos históricos (o el libro que los cuenta) o la mera incapacidad de encontrar el tono adecuado, echo a faltar (y esto ya no es sólo una cuestión de dirección, sino también de libreto) elementos tan imprescindibles del género como que el plan, la hazaña, la misión me enganche. (y esto es demérito además de la dirección, del libreto) No existe tensión dramática, suspense. Sé qué va a ocurrir y cómo. 


Y a ello no contribuye la infrautilización que se hace de las enormes presencias que jalonan el elenco actoral, pues las parejas que se conforman al socaire del discurrir del argumento tienen una química tan impostada como las de estrellas que ofician de presentadores en cualquier ceremonia de premios. 

Dicen que Clooney hace una mala y una buena. “Monuments Men”, no es el anticristo que se pregonó en el Festival de Berlin, pero sí que hace desear que se cumpla el dicho y que la próxima sea tan redonda como “Los idus de marzo” o la inmejorable “Buenas noches y buena suerte”.

by Harry Callahan

NOTA: 5/10

TÍTULO: Monuments Men

viernes, 17 de enero de 2014

"EL LOBO DE WALL STREET": Sexo, drogas y ... dinero


“El lobo de Wall Street” es una película definitivamente machista, misógina, larga, muy larga y que, pese a sus tres horas, no explica bien en que consistieron las estafas que perpetró su protagonista. Como tampoco presta mucha atención a cómo la Justicia le echa el guante. Está llena de excesos, de dislates y de glorificación de los mismos. Es hasta inmoral dicen algunos. Pero, amigos míos, pese a todo, es una auténtica gozada.
La clave, el tipo que la dirige. Un setentón que filma con el nervio de un niñato que sabe de cine lo que nadie conseguiría aprender en varias vidas. Martín Scorsese, un autor con todas las letras que sabe exprimir hasta la última gota los recursos que el lenguaje fílmico pone a su disposición, para parir espectáculos como esta hagiografía descarada de un jodido pecador. Un putero, avaricioso, egoísta, drogadicto y delincuente que encarna en sí la quinta esencia de virtudes del capitalismo más depredador.
No es un secreto la fascinación que siente el realizador de Queens por los fuera de la Ley. Los que hacen lo que les da la gana, da igual a costa de qué o de quién. Los que desprecian las reglas. Los que se mofan de ellas. Al bueno de Martín le encanta contar su auge y caída. De hecho, este filme no es más que una relectura de “Uno de los nuestros”, con gangsters de cuello blanco. El personaje de Di Caprio es una especia de sosias del que encarnase Ray Liotta. Sus trayectorias van paralelas, aunque sus universos son muy diferentes.



Scorsese dirigiendo a sus actores

Y sí, hay algo de moraleja. Soltada con muy mala baba y amargura. El epílogo de la cinta es buen ejemplo. Pero se me antoja una imposición para que no te pongan la cara colorada. Pues con lo que se lo ha pasado pipa el realizador de “Casino” es contando el lado más pecaminoso y tentador del sueño americano: el salvaje, el orgiástico, el que no tiene límites, el que hace salivar incluso al más virtuoso, ese que apela a las más bajas pasiones humanas.
Y es que, en realidad, “El lobo de Wall Street” por mucha sesuda metalectura trascendental que se quiera hacer, por mucha disección sociológica y retrato histórico que se le quiera atribuir, por muy cojonudamente dirigida, interpretada y filmada que esté, no es más que un muy disfrutable desparrame, el velado capricho de alguien a quien nunca llamarían para hacer una de juergas, colegas y despelotes pero que en el fondo, muy en el fondo, se moría por hacer.

By Harry Callahan

NOTA: 8/10

TÍTULO ORIGINAL: "The Wolf of Wall Street"
WEB OFICIAL:http://ellobodewallstreetes.tumblr.com/
TRAILER: http://www.sensacine.com/peliculas/pelicula-127524/trailer-19537104/
DATOS ADICIONALES: http://www.imdb.com/title/tt0993846/
 

viernes, 3 de enero de 2014

"LA VIDA SECRETA DE WALTER MITTY (2013)": La nueva Forrest Gump...


Ben Stiller me gana cuando se le ocurren pelis tan vitriólicas como “Tropic Thunder: ¡Una guerra muy perra!” o “Zoolander”, en las que desaparrama toda su vis cómica cultivada con mordacidad inclemente en el mítico Saturday Night Live.
Le soporto lo justito, cuando va de tontolaba judío, acomplejado, buenista, gafe, cachondeable, un personaje en el que viene repitiéndose como el ajo desde que los Farrelli le descubrieron al mundo, con “Algo pasa con Mary” (Los Farrelli, recordáis, aquellos del caca, culo, pedo, pis que tanto hicieron por la comedia moderna americana…)
Regreso, que me disperso, como siempre… Finalmente, no le trago cuando juega a eso que tanto obsesiona a los encasillados, cambiar de registro. Esto ocurre con “La vida secreta de Walter Mitty”, una versión pretenciosa made in Hollywood de un libro de autoayuda a lo Paulo Coelho.
Y si insufrible es el pseudogurú brasileiro, más aún lo es esta reinterpretación de sus postulados, corregidos y “mejorados”, que se resumen en que o te conviertes en un tío guay por huevos, o ya te pueden ir dando dos duros. Puro American Way of Life…
No obstante, toda esta filosofía de revista de sala de espera de dentista me resbala notoriamente. Cada cual, puede contar en su peli lo que quiera, si lo cree. Hasta ahí podríamos llegar. Otra cosa es que, me la vendan como muchas cosas que no es, entre ellas, la nueva “Forrest Gump”. Y por ahí sí que no paso, amigo mío. 



Ben Stiller dirigiéndose

A quién se le ocurriese la comparativa, unas preguntitas: ¿Este más carapalo que nunca Ben Stiller en que se parece a Tom Hanks, actoralmente, digo? Sus personajes, aparte de salir puntualmente corriendo en sendos instantes de ambas cintas, ¿en que más se asimilan? ¿Es Kristen Wiig la nueva Robin Wright y yo no me he enterado? ¿Shirley MacLaine o Sean Penn están tan fantásticos como Sally Field o Gary Sinise? ¿El score de Theodore Shapiro es siquiera mencionable en el mismo párrafo en el que me refiera, tras hacer varias genuflexiones, al clasicazo de Alan Silvestri? ¿La incrustación de textos a lo Isabel Coixet es comparable a la audacia y la revolución visual que obró en su día Zemeckis? Y lo más importante, este anuncio de Visit Islandia ¿es capaz de tocarte el corazón con una milésima parte de la emotividad con la que lo hacía la que guionizara impecablemente Eric Roth? 



El mejor momento del filme, gracias a David Bowie

Cuando me pongo criticón me canso mucho, por eso no voy a perder más el tiempo rebatiendo otras comparaciones con cintas con las que Stiller aspira a ser referenciado: “El Rey Pescador”, “La vida de Pi”, “El Show de Truman”… ¡¡¡¡“Que bello es vivir”!!!! Lo siento pero me da la risa tonta. Chica es la desvergüenza y la presuntuosidad de este ¿remake? que, afortunadamente, nada tiene que ver con el original que deliciosamente interpretase Danny Kaye.


By Harry Callahan

NOTA: 4/10

ESCUCHA ESTA CRÍTICA EN PODCAST: https://dl.dropboxusercontent.com/u/224337446/criticaLaVidaScretaDeWalterMitty.mp3

TÍTULO ORIGINAL: "The Secret Life of Walter Mitty"
TRAILER: http://www.sensacine.com/peliculas/pelicula-206710/trailer-19535168/
WEB OFICIAL: http://www.lavidasecretadewaltermitty.es/
DATOS ADICIONALES: http://www.imdb.com/title/tt0359950/
SOBRE LA MÚSICA DEL PODCAST: http://ccmixter.org/files/The3amAssociation/20008  http://www.jamendo.com/es/track/894992/tokyo-lights

lunes, 23 de diciembre de 2013

"DOCE AÑOS DE ESCLAVITUD": ¿La nueva Lista de Schindler?

Rodar una película sobre el esclavismo americano tiene concomitancias respecto de hacer lo propio con el Holocausto nazi. ¿Qué más se puede filmar que no se haya hecho ya? Por eso, el matiz está en el punto de vista, en el modo de aproximarse a los hechos y narrarlos. Y ahí reside el valor añadido de cineastas como Steve McQueen o Steven Spielberg. Ambos, además de coincidir casi en el nombre, tienen en común haber realizado quizás los filmes definitivos sobre estas dos ignominias históricas. Pero son también autores radicalmente diferentes. 

Aun marcando “La lista de Schindler” un antes y un después en el modo de hacer cine del director de “Munich”, convirtiéndose éste más adulto y ambicioso por ser cronista amargo de determinados episodios históricos, con todo, su ADN seguía ahí. Y si hay algo que Spielberg utiliza magistralmente, también en aquella cinta, es la manipulación del espectador. Todos los recursos audiovisuales que emplea se conducen siempre a eso, a embaucarlo y hacer aflorar emociones, cuanto más exacerbadas, mejor. Y que no se me malinterprete, este modo de concebir un filme no es necesariamente malo, ni bueno, tampoco. Es, sencillamente, una manera de hacer películas, que se remató en aquella ocasión en obra maestra, sin paliativos, ratificada además por siete premios oscar.

McQueen dirige a Chiwetel Ejiofor

En “12 años de esclavitud” encontramos un cineasta opuesto por el vértice al realizador de “E.T.”. McQueen utilizará todo su arsenal cinematográfico para ofrecernos un punto de vista naturalista, seco, adusto, directo, sin regodeos, sin reiteraciones, sin climax in crescendo que culminan en el paroxismo. El modo de narrar de este inglés de ascendencia caribeña (y que, por tanto, sabe aquí de lo que habla) prefiere ir al grano y constituirse en Notario costumbrista y dar, sencillamente, fe de un pasado histórico tan brutal que solo de por sí, mostrado sin aditivos, ya sobrecoge al espectador.

El arranque de la película es así ejemplo de lo que digo. La plantación, el día a día, el trabajo de los esclavos. Una cámara que avanza, subjetiva, entre las cañas de azúcar hasta descubrirles en el tajo. En pocos planos voyeurs, casi documentales, estamos en situación. La cotidianeidad en el Sur. El realizador nos ha mostrado así una declaración de intenciones que no abandonará ni siquiera cuando aborde la resolución de la historia y como esta se desencadena y concluye: sin aspavientos, sin machaques, sin manejos.

Lupita Nyong´o, actriz revelación

Allí donde Williams y Perlman nos conmovían el alma de continuo con un violín de emotividad inusitada; aquí mi casi siempre odiado Zimmer acierta al insertar eventualmente anacrónicos elementos como la guitarra eléctrica en un score autoreferencial de otros como el de “Origen”, sí, pero en nada sensiblero ni conmovedor.
Allí donde, por ejemplo, la fotografía de Janusz Kaminski era preciosista, filtrada, y proponía de salida una adulteración del objeto de filmación, optando por un dramático blanco y negro predisponente a empatizar con el drama; aquí Sean Bobbitt prescinde de aditamentos y artificios, se vuelca en el retrato fiel con un menos obvio pero exquisitísimo tratamiento de la luz, respetándola en cada momento, adaptándose a su cantidad y condiciones, incluso cuando estas son prácticamente inexistentes. Ya, pero en “12 años de esclavitud” hay preciosas imágenes ¿no? Claro, por supuesto, pero es culpa del Sur que su Naturaleza sea de exultante belleza, no del fotógrafo que sí que es bendito reo confeso de contrastarla proverbialmente con el horror con el que el hombre la salpica y emponzoña.

Fassbender, el Amon Goeth del filme

Y es que en algo coinciden los dos filmes: en proponernos un horror insondable, cotidiano, aceptado, instituido, que rodea e inunda, frente al que se permanece impávido en el mejor de los supuestos, se hace negocio, o saca de las entrañas del ser humano toda su vileza. En este último caso, incluso ambas cintas tienen personajes miméticos que lo muestran descarnadamente. El Amon Goethe de Ralph Fiennes y su relación con la judía Helen, y ahora el Edwin Epps de Michael Fassbender, con sus muy similares tratos a y con la esclava Patsey. 
Curioso que, precisamente ahora que se cumplen veinte años del estreno de “La Lista de Schindler”, un filme de pretensiones y resultados exitosos parecidos, nos la vuelva a traer a colación, aunque solo sea para establecer paralelismos y comparaciones que no tienen porqué ser, como decía al comienzo, necesariamente odiosas.

By Harry Callahan

NOTA: 9/10

TITULO ORIGINAL: "12 Years A Slave"

martes, 19 de marzo de 2013

"EL CHICO DEL PERIÓDICO": Zafiedad y efectismo made in Daniels

Probablemente, en “Precious”, la anterior película de Lee Daniels, la historia estaba por encima de su puesta en escena. Y ni la torpeza de su director al ponerla tan rudimentariamente en imágenes, conseguía matar su espíritu. En “El chico del periódico” el asunto es bien distinto y en esta sí que podemos felicitar al realizador de Filadelfia porque lo ha logrado. Ha convertido la curiosa novela en que se basa (y que muy a punto estuvo de rodar Almodóvar) en un ejercicio fílmico completamente errático, que colisiona traumáticamente géneros y que trata de ser muchas cosas para, al final, no lograr nada. 
Ya no es sólo el estilo escatológico feísta de su autor el que molesta, sino su preocupación por el efectismo carente de fondo, que aquí se propone enarbolando el sexo y la violencia como ardides que apelan a los instintos básicos del espectador a la hora conseguir atarle a la butaca y que se trague todo lo demás que Daniels le propone y que es, sencillamente, incomestible. 
Se me antoja harto complicado sacar en un film a Nicole Kidman carente de todo glamour. Pues aquí de nuevo el autor de “Shadowboxer” vuelve a batir records. Es difícil imaginarla tan chabacana como luce en esta película. Y no sólo porque su personaje tenga un punto de milf ordinaria con sexualidad barriobajera, sino porque Daniels la hace transitar por situaciones interpretativas que basculan entre el ridículo y la vergüenza ajena (las secuencias de la micción y la masturbación son, directamente, de cárcel sin posibilidad de indulto). 


Claro que el capítulo actoral entero es de nota. Tanto en la ideación de los personajes, como el modo en que estos se encarnan en el celuloide, merecen toda clase de chuscos calificativos que siendo condescendientes podemos resumir en: imposibles, excesivos e inverosímiles. McConaughey y Cusack, no obstante, bien pueden respirar tranquilos, pues ya han hecho esa “la peor película” que todo actor acaba llevando en su filmografía. 
En resumen, que “El chico del periódico” es solo recomendable para quienes, inexplicablemente, gocen con frenesí viendo a Zac Efron en calzoncillos, pues se van, incluso, a hartar. Disculpad la zafiedad de esta crítica, pero todo lo malo se pega.

by Harry Callahan

NOTA:1/10

WEB OFICIAL Y TRAILER: http://thepaperboy-movie.com/

viernes, 15 de marzo de 2013

"ANNA KARENINA (2012)": Deconstruyendo a Tolstói

En Joe Wright se dan dos claras constantes. De un lado, su afición por la reinterpretación de las historias de urdimbre clásica (“Expiación” y “Orgullo y Prejuicio”); y de otro lado, una clara apuesta por dimensionar estéticamente sus obras con exquisitez (“Hanna”). Llevando al paroxismo ambas filias, el realizador inglés nos propone una deconstrucción de la Anna Karenina de León Tolstói que, de entrada, tiene mi aplauso, si bien con una clara objeción. 

Soy de los que afirman, a boca llena, que el cine debe ser un ejercicio de estilo, una creación con huella. Y ésta, indiscutiblemente, lo es. Amparada en un guión audaz, esta transversal versión de “Anna Karenina” es una apuesta fílmica arriesgada. Una reinterpretación implosiva, una sublimación de la esencia, un deliberado quebranto de la ortodoxia, por la que el espectador tiene que entrar. 

Ya desde sus comienzos, que homenajean sin disimulo el “Moulin Rouge” de Baz Lurmahn, las cartas obran sobre la mesa, en una teatralización física y simbólica del mito literario. No busquemos pues en el filme fidelidades al origen, ni respetos por las reglas narrativas del relato primigenio. La película es un salto al vacío narrativo, apoyado en una ingeniosa redefinición de los espacios, los lugares y los escenarios. Amén, de una brillante puesta en imágenes, prodigiosamente coreografiada (esos maravillosos bailes…). 

Joe Wright dando indicaciones a Kiera Nightley en el set

Hasta ahí, todo me gana. Me seducen los retos y éste lo es. El problema llega cuando los fuegos artificiales se reiteran y se avanza en el metraje, una vez que la sorpresa se ha asimilado y los recursos antes novedosos ya casi se adivinan antes de ocurrir. Ahí es donde la historia tiene que dar la cara y embargarte, quemarte por la pasión que exudan los personajes. Y esto, lamentablemente no ocurre. Y eso que el cast no es errático, con un Jude Law, por ejemplo, insólitamente excepcional. Sin embargo, la deconstrucción aquí es tanta que la película acaba convertida en una sucesión de hermosas composiciones, a las que falta hilazón contundente y ritmo empático. No obstante, alabo el gusto de quien al enfrentarse a la enésima versión de algo, antes que volverlo a trillar, da una vertiginosa vuelta de tuerca aun a riesgo de pasarse de rosca.

By Harry Callahan

NOTA: 7/10

TÍTULO ORIGINAL: "Anna Karenina"