jueves, 13 de octubre de 2016

"UN MONSTRUO VIENE A VERME": Bayona no es Spielberg

El cine de Bayona es un tren de mercancías que te pasa por encima. Te arrolla. Te deja devastado. Es inmisericorde en esto, siempre. Sus películas ajustan a la perfección en la categoría de "experiencia cinematográfica", en el mejor sentido del tópico. Y necesitan, para su análisis crítico, trascender esos instantes posteriores al visionado, en los que quedas desecho por las emociones. Son películas que hay que dormir, dejar pasar el tiempo y el espacio necesarios que diluyan las sensaciones que consiguen aflorar. 

Fuera ya de trance, reposada su tercera realización, “Un monstruo viene a verme”, este tipo se me sigue revelando como un excepcional contador de historias, además de un genial encontrador de nuevas maneras de eludir, hábilmente, lugares comunes. 
Y es que, en el aspecto narrativo, su discurso fílmico es inobjetable. Y no ya solo porque, desde el punto de vista técnico, el alumno más aventajado de la ESCAC, posee una caligrafía visual y sonora inapelable, sino porque sabe bien que el mejor modo de atrapar en una historia al espectador es a través de los personajes. Y sobre éstos bien construye firme su andamiaje narrativo. La cuidada disección expositiva del perfil psicológico de los protagonistas, la empatía de sus elementos definitorios para con el espectador y la lúcida disección de las relaciones de esos personajes con el resto de pobladores del relato y su geografía física, son las herramientas de las que se vale Bayona para que la inmersión en lo que cuenta embeba absolutamente al que se acerca a su obra. No es tan importante así lo que cuenta (que puede ser una historia mil veces vista) sino cómo se cuenta a través de los personajes que el prodigiosamente define.



En “Un monstruo viene a verme” la clave es Conor. Y su madre. Una vez más. De nuevo. Esto es lo importante, y nada más. El resto es comparsa. Aderezo. En ello se vacía JA. De ambos personajes, de ambos actores, extrae hasta la última gota de su jugo. Los instantes, las secuencia, las escenas, todo en lo que ellos están es mágico; tiene verdad y se clava en el corazón. Y da igual que la Weaver quizás hubiera merecido trascender a su arquetipo y haber agradecido su presencia en el cast con algo más que un puñado de instantes, esos sí, excelsos. O lo mismo da que el rol del padre o el actor que lo encarna, o quizás ambos, sean unos auténticos patanes de sonrojo. Como digo, todo ello y alguna falla más que a la cinta seguro se puede sacar, resbala al autor de “Lo imposible”, porque él está en otras cosas, las que verdaderamente a él y a nosotros nos importan. 
Además, y como explorador de nuevas rutas en los géneros, esos que como tales siempre están salpimentados de tópicos, Bayona sabe bien que debe dotar al relato de elementos que le den alas, que sorprendan al que lo visione, porque la gente se las sabe todas. Desde esa óptica, el éxito (no sin riesgos) de mezclar escenas de realidad cruda, dramática, sin trampas estéticas, con la pura fantasía a la que nos lleva la presencia mágica de un monstruo de irrealidad digital, pero con la sobrecogedora voz (vellos de punta) de Liam Neeson, o la narración bedtime stories representada con estilizadísimos dibujos animados, concibe una propuesta a la que el espectador podrá objetar otras cosas pero no la ausencia de esfuerzo e intención porque llegar a lo previsible, a lo que se sabe ocurrirá, se torne un camino sorpresivo y sorprendente.
Bayona no es Spielberg, ni lo quiere ser, aunque lo admire y muchos se empeñen en compararlos. Su cine no posee marcados tics, ni la pluscuamperfección que emana de la gracia de un Dios; ni es, seamos claros, tan manipulador (aunque sea, de nuevo, en el mejor sentido). JA es un contador nato de historias, al que le importa más que emocionarte con ellas, hacer que discurras sobre el porqué te has emocionado y de qué manera.


NOTA: 9/10

TÍTULO ORIGINAL: A Monster Calls

2 comentarios:

Vicente Franco dijo...

Esperaba tu crítica para ir a verla. Me asustaba la gente que salía en tv llorando despues de verla. En tu cronica no aparece sensiblona y ñoña: me animo a ir. Gracias.

Harry Callahan dijo...

Es una película extraordinaria, Vicente. No me parece para nada ñoña, ni sensiblera. Ya me contarás. Gracias por tu comentario. Saludos!