domingo, 6 de julio de 2014

"OPEN WINDOWS": No disparen a los caballos

Por fortuna, aún hay culos inquietos en esto del cine. Gente por encima de convencionalismos, e incluso, de las cortapisas que la industria pone, insólitamente, al genio creativo. Además, con sus obras dan un puñetazo en la mesa y desmienten a aquellos que dicen que todo está visto y contado. 


Aquí tenemos la fortuna de contar con una panda estos inasequibles al desaliento; que tratan, con cada filme, de dar un giro de tuerca y poner, además, cierta huella de autor. Me refiero a tipos como Eugenio Mira, Rodrigo Cortés o Nacho Vigalondo. Funambulistas que se pasean por la cuerda floja siempre de frente, sin mirar abajo, donde no suele haber red.
Me gusta eso, los riesgos, las aventuras, las provocaciones. Tanto me da que tomen sus referencias en otros malabaristas narrativos o visuales. Lo de menos es que para venderse, tiren de morbo con fichajes llamativos en los casting. Lo que me entusiasma es que me sorprendan, me descoloquen y me hagan darle vueltas a como me han tangado durante el metraje de sus obras.

Vigalondo dirije a Sasha Grey

El caso de Vigalondo es, por otra parte, siempre expectante. Un cineasta al que me gusta referirme como currista, en referencia del mítico, igualmente provocador y divisor de opiniones, Curro Romero. Sí, el torero. Y es que el de Camas era capaz de lo mejor y lo peor, sin solución de continuidad, ni media ponderada. El de Cabezón de la Sal, es también capaz de lo mejor: el único filme de viajes en el tiempo que me ha convencido por siempre jamás (“Los Cronocrímenes”); y de lo peor, que digo, pésimo, insoportable, indigerible: esa idea curiosa para un breve corto estirada cual chicle bang bang que fue “Extraterrestre”
Cuando terminé de ver ésta última, dije lo que dijo un currista tras una infausta tarde en la Maestranza a Romero, “el año que viene va a venir a verte tu puta madre… y yo”. Y cumpliendo promesas, plenamente paradójicas, irreflexivas, ahí estuve, puntual a la cita, para ver, por fin, la tan retrasada como muy apetitosa “Open Windows”.
Las expectativas se vieron superadas por un rompecabezas estético y argumental que es un verdadero jardín en el que Vigalondo se mete consciente y deliberadamente. Y del que sale a base de dominar los tiempos, la tensión narrativa y valerse de las modas tecnológicas, el vougeurismo que todos llevamos dentro y toda una espiral de más difíciles todavía.

Elijah Wood y su director

Evidentemente, la película exige saltos de fe, ir más allá de la suspensión de la credulidad. ¿Qué filme de estas características y riesgos no lo necesita? Al maestro Ford, le preguntaron una vez porqué los indios no disparaban a los caballos en “La Diligencia”. A lo que el mago del western respondió lacónico: Porqué entonces no habría película. 
Muchos dicen que aquí hay demasiados momentos en los que disparando a los caballos, la historia se habría acabado, hablan de rizos que se rizan en bucle, de cántaros, de fuentes, pero que queréis que os diga, compro “Open Windows”, como compré en su día títulos como “Gran Piano” o “Buried”. Y es que siempre me pirraré por saber hasta dónde me puede engañar, deslumbrantemente, un trilero.


NOTA: 8/10

ESCUCHA ESTA CRÍTICA EN PODCAST CON EXTRAS: https://dl.dropboxusercontent.com/u/224337446/Open%20Windows%20critica%20podcast.mp3

TÍTULO ORIGINAL: Open Windows


3 comentarios:

Santi Abad dijo...

Estoy bastante de acuerdo contigo. Se agradece tener en nuestro país mentes ingeniosas con propuestas originales que, como en este caso, te atrapan en la butaca durante todo el metraje. El problema de Vigalondo es que tanta originalidad le mete, como tu dices, en unos jardines de los que resulta muy difícil salir. Cuando consiga cerrar sus ideas tendremos obras maestras

Harry Callahan dijo...

Pues sí, Santi. Muy de acuerdo.

Harry Callahan dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.