De entrada, he de decir que me parece complicado hacer una película sobre el “Che”. Y lo es porque, merchandising camisetero aparte, Ernesto Guevara es idolatrado o vilipendiado, según quien cuente la Historia; sin que existan prácticamente los términos medios deseables en cualquiera biógrafo que desee aproximarse, con imparcialidad, a una figura tan relevante como es el caso.En estas circunstancias, es fácil caer en la mera glosa épica o en la desmitificación revanchista. Por eso, lo primero que me ha parecido interesante del film de Steven Soderberg es precisamente haber escogido un estilo pseudo documental a la hora de proponernos su particular acercamiento al “Che”. En este sentido, el principal arma narrativa empleada por el autor de “Sexo, mentiras y cintas de video” es la cotidianeidad, tanto en el idioma visual (con un uso frecuente para ello de la cámara al hombro y de los enfoques subjetivos), como en el modo de desarrollar y contar los acontecimientos que se van sucediendo en el film, siempre expuestos evitando caer en el clásico espectáculo hollywoodiense. Así, se prescinde intencionadamente de la emotividad o la poética sensiblera, lo que confiere a la película un aire objetivo que solo revela partidismo en el modo en que, de forma conjunta, nos aparece presentado el revolucionario, como muchos claros y no tantas sombras (lógico, por otra parte, al basarse la película en las memorias del propio “Che”).
Otro aspecto destacado de la cinta son las interpretaciones de su casting, en líneas generales, con especial mención de Demián Bichir, encarnando a Fidel Castro y, claro está, de Benicio del Toro, dando vida a Guevara. Y es que, pese a que el particular acento del actor puertorriqueño no sea del todo logrado (ni es argentino, ni es cubano), si que el resto de su encarnación del “Che” es casi perfecta. Y, en cualquier caso, está muy por encima de las que Omar Sharif o Paco Rabal hicieron en su día en sendas cintas sobre el mismo personaje. Del Toro ya fue premio en Cannes y a buen seguro oscar, si los prejuicios yanquis no lo impiden.
Interesante película pues en la filmografía de un realizador que se caracteriza por el riesgo en las producciones en las que realmente se involucra (“Kafka, la verdad oculta”, “Traffic” o “El buen alemán”), aunque esta opinión esté en cuarentena, a la expectativa de la segunda parte: “Che. Guerrilla” (recordemos, que el montaje final de más de 4 horas se ha fraccionado, por razones comerciales, en dos entregas). Veremos que tal se las bandea Soderberg navegando en aguas históricas más turbulentas.
By Harry Callahan
MAGNUM 44 CINE
NOTA: 7/10
TÍTULO ORIGINAL: “The Argentine”
DATOS TÉCNICOS: http://www.imdb.com/title/tt0892255/
WEB OFICIAL Y TRAILER: http://www.cheelargentino.com/















La otra teleserie que me he echado a la vista es el piloto de “Fringe”, serial que comenzará a emitirse en USA a partir de septiembre y que también me ha resultado muy flojo. Venía precedida del marchamo de calidad que supuestamente da el estar producida y escrita por J. J. Abrams (“Perdidos” o “Alias”). Sin embargo, este intento de hacer una nueva franquicia tipo “Expediente X” no funciona. Así, si bien el look de la serie es espectacular, muy cinematográfico y rodado sin escatimar en presupuesto, todo queda en fuego de artificio pues falla el fondo: lo que se cuenta y cómo se cuenta. Y es que si ya es difícil sorprender en el género de la ciencia ficción con algo nuevo tras las múltiples y variadas andanzas de Mulder y Scully, si encima, se explica todo poco, mal, con un sentido del humor que te expulsa de la trama y con frecuentes elipsis de fácil colocación para salir de cualquier situación complicada, el resultado es un nuevo fracaso en la sobrevalorada carrera del creador de la también fallida “Six Degrees”.






Pero a partir de la mitad de la cinta, coincidiendo con que la pareja protagonista pasa la noche en un motel y a Norton, curiosamente, le cortan el pelo, la cinta, como le ocurriera a Sansón tras pasar por las manos de Dalila, pierde todo su fuelle, buen hacer y virtud, para convertirse en una sucesión de obviedades, efectos especiales, y simpleza narrativa, que desembocan en una pelea final tan ruidosa como mal resuelta. Una segunda parte de filme que es larga y está cuajada de personajes con psicologías ausentes.