Tenía ganas de hincarle el diente a un par de series desde hace días y por diferentes motivos. La primera es española y se llama “LEX”. Se vendía como la vuelta de Javier Cámara a las teleseries, tras su exitoso paso por la estupenda “7 vidas”. Después de su visionado (los episodios hasta ahora emitidos), tengo definitivamente claras varias cosas. La más inmediata es que muchos actores tienen un gran papel en su carrera. El de Cámara fue claramente y hasta la fecha el personaje de Paco de la aludida “7 vidas”. Tras ella, y los diversos cambios de registros intentados en la gran pantalla en películas como “Hable con ella”, “La vida secreta de las palabras”, “Lucia y el sexo” o “La torre de Suso”, queda claro que, experimentos aparte, el actor riojano no ha conseguido cuajar una interpretación tan redonda como esa. Y tampoco lo consigue en “LEX” donde pese a estar de vuelta a la comedia, su habitat natural, ser el protagonista absoluto le sienta muy mal. Está tan histriónico como poco creíble, que es otro de los defectos de los que adolece en general la serie, pues todo parecido entre los juicios y cualquier asunto legal que en la misma se trate y la realidad es mera coincidencia. Y lo digo con conocimiento profesional de causa, aunque también entiendo que tomarse ciertas licencia americanoides con nuestro poco efectista y bastante aburrido mundo legal es hasta comprensible.Del resto del trío principal de protagonistas, destacar igualmente para mal a Santi Millán, un tipo del que llevo años preguntándome que le ven; y para bien a Nathalie Poza, la única que consigue escapar con dignidad de la quema, pese a no poder evitar recordar cuando la veo y oigo a Blanca Portillo... Decepción pues ante esta muy forzada versión a la española de productos yankis como “Boston Legal” o “Shark”.
La otra teleserie que me he echado a la vista es el piloto de “Fringe”, serial que comenzará a emitirse en USA a partir de septiembre y que también me ha resultado muy flojo. Venía precedida del marchamo de calidad que supuestamente da el estar producida y escrita por J. J. Abrams (“Perdidos” o “Alias”). Sin embargo, este intento de hacer una nueva franquicia tipo “Expediente X” no funciona. Así, si bien el look de la serie es espectacular, muy cinematográfico y rodado sin escatimar en presupuesto, todo queda en fuego de artificio pues falla el fondo: lo que se cuenta y cómo se cuenta. Y es que si ya es difícil sorprender en el género de la ciencia ficción con algo nuevo tras las múltiples y variadas andanzas de Mulder y Scully, si encima, se explica todo poco, mal, con un sentido del humor que te expulsa de la trama y con frecuentes elipsis de fácil colocación para salir de cualquier situación complicada, el resultado es un nuevo fracaso en la sobrevalorada carrera del creador de la también fallida “Six Degrees”.By Harry Callahan







Pero a partir de la mitad de la cinta, coincidiendo con que la pareja protagonista pasa la noche en un motel y a Norton, curiosamente, le cortan el pelo, la cinta, como le ocurriera a Sansón tras pasar por las manos de Dalila, pierde todo su fuelle, buen hacer y virtud, para convertirse en una sucesión de obviedades, efectos especiales, y simpleza narrativa, que desembocan en una pelea final tan ruidosa como mal resuelta. Una segunda parte de filme que es larga y está cuajada de personajes con psicologías ausentes.



Con estos antecedentes, y tras diversas dificultades para financiar su nueva película, nos llega ahora “El incidente”. De entrada, he de reconocer que en esta ocasión me resulta difícil defender a Shyamalan de ser despellejado, como viene siendo últimamente tradicional. Y es que en sus propias virtudes lleva este realizador su castigo. Y me explico. Si “El incidente” lo hubiese rodado un director novel, sería muy probablemente aplaudido, pues la cinta atesora momentos sobrecogedores, como las distintas escenas de suicidios colectivos (tanto los que se ven, como los que sólo se imaginan); un tratamiento del sonido, como es marca de la casa, ajustadísimo; un maridaje entre imagen y el score de James Newton Howard perfecto; y es intensa puntualmente en la creación del suspense y el miedo ante lo desconocido. Sin embargo, Shyamalan no es un director novel y pese a su confesada devoción por el maestro Hitchcock, se le debe exigir algo más de una suerte de versión ecológica de “Los pájaros”. Y pese a su también obvia admiración por Spielberg, se espera algo más que una mezcla entre “Encuentros en la tercera fase” y “La guerra de los mundos”.








